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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

EE. UU. y China: una tregua pasajera

Xi y Biden optaron por cesar con el conflicto a cambio de garantizar sus intereses nacionales

Daniela Ruiz Vélez

Es egresada de la Licenciatura en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana de Puebla. Trabajó en el Center for Immigrant and Refugee Accompaniment (CIRA) en Loyola University en Chicago. Sus áreas de interés son: la relación bilateral entre México y Estados Unidos, y la política exterior de EE. UU.

Jueves, Noviembre 30, 2023

El presidente estadounidense, Joe Biden y el presidente de China, Xi Jinping, decidieron poner en pausa la competencia que en múltiples frentes ambas potencias han mantenido durante los últimos años para tratar de conducir la relación bilateral hacia una dirección más estable. La razón no responde a una lógica de entendimiento y respeto mutuo basada en la cooperación, sino a que ambos países deben atender cuestiones internas y externas que sobrepasan su capacidad de continuar en una relación tan conflictiva.

Así, el pasado 15 de noviembre, los líderes de las dos potencias mundiales más importantes se reunieron en San Francisco en el marco de la celebración anual del Foro de Cooperación Económica de Asia Pacífico (APEC), que se llevó a cabo en esa ciudad estadounidense del 11 al 17 de este mes. Ésta fue la primera ocasión en que Biden y Xi conversaron cara a cara desde su encuentro de hace un año en Bali, Indonesia.

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Si bien la dinámica entre Washington y Beijing nunca ha sido sencilla, durante la presidencia de Donald Trump la tensión en la relación bilateral llegó a niveles que no se habían visto en décadas recientes. Dentro de los factores que más la deterioraron está la famosa guerra comercial orquestada por el republicano; sin embargo, hay muchas otras cuestiones que sucedieron en su administración y que en conjunto, intensificaron la competencia estratégica que hoy observamos entre ambos países. Cabe decir que con la llegada de Biden a la Casa Blanca el conflicto lejos de revertirse siguió escalando, lo que explica la necesidad de reunirse con su homólogo chino para intentar abordar sus diferencias.

El gran problema es que, en la mayoría de los temas con excepción, tal vez, del cambio climático, la visión que cada uno tiene es contraria a la del otro. Los asuntos prioritarios del encuentro fueron los de materia militar; tecnológica, en específico lo vinculado con la inteligencia artificial; económica; así como la creciente crisis del uso de fentanilo en EE. UU. y la más importante: Taiwán, el cual es sin duda el asunto más sensible para la relación bilateral. De hecho, uno de los sucesos que más contribuyó a la escalada de tensiones fue la visita a Taiwán de la entonces presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, en agosto del año pasado.

A este hecho hay que sumarle, el  derribamiento por parte de la administración Biden de un globo de vigilancia chino sobre el territorio de la potencia norteamericana; las tensiones económicas derivadas de las restricciones a empresas chinas que han afectado de manera importante la inversión extranjera en China; el aumento de la actividad militar del gigante asiático cerca de Taiwán; así como las intercepciones de aviones de combate chinos sobre el Pacífico Occidental, los que en varias ocasiones han estado a punto de chocar con aviones estadounidenses (Wang y Pierson, 2023).  Todo esto muestra el delicado estado de las relaciones sino-estadounidenses y lo complicado que resulta sentar a estas dos potencias a dialogar.

Por esta razón, uno de los resultados que más resaltan de esta cumbre bilateral es que la potencia asiática haya accedido a renovar los canales de comunicación militar con los Estados Unidos, los cuales habían sido cerrados totalmente tras la visita de Pelosi. En concreto, Xi acordó restablecer el diálogo de alto nivel entre militares, así como tres compromisos específicos que igual fueron cancelados en 2022 (Saks, 2023).

Sin embargo, como lo explica David Sacks (2023), en su artículo para el Council of Foreign Relations, el inconveniente es que EE. UU. y China tienen una concepción muy diferente sobre el papel que juegan este tipo de comunicaciones en su relación: para la potencia norteamericana estos canales deben operarse para así, poder coordinarse y evitar posibles accidentes entre ambas milicias. En cambio, la potencia asiática considera que EE. UU. solicita una comunicación directa para mitigar el riesgo de conducir operaciones cerca de China por lo que si no cuentan con éstos canales es probable que opten por no llevarlas a cabo. Es decir, Beijing lo ve como un punto a su favor para las negociaciones con Washington.

Por otro lado, el líder estadounidense fue el único que trajo a la mesa cuestiones como la guerra ruso-ucraniana, la guerra entre Israel y Hamás y los conflictos en el Mar de China del Sur, cuyas aguas son reclamadas casi en su totalidad por la RPCh. Hecho que le ha generado enfrentamientos con otros países de la región como por ejemplo, Filipinas y Vietnam, que también demandan su soberanía sobre esas aguas y por supuesto, con los EE. UU. que abogan por su derecho a navegar libremente por aguas internacionales.

