Morir en la barbería
Hace algún tiempo viví en San Pedro Garza García, Nuevo León. Haciendo de lado al calor sofocante, era agradable caminar por la noche. Cerca, a unos minutos se encuentra un lugar llamado Tampiquito, en el que solía comprar una paleta helada, por las noches.
Dos rasgos de San Pedro me parecen excepcionales: el primero es que su seguridad es de primer mundo, por la combinación de guardias municipales con privados, dado que algunos de los hombres más ricos de México, viven ahí o cerca, en Chipinque.
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El segundo rasgo es que es de lo más natural vivir en medio de la opulencia; es perfectamente posible caminar con un Rolex en la mano, comprando mandado. Pocos lo ven mal. Y la seguridad es tal, que es posible andar así sin temor a que le mochen la mano para robarle.
Sirvan estos puntos para ayudarle a entender un caso: era noviembre de 2021 y un hombre se estaba arreglando la barba en una peluquería que está en las calles Río Manzanares y Río Rosas, en la colonia Del Valle, como a las cinco y media de la tarde.
Su mujer andaba curioseando por una joyería cercana y este personaje estaba haciéndose la barba porque al día siguiente sería su cumpleaños. De la nada, dos hombres entraron a la peluquería y uno de ellos le dio un disparo certero a la cabeza.
Aquel ejecutado era nada menos que Sergio Carmona Angulo, uno de los huachicoleros más poderosos de México y Estados Unidos. Había comenzado de la nada y poco a poco fue haciéndose de los contactos para construir un emporio en el norte, con sede en Tamaulipas.
Carmona Angulo dio dinero a todos los partidos políticos, bajo la lógica evidente de que no importara quien ganara en las elecciones: forzosamente, uno de esos le debería el favor. Y de ahí, llegaban los negocios exorbitantes.
Los amigos en Tamaulipas me dicen que Américo Villarreal tiene mucho que contar sobre el financiamiento de su campaña, por parte de ese personaje y sus empresas. Pero también me comentan que estaban chirriando sus relaciones con algunos de los dirigentes nacionales de Morena; el motivo era que Carmona no solo sabía demasiado, sino que estaba involucrándose en decisiones políticas y partidistas.
Tras su muerte, dos hipótesis aparecieron pronto: la primera es que, como dicen los clásicos, fue un crimen de Estado que jamás podría esclarecerse; la segunda es que otro huachicolero de alto perfil lo mandó matar para quedarse con su negocio.
Con el jovencito Samuel García jugando a ser mandatario, la investigación se pudrió. Es muy probable que pasen décadas para saber qué pasó en realidad. Lo único que se sabe es que, tanto gente del PAN como del PRI y de Morena habían sido beneficiados por Carmona, en cifras nunca inferiores a cientos de millones de pesos.
Mucho se decía que Francisco Carreón, “Pancho Carreón”, entonces jefe regional de Los Zetas, abatido por la Marina Armada en 2017, podría dar luces del asunto. Imagínese, casi cinco años antes de la muerte de Carmona, el río sonaba. Y un año después, fue fotografiado con chaleco guinda, “apoyando” a candidatos más pequeños.
Así, la evidencia apunta en una dirección: cuando el financiero de las campañas estorba, hay que eliminarlo. ¿Tiene sentido? Va el asunto de “El Profe”.
Los jefes del caído
El caso de la ejecución de “El Profe” en Puebla capital, es interesante por varias aristas, entre las que sobresale la política: ¿cuál es el timing entre el 10 de noviembre y su ejecución, a menos de noventa horas de las farsas electorales de Morena?
Van las demás aristas del tema señalado:
Rafael Melgarejo “El Profe” se desempeñó como “director administrativo” de Los Zetas, por casi dos tercios de la existencia de este grupo; es decir, entre 2006 y 2019. No cualquiera puede presumir algo así, considerando que, a la fecha, todos Los Zetas fundadores ya murieron o se encuentran en prisión.
Como lo mencioné en la entrega anterior, Los Zetas han tenido como corredor histórico a los estados de Campeche, Puebla, Tabasco, Tamaulipas, Veracruz y Yucatán, sin omitir a Morelos y Guerrero, claro está. Las oquedades cognitivas de Morena del 10 de noviembre, impactaron en tanto cuanto territorios Zeta: Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz y Yucatán.
La actividad de “El Profe” no era menor: en su momento, reportaba directamente a Heriberto Lazcano y Miguel Ángel Treviño Morales. Cuando se desmoronó la organización y se hicieron tres enormes facciones peleadas entre sí, todo indica que “El Profe” se quedó en la mayor, el “Cártel del Noreste”.
Si así fueron las cosas, “El Profe” no andaba tan perdido: analizando desde hace meses el tema con amigos de la DEA y algunas universidades de Estados Unidos, si hubiera que hacer un ranking criminal en México, el “Cártel del Noreste” apenas está por debajo de CJNG y el Cártel de Sinaloa. En un cuarto lugar, “La Familia Michoacana”.
