El viernes 17 de noviembre el Doctor en Historia Leonardo Lomelí Vanegas tomó posesión como rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. Con este motivo dirigió un mensaje a la comunidad universitaria y, en realidad, a toda la nación.
El Doctor Lomelí escogió muy cuidadosamente a los rectores y a los personajes que se han ganado un lugar en la Historia de la UNAM y empezó citando al rector Javier Barros Sierra quien afirmó que “la UNAM es el espejo del mejor México posible”.
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A lo largo de su discurso hizo énfasis en dos cuestiones centrales: La Ley Orgánica de la UNAM y su carácter autonómico.
Hizo además una serie de afirmaciones que vale la pena mencionar. Señaló que la educación es el instrumento más poderoso para transformar a la sociedad y superar las brechas socioeconómicas y culturales que afectan a la sociedad mexicana. Reiteró la vocación nacionalista y latinoamericanista de la UNAM y la importancia del intercambio académico con el resto del mundo. Consideró también a la UNAM un canal de movilidad social y señaló el reto de recibir cada vez más alumnos. Al respecto se comprometió a incrementar las becas y los apoyos a las y los estudiantes.
No podía dejar de mencionar este gran reto si tomamos en cuenta que la UNAM sólo acepta al 10 por ciento de los aspirantes y en el caso de Medicina sólo el 1 por ciento. O sea, de cien aspirantes a ser médicos(as) sólo reciben a una persona.
Respecto a la renovación de la planta académica reconoció que la mayor carga docente recae en los profesores de asignatura y en las y los técnicos académicos, para quienes consideró necesario actualizar la legislación y generar los estímulos que propicien su carrera académica.
Esta declaración nos hace pensar que su rectoría no se propone cambiar el sistema de compensación salarial que consiste en generar “estímulos”, pero no plazas académicas que les garanticen la estabilidad laboral indispensable para hacer esa carrera académica. Sin embargo, agradeció a los comités ejecutivos de los sindicatos que tienen la titularidad de los contratos colectivos, pues gracias a ellos la universidad puede realizar sus funciones. Aquí fue interrumpido por un aplauso por parte del auditorio.
En verdad que resulta absurdo reconocer a las representaciones sindicales que se conforman con un 4 por ciento de incremento salarial, cuando el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) obtuvo el 8.2%. Claro, la base sobre la cual se aplica el incremento es distinta a la que prevalece en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla que, en enero próximo, tendrá su revisión salarial.
Afirmó que la problemática de la investigación en la UNAM se ocupa de los problemas nacionales y señaló dos falsas disyuntivas. La primera entre optar por la ciencia básica o la aplicada. La segunda entre optar por las ciencias naturales, exactas e ingenierías o por las ciencias sociales, las humanidades y las artes. En realidad, señaló, debemos revalorar la política y el cultivo de estas últimas.
Tal parece que el doctor Lomelí se pronuncia en contra de un cientificismo que establece una jerarquización de las ciencias y no les concede a las humanidades ni a las artes el papel fundamental que desempeñan en la formación crítica y comprometida de las y los estudiantes, como afirmó también. Sobre todo, me parece muy valioso rescatar su positiva apreciación del “hacer política”.
Respecto a la cuestión central de la Ley Orgánica afirmó que la forma de gobierno en la UNAM es adecuada a las características y funciones de una institución académica y, para sustentar tal declaración, se apoyó en el pensamiento de Pablo Gonzáles Casanova quien en 1990 señalaba: “En lo que se refiere al gobierno universitario es indispensable reconocer que en los últimos años la participación democrática ha aumentado … La Ley Orgánica vigente puede ser aplicada de formas democráticas … no sólo en el estatuto y los reglamentos sino en la práctica …pensar que profesores y estudiantes tienen la responsabilidad de democratizar sus propias organizaciones…”
Sin duda, recurrir a las opiniones del recientemente fallecido doctor Pablo González Casanova, rector de la UNAM de mayo de 1970 a diciembre de 1972, y fundador del Colegio de Ciencia y Humanidades y del Sistema Abierto de la UNAM, nos lleva a reflexionar seriamente sobre el contexto y alcance de estas declaraciones, pues a pesar de sus logros como rector, las diferencias con el gobierno representado por Luis Echeverría Álvarez lo llevaron a renunciar, en un acto que Luis Villoro calificó de asalto a la autonomía universitaria.
Es un hecho que don Pablo le concedía mucha mayor importancia a la organización de profesores y estudiantes, y a las prácticas de la vida universitaria que a su ordenamiento jurídico. Y en cierto sentido tiene razón si a pesar de contar con una ley eminentemente autonómica ésta se viola para hacer prevalecer intereses que nada tienen que ver con los objetivos de la universidad pública.
Aun así, creo que es importante contar con un marco legal que propicie la vida democrática interna a la universidad y difícilmente podemos aceptar que una Junta de Gobierno, por conformada que esté por personas notables, pueda desempeñar el papel que les corresponde a los protagonistas de la vida universitaria: las y los estudiantes y las y los docentes.
Con respecto al otro punto central, la autonomía universitaria, no podía faltar el acudir al pensamiento de Gómez Morín. Así, para el doctor Lomelí la autonomía es la condición necesaria para formar profesionales críticos y comprometidos con la solución de los problemas que aquejan a México y al mundo. En tanto en la universidad confluyen todas las clases sociales y las ideologías, se comprometió a defender la Autonomía y a defender la universidad de cualquier imposición de una visión sobre la realidad y el conocimiento. La pluralidad es nuestra fortaleza, puntualizó. Sus palabras fueron selladas con un enorme y prolongado aplauso del auditorio.
¿No les parece a ustedes de la mayor importancia resaltar que la defensa de la autonomía es algo mucho más complejo de lo que podríamos pensar?