“El periodismo no debe buscar el sensacionalismo, sino la verdad”
Ryszard Kapuscinski
Ryszard Kapuscinski, reconocido periodista y escritor polaco, dejó claro en una de sus citas más emblemáticas que el verdadero objetivo del periodismo radica en la búsqueda de la verdad, más allá de cualquier otro interés sensacionalista. Para él, la labor del periodista va más allá de generar impacto y captar audiencias, sino de informar con veracidad, objetividad y ética. En un mundo donde la información muchas veces se ve manipulada o tergiversada, Kapuscinski nos anima a reafirmar el compromiso con la verdad, la transparencia y la honestidad en el ejercicio de esta noble profesión.
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La manipulación de los medios de comunicación obedece a intereses económicos de los empresarios que las o los dirigen, mismos que guardan lazos con el poder en turno para crear loas y sublimar a quien sea el gobernante, “arroparlo” de virtudes y sabiduría, que gobierna con la más pura honradez y justicia para la nación y pueblo, ocultando o desvirtuando todo lo que implique corrupción e impunidad. No es que el gobernante ignore lo que ocurre en el país, ya sean problemas económicos, financieros, protestas sociales, represión y criminalidad de sí mismo como de sus colaboradores, que mantienen lazos y complicidades con las élites económicas, al contrario, está perfectamente informado.
La desinformación de todo ello, la reciben las masas, ya sea mediante medios de comunicación que reciben prebendas jugosas y negocios distintos, quienes emiten noticias a modo, o simplemente, fake news para justificar al gobernante y cómplices de que no violan leyes ni son corruptos.
Por lo consiguiente y para ubicar el problema, a partir del surgimiento del Internet y de nuevas tecnologías de comunicación e información, las fake news han proliferado alrededor del mundo. Las redes sociales ofrecen la posibilidad a los usuarios de ser productores y consumidores de contenidos al mismo tiempo, además de facilitar la difusión de información falsa. De esta manera, se produce un círculo vicioso en el que una noticia falsa se replica miles de veces en tan solo unos segundos.
Las fake news o noticias falsas son historias inventadas, sin ética, que influencian la formación de la opinión pública y promueven mentiras que contribuyen a su deformación. Este es el resultado de la excesiva oferta de información que se puede encontrar vía Internet y las redes sociales, así como de la fragmentación de las audiencias, que a su vez provoca la división de la esfera pública.
Esto es así porque las personas buscan confirmar sus propios puntos de vista y opiniones, lo que ha permitido que las fake news o noticias falsas tengan un nicho. Es decir, la segmentación por intereses, emociones, valores, etcétera, provocada por la fragmentación informativa, ha permitido a las fake news encontrar su público y contar con credibilidad, al punto de poder modificar una opinión, sembrando mentiras para hacerlas verdad mediante la propaganda.
En este caso, la propaganda, una palabra que ha representado a lo largo de la historia el hecho de emitir un mensaje a las masas populares con el objetivo de transmitirles una idea y convencerles que es la más correcta, ya sea política o religiosa. Dicho término suele ser confundido por la vox populi con la publicidad, aunque sean realmente dos cosas completamente diferentes por no ser lo mismo convencer de una idea o forma de pensar que convencer la necesidad de comprar un producto.
En el “arte de mentir”, destaca Joseph Goebbels por sus once principios de propaganda que dictan una serie de recursos propagandísticos que siguen siendo indiscutiblemente utilizadas, como por ejemplo: si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan; las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de las acusaciones; la propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, pero siempre convergiendo sobre un mismo concepto; y un largo etcétera.
En el tiempo en México, los “Goebbels” se encargaban de alienar a las masas, como también de acusarlas de “terroristas, agitadores o comunistas”, si no cumplía el proceso alienante, la represión, pero por ejemplo, como en el caso de la ejecución de Rubén Jaramillo y su familia, la represión a los ferrocarrileros y magisterial 1957, el 68, 10 de junio, la guerra sucia contra la guerrilla, etcétera. O como el neoliberalismo, Acteal, Aguas Blancas, El Charco, además de la privatización, Fobaproa, precariedad salarial, laboral, educativa, salud... que genera protesta, exigiendo justicia y democracia social en todos sus sentidos, que manifiestan un ¡ya no al fraude electoral de 1988! mismo que se ejerce impunemente en 2006, hasta que en 2018, toda la maquinaria se fracturó para el triunfo social.
“Democracia: es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística”: Jorge Luis Borges, escritor argentino (1899-1986).
En ese entramado, les funcionó el fraude electoral y propaganda sucia en 2006, donde las fake news cobraron efecto bajo el mando de la oligarquía y aparatos políticos corruptos (PRI y PAN), recurriendo a los medios de comunicación orgánicos como su arma de choque, medios y columnistas como Televisa, TV Azteca, Reforma, El Universal, El Financiero, sistema de radiodifusoras, formaron el coro para ese momento. Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, Raymundo Riva Palacio, como ejemplo.
