Sábado, 27 De Junio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Recuperar la cultura de la paz en la juventud

Se necesita dotar a los jóvenes de herramientas para romper el ciclo de la violencia

Fernando Manzanilla Prieto

Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 

Martes, Diciembre 12, 2023

En los últimos días, con mayor frecuencia, se han hecho públicos casos de violencia en los que los protagonistas, desafortunadamente, han sido jóvenes que habitan la entidad. Esta situación, más allá de ser una simple casualidad, se convierte en un tema que debe preocuparnos a todos los que integramos la sociedad y por ende es una invitación a actuar de manera oportuna para evitar que escale.

Y es que la violencia es un fenómeno que no solo tiene consecuencias inmediatas para quienes la ejercen, sino que también deja cicatrices duraderas en la sociedad en general. Incluso para la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los costos sociales y económicos de la violencia juvenil son mucho más altos que los de cualquier otra modalidad y a menudo duran toda la vida.

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Al respecto, recordemos cómo hace algunos meses se viralizó un video en el que se ve a un grupo de universitarios, entre ellos a unos gemelos, golpear brutalmente a otro joven, Ernesto Calderón, en la zona de Angelópolis, tras supuestamente haberles reclamado el que hayan aventado una cerveza a su amiga.

Pero éste no es un caso aislado, sino todo lo contrario, parece ser una conducta que se repite en diferentes ámbitos y que incluye, con gran énfasis en el escolar, es por ello que también recientemente se han difundido videos de jóvenes estudiantes ejerciendo bullying o violencia escolar en contra de sus compañeros.

En este sentido, recordamos los penosos episodios difundidos a través de videos en los que se visualiza a jóvenes de secundaria, oriundos del municipio de Libres, golpeando y pateando a una de sus compañeras; hecho que también se presentó en Zacapoaxtla con jóvenes de bachillerato.

La violencia ha escalado a tal grado que incluso en la capital poblana ha sido denunciado el ataque que sufrió un joven preparatoriano afuera de su domicilio por parte de uno de sus compañeros, quien lo apuñaló por el simple hecho de ser afrodescendiente.

Más recientemente, ha llamado la atención pública el actuar de un adolescente que en un video se puede ver golpeando sin ton ni son a un guardia de seguridad que le pidió identificarse para acceder al fraccionamiento donde habita, por lo que incluso ha sido catalogado como un caso de clasismo.

Por si estas situaciones no fueran suficientes, más recientemente, se han difundido videos de la golpiza que jóvenes, con uniformes del Colegio Europeo de la capital, propinan a un compañero e incluso lo hacen acompañados de adultos, presuntamente, padres de familia.

Estos casos, más allá de escandalizarnos, son la muestra fehaciente de la urgencia que tenemos como sociedad de actuar para que la violencia no siga penetrando en uno de los ámbitos más importantes, como son la infancia y la juventud.

Al respecto, considero importante el tener presente que la violencia no es una conducta innata, por el contrario, ha sido aprendida y, por lo tanto, puede ser erradicada de la vida y la realidad de las nuevas generaciones.

Especialistas señalan que los niños y niñas absorben actitudes y comportamientos de su entorno, ya sea en casa, en la escuela o a través de los medios de comunicación. Por ello es crucial comprender que la violencia no es simplemente un acto aislado, sino un síntoma de patrones de comportamiento que han sido internalizados.

En este sentido, es que es vital trabajar en la promoción de la cultura de la paz como un pilar esencial en la construcción de sociedades seguras y resilientes, además de justas y equitativas.

Al centrarse en la construcción de relaciones saludables, el desarrollo de habilidades socioemocionales, la prevención de la desigualdad y la discriminación, así como ofrecer alternativas constructivas, podemos allanar el camino hacia un futuro donde la paz sea el cimiento sobre el cual florezca la sociedad.

Se requiere enseñar habilidades de resolución de conflictos a los jóvenes, al tiempo de promover la comunicación efectiva y la empatía. Así mismo se deben fortalecer los vínculos sociales que tengan la tarea de ser redes de apoyo para actuar como barreras naturales contra la violencia.

La tarea de fomentar una cultura de paz recae en la colaboración entre sociedad, padres y madres, instituciones educativas y líderes comprometidos, lo cual permitirá forjar un camino que permita contrarrestar las narrativas violentas.

Los hogares son cunas de valores y comportamientos. Trabajar de raíz implica involucrar a los padres en programas que fomenten la crianza positiva, la comunicación efectiva y la resolución no violenta de conflictos.

También, el aprendizaje de habilidades para manejar el estrés y la frustración de manera saludable contribuirá a un comportamiento menos impulsivo y agresivo. Es por ello que es importante introducir en prácticas como la meditación a los más jóvenes.

Desde luego, será vital involucrarlos en actividades cívicas y comunitarias, así como fomentar la creatividad y la expresión artística, lo cual constituye una vía constructiva para canalizar sus emociones.

Al final, al abordar los factores subyacentes, proporcionar apoyo y oportunidades, y reformar los sistemas que manejan la violencia, podemos construir una sociedad más segura y ofrecer a los jóvenes las herramientas necesarias para romper el ciclo de la violencia y garantizar un futuro prometedor para las generaciones venideras.

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