Si Eduardo Rivera y su coalición de partidos abren la cartera y ofrecen candidaturas al grupo perdedor de Nacho Mier, como al parecer hay acuerdo vía su principal operador, pueden meter en severo predicamento a Morena y sus candidatos.
Pero no sólo es el puesto de gobernador, de ser como se dice, la argucia terminará arrllándolo todo, incluyendo la candidatura presidencial.
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Veamos:
A menos de cinco meses, se da por hecho que Alejandro Armenta ganará la elección de gobernador el primer domingo de junio próximo.
Cabalga a su favor una buena percepción suya entre la mayoría de la población, urbana y rural. No podría ser de otra manera tratándose la suya de una intensa campaña de más de una década.
Incluso parece ser más apreciado entre la población urbana, clasemediera, informada, donde se aloja la inconformidad por el mal desempeño de los gobiernos emanados de Morena, en específico en los ayuntamientos.
Un ejemplo meridiano es San Martín Texmelucan. Y claro, la capital poblana, en el periodo 2018-2021.
Otro mérito del virtual candidato Armenta que lo pone adelante, es que entre los seguidores de ese partido se le tiene como “de Morena”; y entre sus adversarios es visto con la envoltura de “independiente”.
Quiero decir que no se le relaciona con la mala experiencia de Miguel Barbosa y la señora Claudia Rivera en la capital, lo más cercano al electorado crítico y puntilloso. Ambos funcionarios rijosos y con un muy mal desempeño como gobernantes.
Un hecho reconocido incluso entre el grupo cercano al presidente López Obrador.
La magia de Armenta es que es y no es de Morena.
No se olvide, sin embargo, que lo que está en curso es una competencia y en las competencias, con criterios efectivos de equidad y arbitraje imparciales, se gana y se pierde.
En política, como dicen los que lo saben a esos intríngulis, lo único seguro es que no hay nada seguro.
Son muchos los factores que se movilizan y entran en juego en las elecciones. Esos factores son los que al final de la jornada determinan quién gana y quién pierde.
En el cargo de gobernador no sólo cuentan las propuestas y los proyectos. El perfil de los candidatos. La buena y mala fama de los partidos. Las emociones suscitadas en uno y otro bando de los votantes.
Los equipos de trabajo también son motivo de disputa, pues de ellos depende un buen o mal desempeño de gobierno.
Un atisbo de esa fuerza lo vimos cuando las precandidatas presidenciales dieron a conocer el nombre de quienes las acompañan en la primera línea.
Sheinbaum subió varios puntos; Xóchitl los perdió.
Hasta ahora ninguno de los aspirantes estatales ha hecho público el nombre de sus más cercanos. Los que aparecen aquí y allá, digámoslo con suavidad, no están a la altura del reto de Puebla.
Están capacitados para más de lo mismo.
Pueden ser buenos oficinistas, pero hasta ahí. Ninguno de todos los que flotan en uno y otro grupo, tiene lances dignos de mencionar.
También cuentan y contarán de manera crucial, el influjo de la propaganda; y su versión más salvaje, la llamada guerra sucia.
Sin embargo, el peor enemigo en una elección, son las traiciones de casa. En esa materia, ya se sabe, Morena es campeón.
La pregunta es inevitable y tiene su grado de pertinencia. Además, está presente en boca de los corrillos políticos. ¿El partido Morena y su virtual candidato Alejandro Armenta pueden perder la elección de gobernador?
Difícilmente en una justa sin traiciones domésticas. Quiero decir, si se mantiene la estabilidad política y social de ahora y no se presentan eventos extraordinarios.
Los impulsos de vincular a Armenta con el marinismo no han prosperado, y difícilmente tendrán éxito más adelante.
Pero como se dijo, si arriba.
Si Rivera Pérez entrega candidaturas a diputados y presidentes municipales de los partidos que lo postulan y son tomadas por los adversarios de la casa de enfrente, y éstos logran movilizar el voto en sus respectivas jurisdicciones, la oposición panista-priista-perredista puede levantarse con el triunfo.
Esto es posible porque como se sabe, Morena no es un partido con principios ideológicos, disciplina partidaria, o ética de partido.
A Morena lo cohesiona la fuerza que imanta el presidente López Obrador. Pero López Obrador ya se va, y esa cosa amorfa quedará al garete. Eso lo saben las principales cabezas y calculan con base en ello.
Por lo pronto, Nacho Mier y Fernando Manzanilla ya ganaron. Uno el senado, el otro, diputaciones.
Sin embargo, todo hace ver que eso no los apacigua.
Chayo News
El gobernador Salomón Céspedes Peregrina debería tomarse en serio la política cultural de su gobierno y tomar decisiones que de verás honren la herencia cultural de la entidad y los procesos culturales vigentes, y no la política de engaños, mentiras y falsedades de ahora, como incluso es denunciado ahora hasta en la prensa nacional. Como otros, sostengo y sostengo que quienes encabezan las acciones culturales en la entidad son personajes advenedizos, que no tienen el reconocimiento del gremio ni el talento y la eficacia para encabezar las instituciones que en mala hora les fueron encomendadas. Su soberbia los ha llevado incluso a poner en duda la envestidura del gobernador, pues se dice que entre ellos siguen viendo el alcalde de pueblo; esa confianza, les ha permitido llegar hasta donde han llegado. Es decir, hacer de Puebla la vergüenza nacional en materia de política cultural.