Desde hace ya varios años las escuelas normales prometen a sus estudiantes que al egresar tendrán una plaza, y hace tiempo esa promesa era bastante fácil de cumplir, pero después se volvió complicada y ahora es casi imposible de lograr, pues quien asigna las plazas en los últimos años es el sindicato. ¿Cuál sindicato? Todos los sindicatos.
Aquí es importante aclarar que hace unos cincuenta años, las SEP asignaba el 50 por ciento de las plazas y el sindicato que, entonces, era sólo el SNTE asignaba el otro 50%, pero fue justo en esos años cuando empezó a darse la herencia de plazas con la venia del sindicato y años después se inició la compra-venta de plazas magisteriales a través del sindicato. Y no sé cuándo, la asignación de plazas quedó totalmente en manos del (los) sindicato (s).
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Entonces, hablamos de dos problemas combinados para que a los egresados de las escuelas normales no les llegue la plaza prometida cuando egresan de la formación magisterial; una es la compra-venta y herencia de plazas, y la segunda es que todas las plazas las asigna el o los sindicatos. A esto hay que aumentar otro pequeño detalle, ahora las y los docentes se están jubilando más tardíamente, pues se está promoviendo que al menos lo hagan a la edad de 60 años, lo que antes bastaba con tener 30 años de servicio para acceder a la jubilación y muchas veces eso se daba mucho antes de cumplir los 60 años de edad, disminuyendo la posibilidad de cubrir plazas de manera anticipada. Así que, entre estas tres situaciones lo que sucede es que cuando los normalistas egresan de su formación profesional y están listos para ingresar al mundo laboral, no hay las suficientes plazas para asignar, pues las plazas se venden, se heredan o no se han hecho los huecos para que los egresados normalistas ocupen una plaza.
Es por eso que cuando estos jóvenes profesores egresan lo que reciben es una promesa de que algún día tendrán una plaza y si no se mueven, tienen una palanca, heredan o compran su plaza o llega un golpe de suerte, seguramente no obtendrán la plaza prometida. Casi ninguno de ellos, durante los primeros años no obtienen la ansiada plaza y empiezan a trabajar en escuelas privadas, y en muchas de ellas los contratan por un mísero sueldo. Ya es del dominio público que un profesor tiene un bajo salario, pero cuando trabaja en una escuela privada es muy probable, que la paga sea todavía más baja, en verdad mala y en muchos casos sin prestaciones.
Son pocas las instituciones privadas de educación básica que buscan cumplir con las normas legales al contratar a su personal en cuanto a salario y prestaciones, pues muchas viven de sus colegiaturas y cuando empiezan apenas y sale para cubrir los gastos prioritarios y en muchos casos los dueños lo echan a sus bolsas.
A este tipo de escuelas es a las que llegan a laborar los recién egresados de las escuelas normales, y deben esperar algunos años antes de obtener una plaza, en el mejor de los casos, o bien irán de escuela privada en escuela privada hasta que consigan algo que les permita subsistir. En el caso de los egresados de escuelas normales que no están en los centros urbanos, las cosas se ponen peor, pues en comunidades rurales, o alejadas de las grandes ciudades, no hay escuelas privadas y difícilmente encontrarán un trabajo como docentes. La necesidad les hará buscar otros trabajos, que seguramente no tendrá que ver con la docencia y varios de ellos se dedicarán a otra cosa, facilitando la situación a los sindicatos que ya no estarán obligados a cumplir con la promesa de plaza.
Sin embargo, estos sindicatos estarán haciendo las gestiones para que los jubilados vendan o hereden sus plazas a aquellos egresados de escuelas normales o de otras profesiones que estén dispuestos a pagar por obtener un trabajo, teniendo una tajada de por medio; también los mismos líderes sindicales y sus compinches, pondrán a la venta aquellas plazas que deberían asignar pues todo en el terreno educativo se ha vuelto un mercado de la enseñanza al mejor postor y no necesariamente al mejor profesor.
No dudo que haya algunos profesionales (que no son de la educación) que hayan comprado una plaza, se hayan enamorado de la profesión docente y aprendan el arte de la enseñanza, teniendo una buena práctica, pero la mayoría irá pasando de un grupo a otro, de un ciclo escolar a otro sin pena ni gloria. Y esta es otra de las tristes realidades del sistema educativo mexicano, en donde muchos de los que aprenden a enseñar, nunca enseñan.