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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Una bomba de relojería

Cuatro mercados son el eje del control delictivo de un tercio de Puebla capital

Mauricio Saldaña

Doctor en Administración Pública con estudios de doctorado en Ciencias Penales. Especialista en inteligencia y cotrainteligencia con más de 30 libros publicados. Ha diseñado un mapeo sobre la feudalización de la delincuencia organizada en México.

Jueves, Noviembre 23, 2023

Los límites del problema
Primero, unos datos para entender el asunto. Hay cuatro mercados en esta historia: el Hidalgo, el Unión, La Cuchilla y el Morelos. Si usted tiene el control de esos cuatro lugares, es usted dueño del norte de la capital.

Secuestradas por ese rectángulo mal trazado, encontrará a las colonias 10 de Mayo, México 68, Naciones Unidas, Revolución Mexicana, Tepeyac, Villa Frontera y, Villa Verde, al igual que el Estadio Cuauhtémoc, Plaza Loreto, Parque Puebla, Plaza Tolín y varios parques industriales que le llevan a la saga del caos: las juntas de Canoa y La Resurrección. No olvide al Hospital General del Norte, auténtico territorio comanche.

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¿Le encuentra algo de sentido? Esas colonias, unidades habitacionales y juntas auxiliares son el vórtice de la delincuencia organizada en Puebla capital. En el tramo atendido, la autopista tiene al Hotel One, adonde le dieron piso a “El Profe”.

Por supuesto, el lado sur de la ciudad de Puebla también tiene lo suyo: algunas veces, provisto de suficiente agua, he caminado largamente por Castillotla, San Ramón y las inmediaciones de Centro Sur: hay un intenso narcomenudeo, pero difícilmente podría comparar al norte con esta última zona.

A estas alturas, apunte usted una pregunta: ¿por qué el sur de Puebla capital no está en llamas y el norte está fuera de control? ¿A quién le conviene la paz del sur? Bien, prosigo.

La delimitación del terreno podrido de Puebla capital es tan sencilla que hasta un mandatario estatal o municipal podrían entenderlo. Pero no. Habida cuenta de esa oquedad cognitiva, habrá que atender por qué la sangre poblana mana desde esas arterias.

El valor de los recintos

El Mercado Morelos es el epicentro de la guerra por parte del crimen organizado, en la zona del norte de Puebla Capital. Quién podría dudarlo. Empero, el Mercado Hidalgo es el lugar que complementa la lógica del desastre.

El Mercado Hidalgo tiene dos orígenes complementarios, el político y el comercial. El primero es sencillo de resumir: fue consecuencia de una conflagración territorial entre grupos de presión y el gobierno estatal/municipal. Décadas después, dicho recinto sigue en las mismas, a ratos en paz y a ratos en disputas con el poder local.

El segundo origen se entiende al combinar, a su vez, dos componentes: las necesidades que cualquier mercado atiende en términos de clientes y, su rol como generador de innumerables empleos informales que han absorbido a no pocas personas que se saben comerciantes.

En ese tenor, en los años setenta del siglo pasado, el nodo central del comercio era el centro de la ciudad de Puebla y en todo caso, su lebensraum era el Mercado La Victoria, aquelarre de todas las mercancías habidas y por haber.

Entre dimes y diretes, distintas administraciones tomaron rumbo hacia una convicción: establecer una zona comercial ordenada y turística, para lo cual estorbaban los ambulantes, así que se aplicó una fórmula mixta: para los que quisieran llevar la fiesta en paz, habría mercados auxiliares; para los belicosos, persecución y porrazos al gusto.

Y así fue como el 28 de octubre de 1973 se inició la regularización comercial en un ambiente interminablemente viscoso, en donde no hay buenos ni malos por completo; ni todos los gobernantes han sido unos malnacidos ni todos los comerciantes se muestran como serafines y deidades ajenas a la maldad.

De aquellos polvos nació la protesta por pretender eliminar a los comerciantes no establecidos y ante el ultimátum de ocupar espacios ordenados, pero a todas luces incapaces de mantener el ritmo de venta al que se estaba acostumbrado, una parte de ellos plantó cara.