A partir de 2018, la guerra cobra mayor sentido, porque Claudio X. González y Roberto Madrazo, son la dupla de intensificar la guerra, el primero con su MCCI y el segundo con Latinus, que son amalgama de los poderes fácticos y enfrentar a su enemigo que les impide continuar con sus negocios impunes.
Conforme el proceso electoral al 2024 avanza, encontramos que la guerra cobra el mismo rumbo de “Goebbels”, apoyados por organismos internacionales desde la USAID, la CIA, que patrocinan a sus órganos como a extranjeros como The Atlas Network , quienes son el bastión de las mentiras, recalcando en el narcotráfico y su relación con el presidente Andrés Manuel López Obrador, tal y como los reportajes de ProPublica, Deutsche Welle e InSight Crime, que manifiestan que AMLO recibió millones de dólares en su campaña de 2006; misma propaganda que se redujo a nada, porque, en principio, no se apegaron dichos medios al rigor periodístico, también, en “supuestos testigos” sin prueba alguna. Una fake news, que lo replican medios mexicanos, la tríada PRIANRD y sus dueños X. González y Madrazo, a través de sus voceros en esa prensa orgánica.
De las “filtraciones” de la DEA pasaron a que la indagatoria estuvo “limitada en el tiempo, restringida en alcance únicamente a actividades criminales relacionadas con las drogas detectadas en el país”, y fue cerrada hace trece años, informó el área de atención a medios del Departamento de Justicia de los Estados Unidos tras una solicitud de postura oficial que García hizo a la DEA.
No contentos con su fracaso mediático, el Grupo Salinas Pliego y su primo Roberto Salinas León, forman parte del poder mediático de The Atlas Network en México, los think tanks México Evalúa, presidido por Luis Rubio e IMCO, cuyo presidente del consejo directivo es Valentín Diez, sin olvidar al medio Latinus, cuyo conductor estelar es Carlos Loret de Mola; Nexos de Héctor Aguilar Camín, Letras Libres de Enrique Krauze, Primer Plano programa transmitido por canal Once, conducido por los analistas María Amparo Casar, Sergio Aguayo, Lorenzo Meyer, José Antonio Crespo, Francisco José Paoli Bolio y Leonardo Curzio. Con excepción de Lorenzo Meyer, los demás son parte del aparato orgánico, mismo papel lo tiene el programa de Televisa, Tercer Grado y su plana orgánica de Denise Maerker, Raymundo Riva Palacio, Sergio Sarmiento, René Delgado, Genaro Lozano y Leo Zuckermann.
Así como ese coro se suman diversos organismos extranjeros que actúan contra AMLO para “descarrilar” el proceso electoral que saben y están conscientes que antes sus antecedentes como oposición; en cada poro de su organismo empresarial y de la tríada, la corrupción y criminalidad, salen como pus, también su invento representado por Xóchitl Gálvez, que carece de calidad moral, misma que declara que de llegar a la Presidencia de la República, que en caso de obtener el triunfo electoral el 2 de junio, buscaría abrir una Comisión de la Verdad para investigar los presuntos nexos del presidente Andrés Manuel López Obrador con el crimen organizado, pero exhortó al mandatario a denunciar en Estados Unidos y pidió a la DEA dar las pruebas.
Su declaración parte de otra publicación del periódico The New York Times, que parte de otras presuntas declaraciones, videos y grabaciones de la DEA, que AMLO recibió dólares en su campaña de 2018, publicación que culmina de mismo modo a las otras tres, en “supuestos”, sin sustento y que el gobierno norteamericano declara que carecen de fundamentos en tiempo y espacio.
La respuesta del Presidente de la República en cada acto, es clara y contundente, “una guerra sucia”. En cuanto a la publicación del NYT, además de carencia de pruebas, le manifestó a un hijo del presidente que conteste un cuestionario sobre el caso, exigiendo que responda a un número de celular o mediante correo electrónico, a lo que contesta AMLO en la mañanera que es acto de agresión y falso, y el mismo medio continúa acusando que AMLO los exhibió y demeritó en su “reportaje”.
El hecho de que el presidente citó el número de celular de la periodista Natalie Kitroeff, en respuesta, leyó el cuestionario enviado a la vocería de la Presidencia, exponiendo la investigación.
La divulgación de la información personal de la comunicadora desató una ola de críticas contra el mandatario federal, acusado de vulnerar la libertad de prensa.
No obstante, AMLO defendió su acción argumentando que “no puede haber ninguna ley por encima de un principio sublime que es la libertad, prohibido prohibir”, lo que derivó en críticas y cuestionamientos por la revelación entre diversos medios.
La pregunta es, si desde 2006 y 2018 se habló sobre una investigación, ¿entonces por qué no se actuó contra AMLO? Resultando Presidente de la República. También, el gobierno norteamericano, la DEA, CIA y FBI, teniendo como reclusos al Chapo, García Luna y otros, no procede contra Ernesto Zedillo, Fox, Calderón y Peña, quienes son los “padrinos” de la criminalidad que padece la nación.