Los niveles de violencia que se están viviendo en Puebla no paran sino al contrario se recrudecen, por ejemplo, se registran 215 delitos al día, ya van 376 más que en 2022. Casos como lo sucedido a Neto por sus agresores, ahora con los empleados del Bar Polanquito y la brutal golpiza a otro muchacho, el atropellamiento a elementos de seguridad privada en un fraccionamiento. Casos como los anteriores e incluso más graves pero que no son grabados o filmados se replican diariamente en el estado 376 veces diarias y ojo solo hablamos de los que se denuncian pues existen una cifra negra de aquellos que viven esta violencia y que por miedo, por dejadez, porque ya no pasó nada peor, prefieren mejor dejarlo así y no denunciarlo. La cifra negra es del 94%.
Si sumamos esta cifra a los casos denunciados en Puebla podemos suponer que diario se comenten casi 2000 hechos de violencia diarios, y 730 mil hechos de violencia al año. Puebla no cuenta con políticas públicas de construcción de paz, de cultura de derechos humanos, de no discriminación, de deconstrucción de comunidades violentas a comunidades de paz. Esa omisión de parte de las áreas responsables de las políticas públicas de derechos humanos, nos tiene hoy aquí parados en un Estado donde la violencia se recrudece día a día. Hoy nos enteramos de uno o dos casos de violencia diarios, pero están invisibilizados por que no son grabados 213 casos que suceden y que son denunciados, pero tampoco no conocemos 1700 casos de violencia que se viven y que no son denunciados. Usted dirá si vivimos o no vivimos en un estado violento.
Más artículos del autor
Es grave y delicado que no vivamos en un estado donde por lo menos tengamos una Ley de Cultura de Paz para el Estado de Puebla. Es cierto que una ley no te resuelve la vida común de las personas, pero si te permite como autoridad, como tomador de decisiones, a tener instrumentos jurídicos que te permitan construir procesos que sí busquen romper con esta violencia que se vive en el Estado de Puebla, porque hoy no se trata ni está en debate si somos un estado de paz o no lo somos, pues una realidad es que somos un estado violentado y violento, y no es responsabilidad o consecuencia única de quien hoy gobierna, es una cultura de violencia que se ha venido construyendo desde siempre.
Por ejemplo, en lo que corresponde a la discriminación, fuimos fundados en Puebla, desde la base de ser un lugar de personas que son superiores a otros porque fuimos tocados por ángeles para la colocación de las campanas de nuestra catedral; porque esta ciudad de Puebla era bendecida por ser bastión o protectorado primero español, después libanés y así nos han formado diciendo que todo lo que no es mexicano es menos que lo que es europeo o simplemente no es mexicano. Cuando se trata de una cultura propia bien entendida se vuelve un tesoro para el mundo pero cuando se vuelve de un beneficio que nos distingue o nos hace sentir no diferentes sino superiores a otros, ya se trata de discriminación y eso no lo creó el actual gobernador, esto surge desde el 16 de abril de 1531 donde el franciscano Fray Toribio Paredes de Benavente "Motolinía” dio la primera misa, acompañado de las 34 cabezas de familia que darían inicio a la población de esta ciudad y desde ahí han sido los apellidos, las dinastías poblanas que varían de acuerdo al dinero, al poder y al gobierno en turno ahora quien discrimina y a quien discriminan.
Y así vemos que la discriminación y el pensamiento mágico inculcado desde la lógica pipope de que existen personas con derechos y seres que están para servir a motivado que muchachos con dinero o posición social casi maten a alguien a golpes o los cadeneros del antro ejerciendo su micro poder bajo la lógica de discriminación de decir quién pasa y quien no si se ven blancos o no aunado a sentirse con poder de golpear a quien quieran o a los hijos del poder que se tienen con derecho de atropellar a cuidadores de fraccionamiento por el solo hecho de decir que pueden porque quieren.
Es grave la discriminación que vivimos en Puebla, pero también es grave la cultura de los narcocorridos, o de los que aspiran a ser malandros porque está de moda o despersonalizarse con la repetición constante de matar desde niños en un video juego; lo que motiva también que no distingan entre lo que es real y es fantasía, sumado a que la violencia y la delincuencia provoca desempleo, desanimo, frustración, desesperación y genera nuevos delincuentes aún más violentos; y lo que más preocupa es que el Estado ni los municipios hacen nada para contener esta situación, por eso urge la creación de la Ley de Cultura de Paz para el Estado de Puebla.
En la siguiente entrega plasmaremos la exposición de motivos por lo cual es necesario la creación de esta Ley. Mientas tanto les adelantó que la participación ciudadana es un contrafuerte para la democracia social para la cultura de la paz y toda sociedad debe tener un bagaje cultural la idea práctica de los derechos humanos y la base al respecto a la dignidad humana como valor moral y ético dentro de una sociedad formada por ciudadanos propositivos, progresistas en el desarrollo del bien de la comunidad poblana capaces de transformar su entorno en cualquier faceta de su vida social, para fomentar un contexto de la cultura de la paz positiva humanista.
Señores diputados, urge la creación de esta ley de cultura de la paz que se base en dignificar la vida, el rechazo a la violencia y la promoción y la práctica de la no violencia por medio de la educación, el diálogo y la cooperación; en el respeto pleno y la promoción de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales; en el compromiso con la solución pacífica de los conflictos; en los esfuerzos para satisfacer las necesidades de desarrollo y protección del medio ambiente de las generaciones presentes y futuras; en el respeto y la promoción del derecho al desarrollo; en el respeto y fomento de la igualdad entre hombres y mujeres. En eliminar la violencia cultural que engloba la violencia de género, intrafamiliar, en los ámbitos educacional, laboral y vecinal; y en todos los ámbitos de las relaciones sociales, en el respeto y fomento del derecho de todas las personas a la libertad de expresión, opinión e información.
Siendo fundamental que se tengan como objetivos principales; fomentar la cultura de la paz mediante acciones concretas que promuevan este derecho humano; garantizar a la ciudadanía neoloneses un entorno favorable en el que prevalezca la paz; promover los derechos humanos contenidos tanto en la legislación local como federal y en los tratados internacionales; y promover medios y alternativas para buscar la erradicación de la violencia en la sociedad neolonesa y en todos los órganos de gobierno y de la administración pública, así como los mecanismos alternos para la solución de conflictos.