Hoy en día es común que las cumbres internacionales generen pocas expectativas positivas respecto a sus resultados y más aún cuando abordan un tema complejo como lo es el cambio climático. Este es el caso de la COP28, es decir, la reunión sobre el cambio climático que se celebra cada año; no obstante contar con este tipo de mecanismos -aunque a veces no consigan lo esperado-, es mejor que optar por desaparecerlos.
Las COP reúnen a los casi 200 países que forman parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que fue adoptada en 1992 y en la que se reconoció el papel que juegan los gases de efecto invernadero (GEI) en el cambio climático, así como la necesidad de las naciones de reducirlos. En otras palabras, las COP se crearon para darle seguimiento a ese tratado. En 1995 en Berlín, Alemania se llevó a cabo la primera de éstas (Planelles, 2023).
Más artículos del autor
En 1997 se estableció el Protocolo de Kioto que es el instrumento que pone en práctica los acuerdos de la Convención. Años más tarde, en la COP21 ocurrida en 2015 en la capital francesa, se logró la histórica firma por 196 países del Acuerdo de París sobre el cambio climático, el cual busca limitar el calentamiento global a 1,5 grados. Para lograrlo los países se comprometieron a llegar al punto máximo de emisiones de GEI lo antes posible. Ya que después de que las emisiones totales de CO2 alcanzan un pico histórico en un período determinado, empiezan a disminuir gradualmente.
El anfitrión de este año fueron los Emiratos Árabes Unidos, país en donde los líderes gubernamentales, empresarios, científicos y actores de la sociedad civil se reunieron del 30 de noviembre al 12 de diciembre a evaluar el balance de progreso según lo fijado en el Acuerdo de París y, por supuesto, a replantear el camino de una acción climática mundial viable y efectiva en un contexto en el que urge frenar el calentamiento global.
Sin embargo, como mencioné, en muchas ocasiones es díficil concretar acuerdos en los que se logren consensos generalizados. Y es todavía más complicado que las partes cumplan lo pactado, tan sólo recordemos la decisión del expresidente estadounidense Donald Trump de salirse del Acuerdo de París, lo que significó cuatro años perdidos en materia climática para el segundo país, sólo abajo de China, con la mayor emisión de gases de efecto invernadero.
La COP28 no fue una excepción: para empezar el país en el que se llevó a cabo es uno de los mayores productores de gas y petróleo a nivel mundial y, paradójicamente, uno de los temas principales de la agenda fue el futuro del uso de los combustibles fósiles, los cuales están prácticamente condenados, puesto que conseguir la transformación energética hacia una que sea renovable requiere de eliminar progresivamente este tipo de combustibles que, además, son los que mayor producen emisiones de GEI.
De hecho, una de las grandes críticas surgidas de los ecologistas fue que el presidente de la cumbre (que es designado por el país anfitrión) haya sido Sultán Al Jaber, quien funge como ministro de Energía en ese país y quien también es el consejero delegado de la Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dabi (ADNOC), la octava petrolera más grande del mundo (Planelles, 2023).
Otro aspecto que incrementó la dificultad de conseguir un acuerdo en Dubái es que, según los lineamientos de Naciones Unidas, cualquier tratado concebido en la cumbre climática debe ser respaldado por unanimidad y cuando tienes 198 naciones participando las posibilidades de que las negociaciones se estanquen son altas. En el caso de la COP28 fue Arabia Saudita el país que más se empeñó en entorpecer el consenso.
No es sorpresa que el primer exportador mundial de petróleo haya sido el país que se manifestó con mayor fuerza respecto al lenguaje que el texto del acuerdo emplearía para referirse a los combustibles fósiles: no es lo mismo “reducir” a “eliminar” gradualmente. Friedman, et al. (2023), explican en su artículo para NYT que, según las declaraciones de varias personas que participaron en las negociaciones, los diplomáticos saudíes fueron muy hábiles para bloquear las discusiones y ralentizarlas. Dentro de las tácticas que utilizaron destaca organizar una huelga en una reunión paralela y rechazar sentarse con negociadores que optaban por una eliminación gradual de dichos combustibles.
Claro que el reino saudita no es el único: en general, el bloque árabe mostró preocupación y desacuerdo con la propuesta de pactar la eliminación gradual del uso de los combustibles fósiles; en cambio China e India se negaron a que se señale al carbón como el combustible fósil más contaminante, mientras que Irán y Rusia ejercieron presión para adoptar disposiciones que protejan el gas natural (Friedman, 2023) y esto sólo por mencionar a algunos países que también presentaron inconformidades con los temas de la agenda.