Si “El Profe” reportaba directamente a Heriberto Lazcano y a Miguel Ángel Treviño Morales cuando operaban Los Zetas, entonces solo podía depender de un hombre en el “Cártel del Noreste”, a Juan Gerardo, “El Juanito”, líder del cártel y de su brazo armado, “La Tropa del Infierno”.
En Puebla me dicen que “La Tropa del Infierno” sería la organización a la que “El Profe” pertenecía en la actualidad, considerando que Héctor Raúl Luna, “El Tory”, en su momento fue dirigente de ese grupo y fue detenido en junio de este año, también en San Andrés Cholula por Fuerzas Especiales de la Marina Armada. Tras su captura, lo relevó su hermano, Esteban Luna, “El Chachis”.
La especie tiene sustento, ya que podría desempeñarse como contador de “La Tropa del Infierno” o en su defecto, seguía colaborando para el “Cártel del Noreste”.
En ese sentido, “El Profe” podría haber tenido relación con su homóloga en la organización de “Juanito”, Guadalupe Villarreal Gómez, “La Teniente”, quien fue enviada a un Penal de Máxima Seguridad, tras haberse hecho dueña del Centro Femenil de Reinserción Social Santa Martha Acatitla por casi dos años.
Los estados sospechosos
Revisando los archivos, veo que el “Cártel del Noreste” tiene fuerte presencia en los estados de Coahuila, Morelos, Nuevo León, San Luis Potosí, Tabasco, Veracruz y Zacatecas, así como negocios en Colombia, Guatemala, Estados Unidos y Honduras. Empero, de sus actividades criminales, hay una que empata en Puebla: el huachicol.
Regresando a la especulación, hay tres focos de riesgo vinculados al “Cártel del Noreste” y las ocurrencias de Morena en el corredor de influencia de dicha organización criminal:
El primero es el estado de Morelos. Ahí está la pugna entre tal grupo y “La Familia Michoacana”, sin omitir que ambos han invertido fuerte en candidatos para la gubernatura. “La Familia” está metida hasta el cuello en el gobierno de Cuauhtémoc Blanco, así que la caída de “El Profe” podría beneficiar a los hermanos Hurtado Olascoaga, dueños de la marca que nació en Michoacán.
El segundo es Veracruz, en donde el “Cártel del Noreste” goza de puntual protección institucional, según lo señala un documento de Inteligencia Militar que forma parte de la filtración Guacamaya. En ese tenor, los beneficiados en Veracruz por la caída de “El Profe”, serían CJNG y sus socios locales. El leit motif es el mismo, el huachicol.
Y, el tercero es Puebla, evidentemente. Dicha entidad tiene un conector con Veracruz, “Sangre Nueva Zeta” y en todo caso, “El Bukanas”. En ese sentido, no puede omitirse que recientemente cayó “El Malverde”, alguna vez asociado a “El Choco”, antiguo lugarteniente de “El Mamer”, todos éstos vinculados a la franquicia que otorgó CJNG en Esperanza, Cañada Morelos y Palmar de Bravo, sin omitir municipios veracruzanos. Y sí: en todos ellos hay aroma a bidón.
Puebla en llamas
Los datos apuntan cuatro similitudes entre Morelos, Veracruz y Puebla: huachicol, actividad de CJNG y “La Familia Michoacana”, una intensa actividad de pandillas de alto impacto y, Los Zetas tuvieron un rol relevante cuando operaban como cártel.
El hecho alcanza al andamiaje institucional poblano en una obviedad: “El Profe” no estaba escondido debajo de una piedra, comiendo latas de atún. Esta condición señala que pidió permiso para radicar en ese estado y se lo concedieron, algo que ha ocurrido en docenas de ocasiones por décadas, con todos los grupos delictivos de alta gama.
La argumentación anterior se robustece al considerar que “El Profe” no estaba tomando sus alimentos en la noche de su ejecución, rodeado de docenas de escoltas y un convoy de camionetas a su espera. El hombre andaba a todas luces, tranquilo.
El personaje en cuestión fue claramente vigilado por sus contras. Los sicarios no pasaron por ahí y casualmente se lo encontraron. Es evidente que tales delincuentes también se mueven por Puebla sin demasiadas complicaciones.
Alguien en el “Cártel del Noreste” no ha de estar muy contento con lo ocurrido en las inmediaciones del Hotel One. A semejante atentado corresponderá una reacción, por lo que habrá otra ejecución de alto perfil en los estados referidos o en el menor caso, una detención de esas que usted conoce, en donde medio centenar de policías detienen a alguien, accidentalmente.
Y mientras tanto, se observan monumentales grietas en los servicios de inteligencia estatal. A menos claro, que alguien dijera que a ciertas personas no se les debe monitorear. Son los signos del abandono del Estado: indiferente, cómplice o incompetente, da igual.