¿Quién ganará la elección para presidente municipal en el pueblito de ya saben cual, el año entrante, cuando la gente retorne a las urnas y se produzca ese momento mágico en el que se cruza la boleta?
¿De qué recursos ideológicos y materiales echarán mano los aspirantes para conquistar la confianza de un electorado cada vez más receloso de las promesas de políticos?
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¿Cuál será el papel de los jóvenes en un proceso caracterizado por el predominio de las redes sociales y la comunicación instantánea, que al igual que funda reputaciones las destruye?
¿Cuáles serán las narrativas que muevan los sentimientos de la gente para que de nueva cuenta vuelvan a creer en las elecciones y en “la honorabilidad” del valiente que se le coloque delante?
Lo que ocurre en el pueblito serrano es el reflejo más nítido de los grandes dilemas nacionales. Tanto allá como acá nadie encuentra remedio. Remedio que prospere, que cambie las condiciones de vida de las personas.
Porque de eso trata un estado benefactor como se presenta el mexicano, regido por un estado de derecho pleno.
Hace dos años el país fue víctima (sí, víctima) de la retórica encendida de López Obrador, y con ella México perdió hasta la esperanza de mejora.
Y no se le haya remedio a esos grandes males porque el país está organizado (estructurado) no para mejorar y cambiar, sino para permanecer en el inmovilismo.
No es la voluntad soberana el supremo mandante, como dice la Constitución. Es la voluntad de un solo Hombre. Llámese Carlos Salinas, Vicente Fox o Andrés Manuel López Obrador.
Con esto quiero enfatizar que el origen del problema no es local, como a veces se quiere hacer ver. Está en los techos del poder político y económico, ambos bien amalgamados uno sobre el otro.
Volvamos al pueblito.
Hasta ahora la gente ve dos titanes disputándose el cargo cuerpo a cuerpo. Tal vez sean tres. Un tercero en discordia que no acaba de definirse, pero su nombre suena. Uno más en la puja es un buche de agua fresca en un escenario de alta polarización. El Chilo me dice que será el encontronazo. Un exalcalde (de los buenos de la vieja escuela priista) que vive su vida sin los escrúpulos del que dirán.
Esto es, peligra la agudización de la pelea, y peligra que del adversario político (como es en democracia) se pase al enemigo a secas. De la palabra a los machetes.
(Yo mismo he sido objeto de amenazas de muerte y ahora de cartas de expulsión porque tuve la intrepidez de escribir y tocar los grandes “mitos nacionales” de los mestizos blancos del pueblito que se distribuyen sobre la calle 2 de Abril, uno de los grandes tributos que le rinden a Porfirio Díaz)
Vinculada a las elecciones o no, en los comicios de 2021, en la comunidad de Xochimilco corrió la sangre una semana antes de que la gente fuera a las urnas.
Lo de titanes no es por la capacidad de gobierno o de gestión política de los eventuales precandidatos, que seguramente la tienen.
La gente los califica de esa manera porque ve en ellos capacidad de gasto durante el proceso electoral y el día de la elección.
Ese indicador es medido sigilosamente por el dispendio en las fiestas y reuniones que ofrecen y por el número de personas que acuden a degustar. La gente le llama “ir a la gorra”.
Ya indicamos en la entrega pasada que no serán los partidos, sino la personalidad de los aspirantes la que acabe cautivando o ahuyentando a los votantes.
En el pueblito todos se conocen y se llaman no por su nombre, sino por el apelativo (apodo). La buena y mala fama de unos y oros es de dominio público. Lanzadas al infinito por las redes.
(Ojo: eso de los apodos en pueblo chico no es una invención mía, es de don Luis González, el benemérito historiador autor de trabajos clásicos como Pueblo en vilo y promotor de El Colegio de Michoacán)
Tampoco será la ideología ni la plataforma electoral, en caso de que los candidatos la tengan, sino la honorabilidad y el buen nombre de cada cual los que hablen.
La crisis de los partidos no es un fenómeno privativo del pueblito. Es una crisis de la representación política y del régimen que rebase el ámbito nacional, y socava la esencia de la democracia.
Hace dos años los votantes les plantaron cara a los partidos y eligieron a su gobernante por la fórmula de candidato independiente.
Lo de los partidos es una anomalía mundial, producto de la globalización y arribo de los populismos al gobierno, ya de derecha o ya de izquierda. Al final el mal es el populismo.
De acuerdo con los estudios de opinión pública oficiales, 8 de cada 10 personas mayores de 15 años tiene poca o nada de confianza en los partidos políticos (ENCUSI 2020-INEGI).
Sea el partido que sea, en el pueblito ninguno pinta. Incluso Morena es un partido testimonial, pues cada que postula candidato a presidente municipal acaba en los últimos lugares.
Su presencia el año entrante se pronostica que será como en el 2021, meramente testimonial.
Pero como ya dijimos: en materia de elecciones nada está escrito. La legislación electoral es muy generosa y todos tienen derecho a votar y ser votados.
Ejemplo palmario de mi dicho es el fenómeno Xóchitl Gálvez. En cosa de un par de semanas puso y tiene boca abajo al presidente y Morena. Ambos imbatibles antes de ella.
