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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Los regalos de la delincuencia

Los obsequios de la delincuencia organizada a las poblaciones son esquizofrenia pura

Mauricio Saldaña

Doctor en Administración Pública con estudios de doctorado en Ciencias Penales. Especialista en inteligencia y cotrainteligencia con más de 30 libros publicados. Ha diseñado un mapeo sobre la feudalización de la delincuencia organizada en México.

Jueves, Diciembre 28, 2023

De cárteles a cárteles

En 2015 terminé una investigación de módicas 800 páginas en las que comparé los medios de contención empleados para combatir a la delincuencia organizada. Tras el espanto correspondiente, un editor me dijo que lo haría libro pero que le bajara al volumen de semejante cosa: me esforcé y quedó en 400 páginas.

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Haciendo el texto, pasé poco más de dos años yendo y viniendo a un sinnúmero de oficinas y embajadas extranjeras. Por ahí, conocí a un funcionario japonés que conocía del tema.

Inevitablemente conversamos sobre la Yakuza, la organización criminal legendaria de aquella nación. También conocidos como los Yakuto (apostadores), operan por todo Japón y siguen siendo un pequeño ejército: tan solo en 2014, aquel funcionario me decía que estimaban en no menos de 40 mil a los integrantes de esa élite criminal.

Pues, ese funcionario me contó que allá tienen desastres naturales a cada rato y que en una enorme cantidad de ellos, los Yakuto suelen llegar con mayor rapidez que los militares a la zona de desastre, por lo que en un pacto de caballeros, trabajan por la población diezmada y cuando se controlan las cosas, los delincuentes se retiran del lugar sin hacer mayor ruido.

Los Yakuto se mueven a velocidades increíbles, organizando a la gente y distribuyen ayuda a quien lo necesita, aceptando el apoyo de los temibles Rōnin, sicarios independientes que, si bien es cierto que no son Yakuto, en ciertos temas cooperan entre ellos y no por bondad sintoísta, sino para tener bases sociales que los acojan cuando es menester.

Aquí no hay Rōnin

Recorriendo México de arriba abajo, he podido comprobar docenas de veces a dos especies: la primera es que dependiendo del cártel que domina un territorio, es su apertura o cierre al trabajo comunitario; la segunda es que hay quien ofrece ayuda y quien entrega migajas.

Tanto delincuentes como expertos estarán de acuerdo con un servidor, en que dos son las organizaciones criminales que en su momento, fueron las más espléndidas para regalar toda clase de bienes a sus poblaciones feudalizadas: el Cártel de Juárez y Los Zetas.

Sobre el Cártel de Juárez, estoy refiriéndome a los años noventa, cuando fue dirigido por Amado Carrillo Fuentes. Aquellos recursos que Carrillo daba a sus operadores para repartirlo en distintos puntos de Chihuahua, eran de verse.

Respecto a Los Zetas, seguramente los dos lapsos en los que esta organización destinaba una notable cantidad de dinero para temas caritativos, fueron cuando los dirigió Rogelio González Pizaña (2002-2004) y Heriberto Lazcano (2004-2012).

Me tocó ver en distintos puntos de Tamaulipas a oficinas (sí, leyó bien: oficinas) de Los Zetas, atendiendo a un mundo de personas, para regalarles sillas de ruedas, muletas, intervenciones quirúrgicas, medicamentos, muebles y materiales para construcción.

Eso fue en el pasado. Olvídese de lo que hace el Cártel de Juárez en la actualidad y de Los Zetas, pues no hay mucho que comentar en este rubro.

Respecto a los expertos en convidar cosas en una cantidad minúscula y además en condiciones que difícilmente podría considerarse como altruista, la lista es abultada pero sin pensarlo demasiado, sobresale CJNG.

Posando para la foto

Revisando fotografías de algunas “oficinas” de Los Zetas en Tamaulipas, ya sea en Matamoros, Reynosa o en la frontera chica, además de un montón de personas esperando a ser atendidas, encuentro como coincidencia el método: se apuntaban los bienes obsequiados y hasta se llevaban en camioneta hasta el domicilio de la persona interesada.