Por otro lado, la llamada Alianza de Pequeños Estados Insulares que son aquellos que enfrentan un peligro mayor ante los efectos del cambio climático porque al ser islas literalmente pueden desaparecer si el nivel del mar sigue aumentando, asumieron una postura muy dura respecto a la necesidad de convenir el abandono gradual de los combustibles fósiles. Esta postura fue respaldada por las naciones europeas.
Así, poco después de que se dio a conocer el borrador del acuerdo final en la tarde del lunes 11, el cual omitía cualquier referencia a una “eliminación gradual” o “reducción gradual” y sólo se limitaba a “llamar” a los países a “reducir tanto el consumo como la producción de combustibles fósiles”, el representante de Samoa y presidente de la Alianza, Cedric Schuster, declaró que “no firmaremos nuestro certificado de defunción. No podemos firmar un texto que no contenga compromisos sólidos sobre la eliminación gradual de los combustibles fósiles” (McDonnell, 2023).
Ante este choque de posturas, el Secretario General de la ONU, António Guterres, dio un mensaje previo a la clausura en el que recordó la carrera contrarreloj que enfrenta la humanidad y enfatizó que "ahora es el momento de mostrar una ambición y flexibilidad máximas. Los ministros y mediadores deben ir más allá de las líneas rojas arbitrarias, las posiciones atrincheradas y las tácticas de bloqueo". Incluso el presidente de la cumbre, Al Jaber, expresó que la transición para abandonar los combustibles fósiles era esencial y por ello, los países deberían aspirar a la mayor ambición posible (Naciones Unidas, 2023).
Finalmente, el miércoles 13 de diciembre, un día después de la fecha establecida para la culminación de la COP28, se aprobó la Declaración “UAE Consensus”. Como era de esperar, muchos de los países participantes no quedaron conformes con el acuerdo final. Tal es el caso del grupo de países de la Alianza antes mencionada y de otros países en vías de desarrollo o que pertenecen al llamado Sur global como, por ejemplo, la India que expresaron sus inquietudes respecto a cuestiones como el no haber contemplado la financiación para que dichos países cumplan las metas pactadas (Shankleman, et.al, 2023).
Aunque el “UAE Consensus” ha tenido fuertes críticas por partes de la comunidad científica y de los mismos países, no todo es blanco o negro y me parece importante señalar lo que sí se puede celebrar de la Declaración: en primer lugar, el que probablemente es el logro más destacado, el haber incluido en el texto por primera vez en la historia de las COP la necesidad de abandonar los combustibles fósiles.
En efecto, ni Arabia Saudita ni otros productores de petróleo cedieron en usar el lenguaje de “eliminar” y/ o “reducir” estos combustibles. Al final, se habla de una “transición” y de optar por las energías renovables (Borestein, et.al, 2023). Sin embargo, este resultado demuestra que este tipo de mecanismos multilaterales sí impulsan a la cooperación entre los Estados y al menos en la palabra, la consecución de intereses comunes.
Además de este punto, otros que se incluyeron en el texto son: el compromiso de triplicar el despliegue de energías renovables; el objetivo “deforestación para 2030” para atender la desertificación y proteger los bosques, lo que también es la primera vez que se considera en un acuerdo de las Naciones Unidas. Este aspecto se ve como algo positivo en la lucha por entrelazar a la naturaleza y el clima, ya que ambos suelen ser tratados como temas diferentes (The Guardian, 2023). Por último, está el anuncio de la creación del fondo de pérdidas y daños para compensar a los países más vulnerables ante la crisis climática (Forbes, 2023).
Sin duda, el camino para un cambio trascendente que realmente garantice el objetivo de no sobrepasar los 1,5 grados delineado en el Acuerdo a París y que se logre a través del impulso de la llamada justicia climática, se ve todavía muy lejano. Insisto, el acuerdo derivado de la COP28 tiene muchos aspectos que pueden criticarse y muestra que la lucha por salvar nuestro planeta debe continuar. No obstante, el propósito del texto de hoy es visibilizar que este tipo de encuentros y sus resultados siguen siendo relevantes en un sistema internacional anárquico y en un mundo que necesita reavivar el multilateralismo como no se había necesitado en muchas décadas.