Y así, a los creadores de ese movimiento no les costó demasiado trabajo bautizar a su causa, con “28 de Octubre” como significante. Lo de Unión Popular fue ya mero adorno: la fecha es la importante.

Han pasado toda suerte de planes y programas de “reordenamiento” desde entonces, siempre bajo la idea de confinar en recintos a los comerciantes de ese y otros movimientos, casi siempre con episodios intermitentes de tomar o dejar las calles, dependiendo del talante que muestre el poder en turno. Cuando la chequera habla, la tormenta cesa.

La lógica pública siempre ha sido la misma: enviar a los comerciantes ambulantes a puntos específicos, casi todos del nororiente. En algún momento, los gobiernos dispusieron de lo que se conoce como Mercado Defensores de la República para contener el problema, pero el clientelismo hizo lo suyo y así llegaron vendedores asociados a la Confederación Nacional de Organizaciones Populares, uno de los brazos del PRI.

En esas condiciones, se dio la construcción de un polo en el norte, constituido por la Central de Autobuses, la Central de Abasto y los mercados auxiliares, como el Héroes de Puebla, Morelos, Zapata, Zaragoza y claro, el Miguel Hidalgo, entre otros.

En un parpadeo se llegó a 1986, cuando el profesor Jorge Murad logró establecer las bases mínimas para dejar en paz al Centro Histórico y avanzar en una solución al menos temporal con la 28 de Octubre. Ya vimos el costo que tales medidas trajeron para el entonces alcalde.

Y se armó el caos

Las cosas comenzaron a facilitar el que organizaciones delictivas metieran la mano en los mercados. Fue en los años ochenta, cuando el Ayuntamiento entregó una porción del predio para el Mercado Hidalgo a favor de la 28 de Octubre, pero con un grupo de comerciantes que jugaban a dos banderas, la de los ambulantes y la del gobierno.

Justamente los que se movían más del lado del gobierno municipal comenzaron a azuzar batallas en contra de la 28 de Octubre, sentando las bases del mercado que ahora se conoce como “La Unión”. Separados por un parpadeo, dos polos de riesgo complementarios.

Este fue el caldo de cultivo para que pequeñas células criminales comenzaran una pugna por el control territorial al interior de ambos recintos, con el propósito de vender mercancía ilegal, entre la que sobresalían algunos narcóticos.

Desde esos años hasta el homicidio de Meztli Sarabia, solo hubo un paso. Por lo que se refiere a “La Cuchilla”, inicialmente era un lugar para expender alimentos, cuyos propietarios de a poco arrancaron con locales. De la venta de comida se migró a ofrecer contrabando.

Teniendo frente a frente a “La Cuchilla” y al Mercado Hidalgo, entenderá que había condiciones propicias para generar lo que se llama en Inteligencia, una amenaza difusa: los de la 28 de Octubre con sus líos con el gobierno y “La Unión”, aderezada con infiltraciones guerrilleras y luego, el arribo de delincuentes prestos para vender contrabando y narcóticos.

En un suspiro, la fruta y la verdura fueron desplazados por los productos pirata y de ahí, se migró a establecer recintos ocultos para producir “fayuca”. Entrando a ciertas zonas de esos recintos, conocí lugares adonde se podía clonar docenas de discos compactos en un santiamén, para después mover esa mercancía a otros mercados y claro, a un sinnúmero de vendedores ambulantes.

Esa amenaza difusa que le comento es ahora mismo, tan vigente y peligrosa como que grupos criminales de alto impacto saben que quien tenga el control de esos puntos específicos, tendrá la posibilidad de imponer un portafolios delictivo que consolide por completo la monopolización criminal del nororiente de Puebla capital. Imagine esas ganancias.

Si esas potestades se combinan con la actividad delictiva de todas las Juntas Auxiliares al norte de la ciudad, la pinza se cierra. Recordará usted que le he platicado en pormenor de los movimientos criminales en las presidencias auxiliares, que ya migraron de la violencia a la falibilidad, en donde dos poderes gobiernan: los de las urnas y los del crimen.

A todo lo anterior agregue la complicidad de un ejército de cuadros que se inscriben en las secretarías de Seguridad del municipio de Puebla, del estado, de la Fiscalía y de la Guardia Nacional. Con eso, hay suficiente para que reviente la gobernabilidad en la zona multicitada.