Recuerdo que el dinero de innumerables operaciones se pagaba directamente en el hospital o en el consultorio del médico que intervino al enfermo beneficiado. En el mismo sentido, ubico flotillas de trocas repartiendo juguetes el Día de Reyes. Me queda claro que era tal la cantidad de bienes donados que no requería fotos porque el trabajo en tierra, se notaba.

Los Zetas fueron la piedra de toque de la maldad y el sadismo a nivel industrial, al tiempo que dieron cátedra en repartición de bienes a los pobladores de aquellos puntos en los que instauraban su régimen de cieno.

En las antípodas, ubico a CJNG en distintas partes del país: en el mejor de los casos, cinco o diez camionetas repartiendo bienes, obligando a la población que recibe esos bienes, a tomarse fotos con simpatías fingidas hacia el cártel.

Observo tumultos de fotografías bajo la misma escena: una mujer o un niño, con el mueble o la despensa junto y acompañándolo un miliciano con pasamontañas o coipa, levantando el pulgar e infaltable, el rifle de asalto.

Recuerdo un video que me enviaron el año pasado, del 24 de diciembre. Una horrenda camioneta que alguna vez fue blanca, rotulada a toda velocidad con spray, con dos sicarios y una olla de algo que parecía ser un guisado, ofreciéndolo como “cena de Navidad a nuestros hermanos más necesitados” en una calle perdida de Hidalgo. No pude ubicar qué grupo criminal era el patrocinador de semejante “cena”.

El COVID-19 dio material de sobra para imágenes así: desde acciones parecidas tipo Yakuza en donde se notaba una planeación cuidadosa para entregar por largos lapsos, despensas bien surtidas a población abierta, hasta ocurrencias que ofenden: bolsas de plástico con el logotipo del cártel “bienhechor” y cinco artículos de marcas que en mi vida había conocido.

El caso de Puebla

En Puebla, los amigos comentan que tienen identificados a los grupos criminales que repartirán migajas y a los que darán ayudas relevantes. Los lugares en los que se espera que los delincuentes lleguen a obsequiar en grandes cantidades, juguetes, muebles, electrónicos, ropa y por supuesto, costales de verdura, sobran en el “Triángulo Rojo”.

Habrá videos a granel, considerando que uno de los líderes del CJNG en la zona, está placeando a su próxima “candidata” a un puesto de elección popular.

Me es comprensible que aquel mando criminal ande placeando a su potencial candidata, dado que, el personaje al que apuntaló en las internas de Morena no resultó ganador y hay que aplicar la máxima de “que de lo perdido, lo que aparezca”.

Por el contrario, me comentan que en las proximidades con Guerrero y Morelos, así como en ciertos puntos de la Sierra Norte van a hacer su lavado de cara algunas organizaciones criminales, convidando migajas, particularmente en Día de Reyes.

Haciendo comparaciones, no hay manera de esconder los resultados: unos, convidan balones profesionales, Barbies originales y dulces de la mejor calidad; otros, reparten pelotas de plástico, muñecas piratas y dulces de marcas que han de ser muy conocidas en China.

Resumiendo

Los obsequios de la delincuencia organizada a las poblaciones que expolia, son esquizofrenia pura: de miles de millones de pesos que roban en condiciones que asquean, un átomo va para los más pobres. Es morona, no generosidad, pero también en San Juan hace aire.

Años ha, una dama de la 4T bajó de su centelleante camioneta para entregarle al finado padre Gustavo Rodríguez Zárate, “un donativo para los indocumentados centroamericanos”, exigiendo una salva de fotografías a las que Gustavo accedió resignadamente.

Yo personalmente bajé el donativo de esa camioneta y lo metí en la parroquia: unas 15 mochilas de plástico con tal calidad que en un estornudo se rasgarían. Imagine esos materiales cruzando el país hasta Altar, Tijuana o Reynosa.

Tras treinta años de dar tumbos por todo el país, he aprendido que hay canallas que socorren y almas pías que carroñan. Es la escala de grises de la vida.

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