Los números de las encuestas de los aspirantes presidenciales se han comenzado a mover. Primero por el impacto que tuvo el discurso de cierre de campaña de Xóchitl Gálvez, en seguida por la determinación, a juzgar de muchos atinada, de organizar su propia mañanera y responder al presidente López Obrador prácticamente en el acto en la que es mencionada. Las más de las veces para denostarla, y las más de las veces sin fundamento, cuando no de plano se trata de embustes calumniadores para estigmatizarla ante la opinión pública, y bajarla de las eventuales preferencias electorales.
Porque de eso trata la competencia electoral, de ganar adeptos, ya por mérito propio o ya debilitando al adversario.
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Con el agravante de que en este caso no son los aspirantes legalmente constituidos, sino el presidente de la República quien sale y hace la chamba para potenciar a la aspirante de su partido, con el tramposo argumento de comunicar que está seguro de que en el siguiente gobierno “seguirá la transformación”. Ergo, declara a Claudia Sheinbaum ganadora en la elección y próxima presidenta, con el encargo suyo de echarle el segundo piso a la 4T, con todo lo que eso significa en términos de bienestar material y libertades políticas.
El presidente elige candidata para reemplazarlo y le impone el plan de gobierno, por encima de la voluntad de la población, que aún no se pronuncia.
Seamos claros. No se defiende a la oposición per se. Ni a candidata o candidato. Se defiende la pluralidad política: que sean las propuestas y proyectos de gobierno los que rifen y no la coerción del dinero y los programas sociales. Que la competencia tenga la última palabra. Para eso es preciso hacer efectivos los criterios de legalidad establecidos en la propia Constitución, puestos ahí a petición y presión política y callejera de quienes ahora gobiernan, o mal gobiernan el país. Me refiero a los principios rectores establecidos en el artículo 41 de la Constitución; de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad.
Aún así, y con estos criterios puestos en duda, o deliberadamente burlados, de acuerdo con los últimos estudios demoscópicos de periódicos de crédito (El Financiero y El País), se tiene que no obstante lo disparejo de la contienda, la brecha entre el primer y segundo lugar ha comenzado a moverse, a favor de la aspirante opositora. La de arriba baja, y la de abajo sube (El Financiero, 29 01 2024). Claudia Sheinbaum cuenta con una intención de voto de 48 por ciento, en tanto que Xóchitl Gálvez aparece con un 32 por ciento de intención, lo que hace una diferencia de 16 puntos.
Estos datos corresponden a semanas antes de que fuera puesta en marcha la mañanera opositora, denominada “Conferencias de la Verdad”. Desde el mismo nombre ya hay un severo cuestionamiento a las afirmaciones del presidente. No sólo en lo referente a lo que llama con el eufemismo de los Otros Datos, sino de estudios serios (laboratorio Spin de Luis Estrada, y autor del libro El imperio de los otros datos), en los que se demuestra que el presidente en promedio dice alrededor de 93 mentiras en cada mañanera. El presidente sustenta su narrativa sobre declaraciones que no siempre son ciertas.
Enkoll, una encuestadora que publica sus estudios en El País, dobla las preferencias (27-54) a favor de la candidata de Morena, Claudia Sheinbaum. Una distancia de 27 puntos.
La primera es una encuesta telefónica, la segunda en domicilio. Sin ánimos de especular, toda vez que no soy experto en la materia, pero es posible que la marcada diferencia entre un estudio y otro, obedezca a la metodología.
La gente vive atemorizada. El miedo, lo saben los expertos, inhibe. Actualmente, se teme tanto del gobierno como de la delincuencia. La suma del temor de uno y otro se potencializa y puede producir efectos de intimidación frente a un desconocido que interroga sobre temas comprometedores; mira con recelo que con una mano sostiene unas hojas y con la otra toma nota.
El entrevistado teme que por una declaración suya contraria al gobierno pierda la oportunidad de un trabajo, de vender en la vía pública para sobrevivir, la inscripción de los hijos en la escuela, el servicio médico en la clínica, o la pérdida de los apoyos que el gobierno entrega a sus hijos y adultos mayores, que pueden ser padres o parientes.
El teléfono resulta mucho más anónimo y menos intimidante el interrogatorio. Aquí puede hallarse la explicación cultural de la notable diferencia en estudios levantados por los mismos días.
Luego entonces no son las encuestas, es el estado de inseguridad, y el miedo en el que deriva, una de las hipotéticas explicaciones de que las encuestas, levantadas en el mismo periodo sobre la misma cuestión, arrojen resultados tan disímiles.