¿Y los católicos? ¿Y los cristianos? ¿Realmente estamos activos en este proceso electoral rumbo al 2 de junio, día de las votaciones? ¿Estamos desde ahora con una participación extraordinaria para elegir a nuestros próximos representantes populares?
Quizá más de uno se pregunte qué tiene que ver la actividad política y los temas electorales con las creencias religiosas. Prácticamente todo. Elegir un mal gobierno, votar por un pésimo gobernante, impactará directamente en los asuntos del cuerpo, del alma y de la mente.
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Pongamos un ejemplo: dar el voto a favor a un político que tiene un negro historial en su carrera como administrador público, como líder de partido o como diputado o senador, es darle facultades para que aplique programas de gobierno contrarios a una vida social pacífica y ordenada.
Este personaje, con toda seguridad, se convertirá en generador de violencia y alentará la división a como dé lugar, hará pactos con criminales, con delincuentes, con el único afán de hacerse más rico. Habrá más feminicidios y desapariciones. Le importará un rábano la vida.
Hay políticos que durante toda su carrera como funcionarios públicos se vieron rodeados de ladrones, homicidas, funcionarios corruptos y de pederastas, quienes le enseñaron las malas mañas de hacer política. Como dice un dicho popular: “El que anda con lobos, a aullar se enseña”.
Esos personajes no son buenos ejemplos para nuestra sociedad, para nuestra familia, para nuestros jóvenes. ¿Estos gobernantes estarán interesados en trabajar por el Bien Común, por la felicidad y el progreso de los ciudadanos? Con toda seguridad, no.
Imagínese, estimado lector, que llegue al gobierno, al poder, un político que se vio rodeado de abusadores de menores, de violadores, de violentadores de mujeres ¿Qué tanto bien le podrá ofrecer a la sociedad? Ninguno.
Por lo contrario, utilizará toda la estructura del gobierno para criminalizar, para perseguir, para someter, para lucrar, para vandalizar. Esto es lo que menos quieren los ciudadanos.
Yo, en lo personal, no pondría el presente y el futuro de nuestra sociedad, de nuestras familias, en manos de abusadores de menores que han dañado terriblemente la integridad física, emocional y espiritual de nuestros niños y adolescentes.
Como cristianos, como católicos, estamos obligados a elegir buenos gobernantes; a votar por aquellos que nos representen dignamente y que piensen por el bienestar de todos, sin distingos, sin colores, sin estigmas o estereotipos, sin prejuicios.
Políticos honrados –aunque no lo crea, todavía los hay-, que trabajen por el bienestar de la gente, alentando los principios y valores que son el cimiento de cualquier sociedad.
Yo soy católico, yo soy cristiano y estoy comprometido a trabajar por un proceso electoral digno, transparente y limpio, apoyando a nuestras autoridades electorales a ser buenos vigilantes de la votación que se avecina.
Yo si le hago caso a la jerarquía católica, a nuestros arzobispos y obispos, a nuestros sacerdotes que están haciendo un claro llamado a no votar por aquellos personajes públicos, por aquellos políticos que no quieren escuchar las demandas de la sociedad, demandas de justicia, libertad, paz y seguridad.
Los cristianos de otras denominaciones religiosas, de otras iglesias o religiones, también deben reflexionar y actuar, participar y motivar a sus seguidores a adentrarse en este proceso electoral, para llegar este 2 de junio convencidos de elegir al candidato que más conviene a la comunidad.
Si hoy Nuestro Señor Jesucristo estuviese presente en la tierra –corporalmente hablando-, con toda seguridad nos estaría diciendo en las plazas, en los montes, que no nos dejemos engañar por esos lobos disfrazados de oveja.
Y lo más importante, nos estaría diciendo ¡No tengan miedo!, hagan el bien y amen a su prójimo, y una buena forma de amar a los demás es eligiendo buenos gobernantes. ¡Soy cristiano y voto bien!
@elmerando
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