a) El 9 de febrero de 1995 se giró una orden judicial de detención en contra de Marcos, el comandante guerrillero que en las primeras horas de 1994 le declaró la guerra al Ejército mexicano, puesto a la cabeza de un partido de indios chiapanecos. Entre los principales delitos de los que se le acusaba estaba el de terrorismo. Con ese motivo, se produce una gran movilización del Ejército en los Altos de Chiapas, en específico en Las Margaritas. Alguien del gobierno que participaba en las negociaciones de paz en San Cristóbal de las Casas (lo supongo vinculado con Manuel Camacho Solís, el responsable del gobierno federal de las negociaciones de alto al fuego), dio el pitazo. Marcos y su guardia pretoriana escapan. En la huida, el comandante blanco, abandona la pipa, el símbolo por antonomasia del personaje (Marcos es una de las primeras construcciones imaginarias del internet). Los soldados llegan al campamento y entre otras cosas decomisan una pipa, para ese momento todavía humeando. Un periodista reportero muy perspicaz de nombre Víctor Avilés del periódico La Jornada, escribe la crónica. En unos de sus párrafos advierte: “cuidado con la destrucción del patrimonio nacional”.
b) En uno de los municipios de Nuevo León, se dice que el más rico del país, vive uno de los coleccionistas más importantes en el mundo (eso del más grande lo supongo yo). Entre las piezas que posee se encuentra el techo bajo el cual Miguel de Cervantes escribió El Quijote. Pero no es la única pieza digna de asombro para cierto mundillo de letrados. También posee la espada (sí, la espada) que utilizó el capitán general Hernán Cortés durante la Conquista de México. El acero con el que fueron sometidos los indios del nuevo mundo se encuentra en México, o se encontraba hace una década. En la memorable biografía del conquistador del emérito que fue don José Luis Martínez no recuerdo haber encontrado referencias específicas a la espada. (Con lo que me tope es con la épica de Lope de Vega: Cortés soy, el que venciera/ por tierra y por mar profundo/ con esta espada otro mundo,/ si otro mundo entonces viera./ Di a España triunfos y palmas/ con felicísimas guerras/ al rey infinitas tierras/ y a Dios infinitas almas).
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c) Hará cosa de una década recorrí con uno un grupo de enviados del gobierno del estado lo que era (es) una casa con un par de cuartos destina por el presidente Echeverría desde los años setenta a ser el museo de la firma del Plan de Ayala, en Ayoxuxtla. Una ranchería de la mixteca poblana. A finales de 1911, en ese lugar, Zapata y sus lugartenientes encontraron refugio y el profesor Otilio Montaño redactó el famoso manifiesto también conocido como Tierra y Libertad. Estaban urgidos de dar a conocer las razones por las que se habían levantado en armas contra el presidente Madero, uno de los presidentes de México con mayor legitimidad electoral. Zapata y los suyos resultaban unos retrógradas en ese contexto, que en los hechos se negaban al progreso del país. Mientras unos arquitectos se afanaban con una cinta métrica tomando medidas, unos naranjos en el solar de la casa me chistaban. Salí y me dispuse a cortar unas naranjas. Como las ramas estaban muy por arriba del alcance de mi mano, decidí apoyarme en la primera piedra que me topé. En esas estaba cuando estalló el grito del comisariado ejidal: “Cuidado con esa piedra que es en la que se sentó mi general Zapata”.
Pues bien. Últimamente he estado trabajando en un par de proyectitos relacionados con el patrimonio cultural, el cual ha sido motivo de debate y hasta de pendencia con queridos amigos. Patrimonio cultural, ¿la pipa de Marcos? Alguna vez en un congreso pregunté a un alto funcionario de un importante museo privado de la ciudad de México, sobre la idea patrimonial del periodista Avilés y la pipa del guerrillero. Hizo un mohín. Movió la cabeza de un lado a otro para hacer notar su fastidio conmigo. El salón estaba medio lleno; para un evento de museos era mucho público. Era el 2005, todavía era grande la fama de Marcos en la opinión pública. Uno de los chavos que estaban atrás rompió la solemnidad con un “ahuevo que sí”.
El tema del patrimonio cultural es un arma política muy poderosa. No sólo tiene que ver con ciertos objetos materiales e inmateriales, canonizados por ciertos especialistas del pasado, con base a las políticas culturales, muchas de ellas coercitivas (como la castellanización forzada de los niños indígenas), las que a su vez obedecen al proyecto de nación y su afianzamiento. Pero sobre todo atañe al grado de representación política de los diversos grupos y sus identidades en las grandes decisiones de la nación. Pero no solo eso: el patrimonio cultural trasluce las divisiones sociales y las reproduce. Es una de las razones por la que los indios se mantienen como en los inicios de la Colonia, en el último peldaño de bienestar material.
¿Y la piedra de los neozapatistas de Ayoxuxtla y la espada de Cortés? Ambas piezas hay que entenderlas del mismo modo que se lee la historia de, por ejemplo, las pistolas de Zapata y Villa. Un tema refrendado por el presidente Andrés Manuel López Obrador y no se qué relación extraña con Cuba.
Chayo News
Si la democracia es el triunfo de la palabra frente a la fuerza de las piedras y las armas, Morena la deshonra. Los aspirantes presidenciales de ese partido y su alianza tienen prohibido debatir, debatir en público los grandes temas que tendrán que enfrentar, de ser uno de ellos electo. En tanto, en la oposición, los debates son la base para la nominación de quien sea candidato presidencial.