Con la separación del cargo de Lalo Rivera comienza la verdadera lucha hacia la gubernatura estatal en Puebla. Con Lalo viene la fuerza que tiene en la capital del Estado. Su meta será lograr esa misma aceptación en lo que llaman el interior de la entidad. Es decir, en el resto del Estado. En contraparte, su rival por Morena, Alejandro Armenta, tiene el reto contrario, pues su fuerza al parecer reside en los municipios a excepción de la capital, donde Rivera por cuestiones obvias de su cargo, tiene mayor presencia que su rival.
Sin embargo, no solamente es el cargo, sino que su desempeño ha sido cuando menos aceptable, si tomamos en cuenta la desastrosa administración de su antecesora Claudia Rivera, quien pese a tener el mismo cargo, terminó con pésima aceptación. No me gusta hablar de números, pues sabemos que las encuestadoras pueden moverse a conveniencia. Pero la percepción colectiva es que Lalo Rivera fue un mejor alcalde por donde quiera que se le vea.
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Pero decíamos que su reto es lograr la aceptación del interior del Estado, en donde la gran mayoría de medios estatales no tiene el impacto que logran en la capital y muchos no ubican al alcalde con licencia. No obstante, una vez que inicie los recorridos por las diferentes zonas del Estado, se comenzará a ver la diferencia, pues su colmillo político, producto de su amplia trayectoria lo hacen tener un trato que sin duda conectará con la gente, además de su simpatía personal que la explota de manera por demás eficiente.
Mucho se habla al interior del Estado de los grupos políticos que no le ayudarán mucho en esa tarea, pero del lado de Armenta, tampoco hay mucha tela de donde cortar, con grupos antagónicos que quedaron luego de la designación del candidato. Pronto veremos que tanto permea en el Estado la figura de Rivera, pero su mayor ventaja parece ser que viene fresco, sin el desgaste que tiene Armenta y los demás aspirantes que contendieron internamente, a quienes el electorado ya los veía hasta en la sopa.
Pasados los festejos navideños podrá decirse si Rivera empezó con el pie derecho o podrá empezarse a cantar el triunfo por segundo sexenio consecutivo para Morena.
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El rival más fuerte
No cabe duda: el rival a vencer para cualquier aspirante morenista a la alcaldía de Huauchinango será el edil Rogelio López Angulo. Pasada la polémica si se construirá o no el Mercado Municipal, polémica que se evaporó con la visita del gobernador Sergio Salomón Céspedes Peregrina para colocar la primera piedra, las cosas para López Angulo vuelven a ser estables. Cierto, tiene negativos, pero no los suficientes para frenarlo en su anhelo de reelección. Más aún, si Morena quiere ser competitivo como partido y darle el mayor número de votos a Armenta, el candidato tendría que ser el alcalde. Claro está que no fácilmente se le sumarían los demás aspirantes, pero lo mismo sucedería con cualquiera que quedara, con la diferencia que los demás tienen un menor capital político. La otra decisión que podría tomarse sería que Morena no fuera en coalición y entonces podrían ir los aspirantes por diferentes partidos y todos sumarle votos a Armenta. No obstante, quien lograra ir por Morena localmente llevaría ventaja precisamente por la popularidad de la marca.
Hasta el momento se ven cinco aspirantes fuertes: Rogelio López Angulo, Miguel Márquez Ríos, Enrique “El Chato” Rodríguez, Gabriel Alvarado Lorenzo y Gustavo Vargas Cabrera.
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El Frente Amplio
Por el Frente Amplio podría suceder algo similar. Si no se da la alianza, podrían salir varios aspirantes y todos darle votos a Lalo Rivera, con la diferencia que en este lado no hay candidatos competitivos. Hoy que Eloy Martínez Amador, hermano del dirigente del PRD, Carlos Martínez Amador, ha levantado la mano, parece ser el único perfil con los recursos económicos para contender contra el eventual candidato de Morena, quien vendría con todo para obtener el triunfo. La ventaja es que, en el Frente sería relativamente más fácil sumar a todos a un perfil determinado, que en Morena en donde todos se sienten con más popularidad que el mismísimo López Obrador.