Existe una creciente preocupación por la presencia de microplásticos en distintos ecosistemas y su posible impacto en la salud. También sobre la presencia de estos materiales derivados del petróleo en alimentos varios, particularmente los de origen marino dada su concentración en los océanos; pero también en productos de consumo generalizado como lo es el agua embotellada en garrafón y botellas de plástico.
Con base a la alta polución que están generando los microplásticos es relevante un estudio reciente publicado en la revista de contaminación ambiental, Environmental Pollution, donde se muestra que el 100 por ciento de los cubos de hielo recolectados en la Ciudad de México contienen microplásticos en concentraciones que van desde los 19 a 178 pequeños pedazos de plástico por cada litro de agua siendo los más comunes el polipropileno, el polietileno, el polímero de tygon, poliamida 6 y celofán con diversas formas, siendo los más comunes en forma de fibras con un 87 por ciento, y los que no están coloreados con un 54 por ciento.
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Dadas estas características es difícil percibirlos sin el uso de un microscopio o de equipos científicos más sofisticados para una adecuada cuantificación. De hecho, se estima que se pueden ingerir de manera inadvertida desde 490 hasta 7, 200 pedazos de microplásticos anualmente, tan solo por el consumo de cubos de hielo y seguramente aún más por el agua que bebemos. Adicionalmente, muchos de estos pequeños pedazos de plástico contienen cantidades muy pequeñas de metales dañinos como son el titanio, el aluminio, o el silicio que pueden también alterar nuestra salud.
Es por lo tanto urgente que se tengan normas oficiales mexicanas que regulen el contenido de estos contaminantes en el agua de bebida y sus derivados como son los cubos de hielo. Lo anterior por que se desconoce a la fecha con claridad el efecto de estos contaminantes y sobre todo de sus efectos a largo plazo, ya que seguramente se acumularán los microplásticos en diferentes órganos del cuerpo.