A todo lo anterior, sume los problemas en el paraíso. Ahí están las complicaciones entre distintos miembros de la familia Sarabia, en donde hay fuertes diferencias por la gestión de su empresa, sin omitir los puntos de narcomenudeo que, como diría un exgobernador, son como la humedad: se meten por cualquier lado.

La profecía del mercado

El punto de quiebre que le espera al Mercado Hidalgo se dará en cualquiera de dos momentos: la incapacidad total o muerte de Rubén Sarabia o, la capitulación del recinto a favor de los grupos del crimen organizado que trabajan ahí adentro, pero no tienen el control absoluto del lugar y claro está, sobre los locatarios.

Entenderá usted que tampoco ayuda que tengan en sus narices a dos recintos que rebosan conflictividad y en el que “Los 14´s”, “El Caimán”, “El Gabo”, más una constelación de panegiristas y detractores de Christian Romero, ya han demostrado que esos mercados tienen como destino final, consolidar al poder criminal en el norte de Puebla capital.

Sobran los informes de Inteligencia Militar vía la filtración Guacamaya que señalan nexos entre administradores de mercados y la delincuencia organizada, agregue usted ahora mismo un riesgo adicional: el gobierno estatal abrió una rendija para que regresara un par de personajes que estaban en prisión, acotados, pero insisto, en prisión.

¿Para qué abrir la puerta a dos personas que van a reensamblar la maquinaria criminal que controlaron hace apenas un suspiro? ¿Qué priva: la falta de información de inteligencia o la ocurrencia de que todo es política, aun en lo criminal?

Las conexiones de San Miguel

Apunte usted a una serie de personajes que entrando y saliendo han ido acumulando su poder en las filas del Penal de San Miguel, incesante foco de expoliación y caja chica de un tumulto de funcionarios:

Hilario “El Guitarras”, delincuente con epicentro en San Martín Texmelucan y actividad en Puebla capital, quien posee vínculos con “Los Tepeacas”. La realidad es que “El Guitarras” sigue operando con todo y la detención de veinte colaboradores suyos.

Apunte a Francisco “El Vocho”, detenido el 3 de febrero de este año, siendo uno de los autores materiales de la ejecución del hermano de Christian Romero, Francisco “El Pantera”, el 24 de agosto de 2022 en Amozoc.

Tiempo después se sabría que “El Vocho” también tuvo que ver la muerte de “El Calaco”, quien entonces dirigía los rumbos criminales del Mercado Independencia y de las tienditas en la colonia Popular, a quien le dieron piso el 28 de julio de 2022, en Xochimehuacan.

Sume usted que en octubre de 2023, había ingresado al recinto de referencia “El Kakas”, relevante huachicolero, quien se hizo de un staff de lujo: “El Mudo”, “El Cabezas”, “El Tapia” y “El Jiménez” para dedicarse a reventar a cuanto preso se les pone enfrente, cobrando piso dentro de la instalación penitenciaria.

Y, como punto de rebose considere la más reciente transferencia de reos desde San Miguel o distintas entidades federativas, lo que terminó por maximizar la pugna entre otros barones del presidio, incluyendo los fieles a “El Tapia” y “Los Primitivos”.

La conexión entre los mercados atendidos y el Penal de San Miguel es evidente: en el establecimiento penitenciario se encuentran integrantes de grupos delictivos que han formado parte de la estructura que alguna vez formó Marco Antonio “El Negro” y por derivación, “Los 14´S” y “El Grillo”: “Los Sinaloas”, “Los Pillines” y “El Diablo de Analco”, entre otros.

Si apunta que el cobro de piso y la actividad delictiva de los mercados se conecta con distintos reos en San Miguel y en este último se expolia a la población penitenciaria al tiempo que se supervisa la operación criminal en el nororiente de la ciudad y más lejos, en el rubro estatal del robo de combustible, entenderá usted que el problema no parece ser municipal.

Resumiendo

Los mercados atendidos son el eje del control delictivo de un tercio de Puebla capital, afectando la vida de millones de personas residentes o en tránsito.

Y mientras tanto, dos gobernantes reducen el problema a ver quién se agota de jugar al estoico. Ya reúnanse y pónganse a trabajar, es la idea.

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