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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Política y seguridad pública, binomio indisoluble

Si quieren ganar, los políticos tendrán que voltear a ver a la seguridad pública

Facundo Rosas Rosas

Ingeniero por la UAM donde obtuvo la Medalla al Mérito Universitario. Estudió maestrías en Administración, así como en Seguridad Pública y Derechos Humanos. Fue capacitado en inteligencia y análisis en EU, Colombia e Iraq. A lo largo de 25 años fue funcionario público en dependencias estatales y federales en materia de Seguridad Pública y Seguridad Nacional.

Miércoles, Febrero 21, 2024

Nunca antes la política y la seguridad pública habían estado tan intrínsecamente ligadas en el estado de Puebla y en el país en general.

Antes los políticos no hablaban de seguridad pública en sus campañas porque no era un tema prioritario; total la inversión pública estaba garantizada y el presupuesto llegaba a los estados gracias a los ingresos por la venta de petróleo, así es que la inversión privada podría llegar o no, su rol en la actividad económica del estado y del país, pasaba a un segundo y hasta tercer plano.

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Hoy para cubrir este requisito, tan indispensable para la llegada de la inversión privada nacional y extranjera, no basta poner al compadre o la persona que se familiarizó con los temas de seguridad solo durante la campaña; después de todo no está mal, pero hoy ya no es suficiente.

En los tiempos actuales, la llegada de inversiones está condicionada a los indicadores que en materia de seguridad registre el municipio, entidad federativa o país al que se vayan a destinar los recursos. Lo anterior incluye tanto datos duros de delitos como de percepción de inseguridad; es decir, delitos denunciados y no denunciados (cifra negra) pero que impactan, así como de tasa de policías, Ministerios Públicos y Jueces por cada 100 mil habitantes, incluso algunas cifras de puestas a disposición de detenidos, autos de vinculación a proceso y sentencias condenatorias.

Para que lleguen las inversiones hay que asegurar, no solo que los indicadores en materia de seguridad se ubiquen por debajo de la media nacional, sino que la percepción de inseguridad sea lo más cercana al 50%, deseable es que se posicione por debajo de este porcentaje.

Para lograr estos indicadores, la labor de los candidatos a puestos de elección popular, desde presidente municipal hasta presidente de la República, pasando por gobernador, debe alinear el trabajo político con los conceptos que teorizan que la seguridad pública es la certeza de la libertad en el marco de la ley, lo cual hoy en día se encuentra en entredicho.

Hoy no basta poner al frente perfiles que el candidato considere confiables y honestos, eso es un requisito tácito; se requiere que entiendan y sepan transmitir a los ciudadanos la necesidad de que todos colaboremos, desde nuestro ámbito de competencia a que prevalezca el estado de derecho, que todos cumplamos con las reglas del juego que garanticen una convivencia sana y enseguida las leyes y reglamentos, ya que hoy en día, da la impresión de que no existen. Es decir, que todos nos conduzcamos en ese amplio margen de libertades del que gozamos, pero también que cumplamos con las obligaciones que nos marca la ley por el solo hecho de ser mexicanos.

La seguridad tiene que ver sí con la atención de las causas (de la violencia y la delincuencia), pero también con el combate al delito y el respeto irrestricto de las leyes, teniendo como premisa que el único que puede recurrir al uso legítimo de la fuerza es el Estado mexicano a través de sus instituciones, los demás estamos obligados a cumplirla, la conozcamos o no.

Volviendo al binomio política-seguridad pública, antes y después de las elecciones se tiene que hacer un intenso cabildeo para el establecer alianzas con diversos actores políticos y la misma sociedad para juntos construir el mejor clima de seguridad en la demarcación que se pretende gobernar, los votos y los cargos no llegarán por sí solos. Hoy más que nunca los políticos están obligados a dialogar y escuchar; no debemos olvidar que sigue vigente la máxima de que sin seguridad no habrá cuarta transformación y solo quedan escasamente siete meses.

Habrá que enfatizar que atender las causas no es cuestión de discursos ni retórica barata, sino de poner en práctica la experiencia, el talento y sobre todo una fuerte vinculación entre políticos de carrera y expertos en materia de seguridad, así como la sociedad civil organizada, no algo que se le parezca. Los ciudadanos exigen cercanía y atención directa, no solo patrullas en las calles y dormitorios en los cuarteles.

Si quieren ganar, los políticos tendrán que voltear a ver a la seguridad pública como una condición sine qua non antes de iniciar sus campañas y en consecuencia antes de integrar sus gabinetes. De ser necesario deberán recurrir a las figuras políticas o no políticas, pero con fuerte ascendencia local, estatal y nacional, no solo las que salen en la televisión, sino aquellas que tienen un peso específico y reciben a quienes recurren a ellas en abrevaderos políticos por excelencia, algunos disfrazados de restaurantes y otros como verdaderas cuevas desde donde se deja sentir el poder y se transmite de generación en generación.

En síntesis, política sin el componente de seguridad pública no alcanzará para atraer a la gente que aún no decide por qué fuerza política inclinarse y lo único que siente hoy es miedo, mucho miedo en sus casas, en sus calles y en su ciudad.

 

 

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