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OPINIÓN

Glorias y penas de la izquierda creadora en la BUAP

Los institutos Luis Rivera Terrazas y Alfonso Vélez Pliego, frutos de un consenso político-académico

Guadalupe Grajales

Licenciada en Filosofía por la UAP con Maestría en Filosofía (UNAM) y Maestría en Ciencias del Lenguaje (UAP). Candidata a doctora en Filosofía (UNAM). Ha sido coordinadora del Colegio de Filosofía y el posgrado en Ciencias del Lenguaje (BUAP), donde se desempeña como docente. Es la primera mujer en asumir la Secretaría General de la BUAP.

Martes, Octubre 10, 2023

El 2 de octubre de este año el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP cumplió 32 años de haber sido fundado por el licenciado Alfonso Vélez Pliego y un grupo de profesoras y profesores reunidos en torno a este proyecto.

Un año antes, el 30 de agosto de 1990 había nacido el Instituto de Física que lleva el nombre del ingeniero Luis Rivera Terrazas. La historia de estas dos unidades académicas se entrelaza en varios aspectos que vale la pena recordar.

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El maestro Rivera Terrazas, con su gran visión política y académica, presentó el proyecto de creación del Instituto de Ciencias (ICUAP) en agosto de 1973, siendo rector el químico Sergio Flores Suárez y, al año siguiente, en 1974 se iniciaron las actividades del primer instituto de investigaciones de la universidad. Este instituto albergaba centros dedicados a la investigación en distintas disciplinas, tanto naturales como sociales y humanísticas. El maestro, como siempre me he referido al ingeniero, y ya como rector desde 1975, le dio todo el apoyo. Con académicos ya formados, así como alentando la superación de los profesores(as) para que continuaran su formación disciplinaria en distintas universidades extranjeras y nacionales, se fue conformando un núcleo cada vez mayor de especialistas en diversas áreas del conocimiento.

Esta política fue continuada y ampliada por su sucesor en la rectoría, el licenciado Alfonso Vélez Pliego; bajo cuya gestión, de 1981 a 1987, la universidad siguió fortaleciendo cada vez más la formación académica de sus profesores(as) y la consecuente profesionalización de la enseñanza.

Todos estos grupos de investigación estaban organizados al interior del Instituto de Ciencias como Centros o Departamentos que presentaban en 1989 distintos grados de desarrollo. En este año el maestro Rivera Terrazas se registró como candidato a la Dirección del Instituto de Ciencias que él había proyectado y creado y, no obstante su indiscutible trayectoria como líder político y académico de la universidad, perdió las elecciones por una diferencia de ocho (8) votos. Los 80 votos que obtuvo procedían de los centros de ciencias sociales y humanidades fundamentalmente y por supuesto del Departamento de Física. Ese mismo año, el 20 de marzo, el maestro Rivera Terrazas falleció.

El resultado de las elecciones en el ICUAP decidió al maestro Rivera Terrazas y al licenciado Alfonso Vélez Pliego, quienes encabezaban a un numeroso grupo de investigadores e investigadoras, a separarse del Instituto para conformar nuevos institutos con nombre y apellido en el sentido disciplinario. Me refiero al Instituto de Física y al Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades. Era obvio que el ICUAP, semillero del desarrollo de la investigación en la universidad, se había convertido en un freno para su progreso y actualización.

Así, en la sesión del Consejo Universitario del 30 de agosto de 1990 se aprobó la creación del Instituto de Física con el dictamen favorable del Consejo de Investigación y Estudios de Posgrado y del Consejo de Coordinadores del ICUAP. Se aprobó por mayoría de votos con una abstención, como consta en el acta correspondiente. El maestro Rivera Terrazas ya no vivía para atestiguar su gran triunfo, pero como tributo a su enorme labor como creador de instituciones y líder de la izquierda poblana, esta unidad académica lleva su honroso nombre.

En el caso del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades las cosas sucedieron de manera distinta. En abril de 1991 se había promulgado la Ley de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y el Consejo Constituyente había elaborado, después de arduas sesiones de trabajo que duraron varios meses, el Estatuto Orgánico y los reglamentos más indispensables como el de la Elección de las Autoridades Personales y el de la Integración de los Consejo de Unidad Académica.

El licenciado Alfonso Vélez Pliego había desempeñado un papel central en la fundamentación jurídica de la forma de gobierno y de la organización académica que la universidad había ido adoptando desde que la izquierda tomara sus riendas. Así, apenas clausurados los trabajos del Constituyente, él presentó el proyecto de creación del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades.

En esta ocasión, el dictamen del Consejo de Investigación y Estudios de Posgrado señalaba que el grupo de investigadores e investigadoras que firmaban el proyecto de conformación de una nueva unidad académica “alcanzaba” para que integraran un centro de investigación, pero no un instituto. Era obvio que habían hecho a un lado el acuerdo político académico tomado dos años atrás.

Asimismo, el Instituto de Ciencias no aceptaba la creación del nuevo instituto y su director no aprobaba los cambios de adscripción de los investigadores(as) que firmaban el proyecto.

Después de la aprobación de la Ley de la BUAP se convocó a la elección del primer Consejo Universitario, el Constituyente, y su servidora fungía como consejera suplente por la Escuela de Filosofía y Letras y recuerdo con mucho orgullo mi intervención en favor de la creación del nuevo instituto. Ahora, después de 32 años, confirmo lo que en esa ocasión señalé.

Entre quienes cultivaban las ciencias exactas, naturales y sus aplicaciones tecnológicas había algunos que no consideraban suficientemente valiosa la investigación en el ámbito de las ciencias sociales y de las humanidades. La consideraban una investigación de segunda, probablemente porque no entendían su “utilidad”. No comprendían la importancia, la seriedad, la trascendencia y el impacto de las investigaciones sociológicas, antropológicas, históricas, lingüísticas, literarias o filosóficas. Tan era ese el sentido de sus intervenciones que el 2 de octubre de 1991 el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades se creó por una diferencia de solo tres votos: 33 en favor y 30 en contra.

Su director fundador, el licenciado Alfonso Vélez Pliego, reconocido por su rectorado de 1981 a 1987 y por su continua labor como forjador de proyectos, programas e instituciones, se constituyó en el pilar de una visión progresista y de izquierda de la universidad, e inició el camino que el instituto habría de recorrer para convertirse en referente nacional de la investigación humanística y social.

Por todo el reconocimiento que nos merece el licenciado Alfonso Vélez Pliego, y muy especialmente por el papel desempeñado como responsable de la adquisición y preservación del patrimonio histórico de la universidad, nos extraña que con motivo del reciente premio recibido de la Universidad de Alcalá, su nombre no haya sido mencionado ni una sola vez.

En verdad, hoy que padecemos una conducción burocrática, vertical y autoritaria de la universidad recordamos y extrañamos su manera democrática y honesta de dirigirla y consolidarla.

¿No les parece a ustedes de la mayor importancia reconocer la gran valía del Ingeniero Luis Rivera Terrazas y del Licenciado Alfonso Vélez Pliego y no escatimarles el lugar que merecen tener en la historia de nuestra universidad y en las historias de vida de universitarias y universitarios?

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