Aunque el presidente Andrés Manuel López Obrador calificó a la Ley SB4, impulsada por el gobernador de Texas, Greg Abbott, como "draconiana" y contraria a los derechos humanos, la realidad es que México ha firmado demasiados compromisos bilaterales en torno al tema y nos veremos en la penosa obligación de recibir miles de migrantes deportados.
Resulta que el gobernador de Texas impulsó desde el año pasado la Ley SB4, en cuyo contenido se otorga a las autoridades estatales amplios poderes para detener y expulsar a personas sospechosas de haber ingresado irregularmente a Texas. Esta legislación también contempla severas penas, incluso hasta veinte años de prisión para migrantes reincidentes.
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Y lo que sucedió es que nuestro presidente y la canciller Bárcenas aseguraron que México no aceptará deportaciones exprés e incluso instaron a nuestros paisanos a buscar protección consular, en un claro respaldo a los derechos de los migrantes.
Pero les tengo malas noticias, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés), informó en mayo de 2023 que México aceptó recibir a 30,000 migrantes de Venezuela, Cuba, Haití y Nicaragua, por mes, ante el levantamiento del Título 42, al tiempo que advirtió a los demás migrantes que serán deportados hasta el sur de México.
Las cosas no pintan nada bien.
La reciente controversia generada por la ley anti inmigrante de Texas ha puesto en el centro del debate las responsabilidades y compromisos humanitarios de México.
El asunto es que la corte de apelaciones suspendió de forma temporal dicha normativa. Sin embargo, más allá de los vaivenes judiciales, el impacto humano y social es innegable. México, con su extensa red consular y su histórico compromiso con los derechos humanos, no puede evitar cumplir con los designios del conservador gobernador Abbott.
El enfrentamiento entre López Obrador y Abbott refleja visiones opuestas sobre la inmigración y la forma de abordarla. Mientras el presidente mexicano denuncia el carácter "anticristiano" y "violatorio de la Biblia" de la ley, Abbott defiende medidas de mano dura que incluyen dispositivos en la frontera con México. Este contraste de posturas ha llevado a un choque en la arena electoral de los dos países.
Digamos que el tema migratorio está siendo un tema determinante en la agenda política y social en la antesala de los procesos electorales de este año en los dos países.
Incluso ayer hubo escenas de pánico entre migrantes, quienes intentaron cruzar el río Bravo a través del punto 36 entre de la frontera entre Juárez y El Paso, un lugar donde nuevamente hay muchos extranjeros de diversas nacionalidades.
Activistas han calificado de inhumana la Ley SB4 de Texas. Dicen que es una de las medidas antiinmigrantes más drásticas en la historia de Estados Unidos, que convertiría en delito el que un extranjero ingrese a Texas de forma irregular, además de facultar a las fuerzas estatales de realizar arrestos migratorios y deportaciones a México, como ya mencionamos.
Su aplicación desató caos desde el martes, cuando la Suprema Corte de Estados Unidos primero permitió aplicar la ley antes de escuchar argumentos de fondo, pero en la noche, ocho horas después, el tribunal de apelaciones del Quinto Circuito suspendió su entrada en vigor.
Nada más para que tenga idea de lo que hablamos, el nombre del gobernador de Texas, Greg Abbott, ha estado en boca de todos, luego de que Donald Trump lo mencionara como uno de los posibles candidatos a la vicepresidencia para su eventual carrera presidencial en 2024. Las declaraciones del expresidente, realizadas durante una visita a la frontera entre Texas y México el jueves 29 de febrero, así lo confirman.
El tema migratorio será uno de los temas decisivos en la contienda electoral de Estados Unidos y nuestro país se verá bastante golpeado.
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