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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

4T: ¿Crear un Congreso histórico?

El Congreso que viene inspira su formación en el control electoral de la mayoría calificada

Antonio Tenorio Adame

Licenciado en Economía por la UNAM, y docente en la BUAP. Fundador de la Academia de Historia y Crónica Parlamentaria y cofundador de la Asociación de Periodistas Democráticos junto con Renato Leduc. Ha sido diputado federal en diversas legislaturas, desde donde ha impulsado la apertura democrática. 

Lunes, Febrero 19, 2024

La 4T enfrenta el compromiso de cambio político nacional al iniciar el nombramiento de los integrantes de la LXVI Legislatura del Congreso de la Unión.

De acuerdo con la divisa del presidente Andrés Manuel López Obrador su acción gubernativa se asemeja al horizonte histórico de la Independencia, la Reforma y la Revolución.

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A partir de ese talante se desprende la interrogante, ¿los candidatos al Congreso, de la LXVI Legislatura se encuentran en el nivel de capacidad legislativa de sus antecesores respectivos? Veamos:

Reclamos de minoría

La crónica de la prensa calificó la asignación de candidaturas como un mecanismo que rebasó a las bases militantes de Morena; uno de sus textos señala: “La 4T impulsa nueva camada de políticos con candidatos a las diputaciones federales. Hijos y familiares de morenistas, priistas, y panistas competirán bajo las siglas de Regeneración Nacional, PVEM o PT por una curul de mayoría relativa”. ¿La formación de la nueva legislatura es análoga a la de 1824, o 1856 o 1917? ¿Tan sólo merece la comparación?

Para salvar realidades políticas diferentes entre los periodos del pasado y el presente, caben hacer algunas advertencias.

En primer término, es comprensible que la modernidad impone condiciones distintas entre el quehacer partidista, ya que una son las expectativas y requerimientos de un partido de oposición y un partido de gobierno o en el poder.

En esa expectativa se vuelve necesario investigar cómo fue el procedimiento de designación de candidatos en ambas posiciones; bien conocido ha sido la “tómbola” para otorgar candidaturas en Morena, con el fin de atemperar tensiones de las bases en demanda de reconocimiento.

Al parecer hasta ahora Morena no dispone de esos elementos necesarios en una labor legislativa, ya que los presuntos candidatos nominados hasta ahora son ajenos al elevado conocimiento de un constitucionalista, un internacionalista, también un especialista en finanzas, y todos aquellos profesionistas por su saber y aplicación se requiere.

El linde de separación queda marcado entre la confianza y el conocimiento o experiencia, por lo que se prefiere alguien de seguro asumirá las decisiones sin discusiones a un simpatizante o militante que sea capaz de ejercer el libre albedrío ante un requerimiento.

Eso explica que el primer lote de candidatos sean aquellos provenientes de acuerdos vinculados por medio de partidos aliados, Verde y del Trabajo, donde se incluyen a representantes de militancia adversa sujetos a impugnación desde las bases de Morena en reclamo que sean elegidos los militantes y de preferencia, sus fundadores.

Al dejarse sentir la presencia de opositores en las filas del partido de gobierno, se presentan los nuevos depositarios como son los familiares más cercanos de quienes promueven desde la dirigencia de partidos.

Otro de los rasgos notorios son candidatos desplazados de puestos de gobierno como alcaldías y presidencias municipales o aun gobiernos de entidades que se les ubica como “premios de consolación” a fin de evitar conflictos de separación o división de contingentes pongan en riesgo el triunfo avasallador legislativo.

Se plantea, en fin, que el candidato sea competitivo. Para ello se requiere un aparato de propaganda que lo ubique en rangos de popularidad o de identificación, una alternativa muy costosa que solo es accesible a personas adineradas, o implicadas en algún grado con dinero de origen oscuro.

La mayoría incluyente reconoce derechos a la oposición

Se cumplen doscientos años de la promulgación de la primera Constitución Mexicana federalista, misma que estuvo integrada por 107 diputados de las distintas provincias del territorio nacional, quienes discutieron, votaron y aprobaron el texto en el recinto legislativo de la Iglesia de San Pedro y San Pablo el 4 de octubre de 1824.

La formación de la LXVI Legislatura en proceso debería aspirar a aplicar algunas de las características del Primer Congreso Mexicano federal, como un justo homenaje necesario, Otro perfil histórico es reconocer los elementos con los que contó el Segundo Congreso Continental para elaborar la Constitución de Filadelfia en los Estados Unidos. El conocimiento y la experiencia, en ambos, fueron básicos, pero ahora carentes en la formación de la nueva legislatura,

El perfil que brinda del Constituyente de 1824 se basa en los datos de 38 diputados con experiencia legislativa de los 107 diputados que integraban el Segundo Congreso 

Dice David Pantoja: “Bases históricas del constitucionalismo mexicano” , los constituyentes nacieron entre 1760 y 1800 , lo cual indica que parte de su formación profesional y de su cultura y praxis política se inscribió en la tradición colonial, específicamente la reformista e instaurada, en su universo ideológico coexistieron  las nuevas ideas y la renovación educativa junto con aspectos como el estamental, tradicional, corporativo y católico, de donde sobresalen las instituciones religiosas, en consecuencia la carrera eclesiástica y  la de derecho, quienes a su acervo jurídico incorporaban el teológico y filosófico.

Entre lo distinguidos diputados constituyentes se mencionan a Valentín Gómez  Farías  y Francisco Salinas de Zacatecas; a Lorenzo de Zavala, Manuel Crescencio García Rejón y Fernando Valle por Yucatán; Mariano Barbabosa, José Rafael Berruecos, José María de la Llave, y Rafael Mangino, por Puebla; Carlos María de Bustamante y Francisco Ma. Lombardo por México; Juan de Dios Cañedo, José Ma. Covarrubias y Juan Cayetano Portugal, por Jalisco; Demetrio del Castillo por Oaxaca; Ignacio López Rayón, por Michoacán: José Miguel Guridi y Alcocer por Tlaxcala; José Ma. Becerra por Veracruz; Fray Servando Teresa de Mier por Nuevo León; y Miguel Ramos Arizpe por Coahuila.

Respecto al Congreso de los Estados Unidos se menciona lo siguiente: el 21 de febrero de 1787, el Congreso continental apoyó la celebración de la Convención Constitucional de Filadelfia siempre que esta se limitara a la revisión de los artículos. Sin embargo, el trabajo preparatorio que James Madison realizó durante el invierno y la primavera -comparando las distintas formas de gobierno y analizando los vicios del sistema político norteamericano- era más bien un cambio radical respecto a 1776 para establecer un gobierno nacional basado en la división de poderes que eliminara <<la tiranía de la Asamblea>>. 74 delegados de doce estados –Rhode Island no envió ningún delegado- fueron designados por sus legislaturas para asistir a la Convención, pero solamente asistieron 55. Todos ellos pertenecían a las élites norteamericanas. Tenían fortuna personal, sólida preparación intelectual e intensa experiencia política.  El 60 por ciento había asistido a la universidad -nueve a Princeton, cuatro a Yale, tres a Harvard- 34 eran abogados, el resto comerciantes, banqueros y plantadores y muchos de ellos poseedores de la deuda pública.

Para su Promulgación Constitucional

El Congreso que viene inspira su formación en el control electoral de la mayoría calificada; desea disponer de capacidad de reformas constitucionales con el fin de revertir los cambios regresivos incluidos en el Código Supremo de la Nación, por los que distorsionaron el espíritu originario de los derechos del país, en particular la génesis del derecho a la propiedad.

¡Por eso privilegia la categoría de competitividad en sus candidatos!

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