No sorprende que Biden haya aludido a estas dos guerras, pues Xi es un actor cercano a Vladimir Putin y su país ha respaldado a Rusia de diferentes formas. Además, mantiene una buena relación con Irán, país que puede tener un rol importante en el desarrollo de la guerra en Gaza. Por lo que el mandatario estadounidense sabe muy bien que China puede ser un actor influyente en la resolución de ambos conflictos y, por ende, a Washington no le conviene seguir en los peores términos con Beijing. 

Dicho de otra manera, cuando menciono que en el contexto actual ni China ni EE. UU. tienen la capacidad de continuar con una relación bilateral basada en el conflicto es porque en efecto, el sistema internacional está prácticamente ardiendo. En el caso de los Estados Unidos ya bastante tiene Biden con esos dos frentes abiertos, aunado a una compleja contienda electoral el próximo año como para destinar tiempo y recursos extras a una confrontación constante con China, como se experimentó en los tiempos de Trump.

Para el caso de China la desaceleración de su crecimiento económico, sumado a otras cuestiones como las caída de las exportaciones netas, la crisis del sector inmobiliario, una deuda excesiva, una tasa de desempleo juvenil en aumento y con la inversión extranjera directa en números negativos por primera vez en décadas (Sacks, 2023), ponen a Xi Jinping y al partido comunista en graves aprietos y con una necesidad de proyectar la apertura del mercado chino y de recuperar la confianza de los inversores extranjeros. El hecho de que Xi, cenara esa misma noche con empresarios estadounidenses y que diera un discurso en el que enfatizó las maneras en que ambos países pueden manejar sus diferencias es prueba de esto (Wang y Pierson, 2023).

Al respecto, Wang y Pierson (2023), explican en su artículo para el NYT que, el líder chino buscaba convencer a Washington y al mundo, que está dispuesto a colaborar con EE. UU., pero también demostrarle al pueblo chino que defiende firmemente los intereses de Beijing al mostrar a su país como una potencia mundial que está a la par con la potencia norteamericana. Esta actitud de Xi más abierta y menos hostil igual pretende lograr una reducción de las políticas económicas estadounidenses que afectan directamente a su país, no obstante, es poco probable que Biden ceda en ese aspecto.

Otro de los temas de alta prioridad, sobre todo para Biden, fue el asunto del fentanilo debido a que el país norteamericano enfrenta una epidemia por el uso de opioides: actualmente lo decesos relacionados con esta droga son la principal causa de muerte entre los jóvenes estadounidenses y China es el principal proveedor de los precursores químicos que los cárteles mexicanos utilizan para fabricar este opioide (Sacks, 2023).  Este tema es uno más de los que se vio afectado como resultado de la presencia de Pelosi en Taiwán, ya que China detuvo toda la cooperación en materia antinarcóticos con EE. UU.

Por lo que el presidente estadounidense puede atribuirse una victoria al haber conseguido que Xi acordara establecer un grupo de trabajo bilateral enfocado en los antinarcóticos. No obstante, como pasa con la cuestión de la comunicación entre militares, el presidente chino ve este tema como uno de interés para Washington por lo que no sería extraño que lo utilice para sacar ventaja para movilizar los intereses de Beijing (Sacks, 2023).

Finalmente, queda la cuestión de Taiwán, en la que ambos presidentes mantuvieron sus posturas tradicionales: por un lado, Xi Jinping reafirmó que Taiwán pertenece a la RPCh y que su reintegración al territorio es inevitable. Asimismo instó a los EE. UU. a detener la venta de armas a Taiwán y por el otro, Biden enfatizó en que su país sigue con la política de “una sola China” que básicamente está en contra de un cambio del statu quo por medio de acciones unilaterales (sean de Beijing o de Taipei). Lo relevante de ambas declaraciones es que tanto el líder chino como el estadounidense tuvieron un tono mucho más suave que el que en otras ocasiones respecto al asunto taiwanés.

Lo que demuestra una vez más, la urgencia de los dos mandatarios por pausar, al menos de forma momentánea las confrontaciones directas. En enero hay elecciones presidenciales en Taiwán y dependiendo de los resultados es posible que esta nueva fase de tratar de cooperar en ciertos ámbitos, quede sin efecto.

Para concluir, baste decir que la competencia entre estas dos superpotencias es ineludible pues la reconfiguración del sistema internacional a un mundo multipolar sigue en pie y la lucha por liderar e influir la política internacional es parte de este cambio. La relación sino-estadoundiense es la más importante para el desarrollo del siglo XXI por lo que monitorear este tipo de encuentros es fundamental.

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