Nunca como ahora el valor de la palabra había sido tan importante como eje articulador de los esfuerzos de autoridades y sociedad civil para auxiliar a los damnificados tras el paso del huracán Otis por Acapulco y la Costa Grande de Guerrero, sin embargo, ésta se ha devaluado casi con la misma velocidad con que el meteoro tocó tierra y devastó lo que tantos años costó construir a los habitantes del puerto y empresarios.
Las primeras en contribuir en su devaluación fueron las autoridades federales, comenzando por el titular del Ejecutivo, que se han empeñado en negar que hayan sido notificados por el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos sobre la evolución del huracán y cómo iba cambiando de categoría al paso de las horas hasta llegar a 5 en la escala Saffir-Simpson, confirmándose conforme a los registros disponibles que las instancias responsables CONAGUA, Servicio Meteorológico Nacional y la Coordinación General de Protección Civil de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, recibieron a tiempo la información respectiva, pero no la comunicaron formalmente y tampoco se coordinaron conforme a los protocolos que refiere el Programa Nacional de Protección Civil 2022-2024, publicado en el Diario Oficial de la Federación del 5 de diciembre del 2022.
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Le siguió la gobernadora de Guerrero, quien además de haber estado ausente en las horas previas y posteriores a la entrada del huracán evitó salir a dar declaración alguna, limitando su actuar a reunirse en el denominado Centro de Mando con el Presidente de la República y los integrantes del gabinete de Seguridad federal la noche del miércoles 25 de octubre cuando todo sucedió la noche previa y primeras horas de ese día. De acuerdo con el columnista Raymundo Riva Palacio al momento del siniestro la gobernadora se encontraba en la Riviera nayarita y no en el estado que gobierna, y por esa razón desconocía la dimensión de la tragedia. En este caso el valor de la palabra fue nulo porque no hubo palabras, seguramente para no caer en una omisión, que conforme a la legislación local podría fincársele por encontrarse en posición garante de los bienes jurídicos afectados (de acuerdo a las leyes y reglamentos) y conociendo el riesgo incumplió injustificadamente su deber de salvaguarda. Esto último independientemente de haber estado o no en el lugar donde se registraron los hechos, ya que la omisión no requiere de estar físicamente en el sitio.
En días subsecuentes y para no dejar a la mandataria guerrerense a merced de las críticas de medios de comunicación locales y nacionales, así como el sector empresarial y los habitantes del puerto que resultaron damnificados, el Presidente de la República salió en su rescate señalando que actuó bien porque alertó a la población sobre la llegada del huracán, aunque las evidencias digan lo contrario, algo así como cuando el entonces presidente Enrique Peña Nieto le dijo a su secretaria de Desarrollo Social, “no te preocupes Rosario” y todos sabemos dónde terminó, en la cárcel.
Para continuar devaluando la palabra, el Presidente de la República repitió hasta el cansancio, como estrategia para que sus dichos terminaran convirtiéndose en verdad, que él mismo había informado a la población sobre le evolución del meteoro y como prueba ofreció el mensaje de su red social X (antes Twitter), sabiendo que es un mecanismo de comunicación informal, ya que no se apega a los protocolos de recepción, confirmación y acuse de recibido por parte de las instancias federales y locales de protección civil para proceder a su difusión oficial conforme al Programa Nacional en la materia antes referido.
Las palabras pronunciadas por los titulares de los Ejecutivos federal y local chocaron desde un principio, y por lo mismo perdieron su valor, con las de los asistentes a la Convención Minera que tenía lugar en el Centro de Convenciones Mundo Imperial, anexo al Hotel Princess, quienes señalaron que nadie les informó oficialmente y menos indicó que evacuaran tanto los salones como las habitaciones para irse al refugio y el huracán los tomó por sorpresa, siendo uno de los sitios más dañados por la furia de la naturaleza. Lo anterior pese a que en el recinto habían estado presentes al menos dos integrantes del gabinete estatal, entre ellos el Secretario General de Gobierno que inauguró el evento y un alto mando de la 27 Zona Militar, que también terminó en calidad de damnificado.
Del lado de los empresarios y responsables de la protección civil de los casi 600 hoteles que existen en el puerto, el común denominador es que ninguna autoridad federal o estatal les informó oficialmente de las medidas que deberían tomar ante la llegada del meteoro. Pero es su palabra contra la de las autoridades federales y estatales. Habrá que esperar al final de la crisis quién tenía la razón.
De los ciudadanos por el momento no se puede tener la certeza de si fueron alertados o no porque aún se encuentran desarticulados y tampoco han tenido un micrófono que les permita dar a conocer su postura; sin embargo, es posible que en los próximos días lo puedan hacer y entonces conoceremos su verdad.
Hasta ahora las únicas que han refrendado el valor de la palabra han sido las compañías aseguradoras, las cuales anunciaron que entregarán el 40 por ciento del monto asegurado a los negocios que resultaron afectados y tenían contratadas pólizas “a la palabra”, es decir sin necesidad de realizar trámites complicados y lo más pronto posible; para el restante 60 por ciento sí será necesario hacer las gestiones normales y entregar comprobantes, pero eso será después.
En este contexto de claroscuros se insertan las palabras del supuesto ciudadano que en teoría viajó desde la capital del país con ayuda humanitaria para los habitantes de Acapulco y fue despojado de la misma y de sus pertenencias por parte de los oficiales del Ejército mexicano que instalaron retenes para evitar que civiles ingresen con despensas y las entreguen directamente. Pese a que este mensaje no pasaba la prueba del ácido se viralizó en redes sociales y a más de uno lo convenció de que era auténtico.
En conclusión, la crisis por la que atraviesa Acapulco ha provocado que la palabra haya perdido su valor ya que las autoridades con tal de no quedar mal han recurrido a la mentira y por el contrario hasta fake news han sido tomadas como verdaderas. Las más recientes palabras, las del Presidente de la República quien dijo ayer que los habitantes de Acapulco “no tendrán una amarga navidad”, pero aclaró desde ahora que, solo está en sus sueños, en sus ideales, es decir también carecen de valor.