Es en este punto en donde aparece una lista larga de aspirantes, en el entendido de que votar y ser votado es un derecho universal en la legislación mexicana.
Pues bien, a todo esto, quiénes son los calificados como titanes de la próxima elección en el pueblito, en el entendido que estamos a 332 días de las próximas votaciones.
Digo elecciones porque se elije presidente de la República, gobernador, senadores, diputados federales y locales, y, ¡claro!, un nuevo alcalde.
En primer lugar, aparece el actual presidente municipal, Eduardo Romero Romero.
Hasta ahora no se ha pronunciado al respecto, por lo menos no públicamente. Sin embargo, su sola posición de presidente en funciones, por pura inercia, lo mete en la disputa.
Le sigue el nombre de Arturo Hernández, expresidente municipal. Como todos los ex, es motivo de escarnio público. Una característica muy arraigada de la cultura política nacional. Allí están Carlos Salinas y el propio Fox. Nada indica que López Obrador sea la excepción a la regla.
El tercero en discordia es Sixto Vargas. Un comerciante aspiracionista, que viene de los estratos sociales más bajos que, como la Gálvez, vendió gelatinas.
Con el trabajo duro se ha colocado al tú por tú de otros comerciantes exitosos de su ramo, y en ocasiones se ha colocado por encima de ellos.
En el sistema electoral mexicano el derecho a votar y ser votado es una garantía elevada a ley. En este sentido la lista es larga.
Por ejemplo, allí están los excandidatos de la elección pasada. Gabino Hernández; Marisela Lechuga; Benjamín Ramírez, Ariadna Pérez, los Vera.
Está Miguel Eloín, como presidente, el mejor gestor en los órganos federales de gobierno que ha registrado el pueblito.
Por supuesto, el profesor Carlos Lechuga, quien ya representó el distrito ante el Congreso. Político de trato suave, con buenas relaciones, pero disminuido por el apellido. Lechuga es rencor vivo entre los pueblos indios.
Mención especial merece Brenda Michelle Vargas Aparicio, regidora de Gobernación en el ayuntamiento. Mujer de buen trato y comprometida siempre con el servicio a la gente. Me parece que es uno de los mejores cuadros de esa administración.
Sería mezquino de mi parte no reconocer el derecho de mis malquerientes: Leobardo Jacobo Lechuga Aparicio, El Balo; Edson Lechuga, Pelé; Gerardo Aparicio, el primero en manifestarse a favor de Marcelo Ebrard.
Incluso el propio Enrique Castillo (los políticos de a de vera lo son hasta que se mueren).
En política, como lo saben todos, lo único seguro es que no hay seguro. Los viejos políticos priistas solían advertir que político que respira, aspira.
En la próxima entrega balbucearemos sobre las fortalezas y debilidades de los mencionados, todo sobre la base de que estos mal pergeñados apuntes no tienen ningún asidero de respeto, más que la pura especulación de un desocupado.
¡Vale!
Chayo News
No lo sabíamos, pero ahora se sabe que el Congreso de Puebla, con mayoría del partido oficial Morena, tanto en la presente como en la anterior legislatura, se ha negado reiteradamente a acatar una resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), que en sentencia emitida en el 2020, lo obliga a regular en una ley que especifica la figura de la consulta a pueblos y comunidades indígenas, y pone de manifiesto su omisión.
Tal vez pensando en que el próximo 9 de agosto se celebra el Día Internacional de los Pueblos Indios, un grupo de indígenas provenientes de 102 municipios, se presentó en el Congreso del Estado para exigir a los diputados enmienden su falta y emitan una ley específica que proteja ese derecho. Y rechazan la marrullería de sólo reformar la Ley de Derechos, Cultura y Desarrollo de los Pueblos y Comunidades Indígenas del Estado, como chapuceramente intenta hacer.
¿Qué es la consulta previa e informada? Habla la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).
“Es el derecho de participación de los pueblos indígenas en situaciones que impliquen una afectación a ellos y a sus derechos. Es un método de reconocimiento de los pueblos como autónomos y con libre determinación para darles la posibilidad de definir sus prioridades para desarrollarse. Es el derecho de los pueblos indígenas de elaborar las normas, buscando un acuerdo con ellos en los aspectos que los involucren.
La consulta previa, libre, informada, de buena fe y culturalmente adecuada es un derecho humano colectivo de los indígenas que les ayuda a prevenir el que puedan ser vulnerados sus derechos y se sustenta en principios internacionales como la libre determinación, la igualdad, la identidad cultural, el pluralismo, el respeto a la tierra, territorio, recursos naturales, entre otros”.
De acuerdo con el organismo la consulta debe ser:
- Libre: no debe haber interferencias ni presiones;
- Previa: debe ser anterior a la adopción y aplicación de la medida legal o la administración nacional y a la ejecución del proyecto o actividad.
- Informada: se debe dar a conocer el objeto de la ley, decreto o proyecto a los posibles afectados.
- Culturalmente adecuada: se debe realizar a través de asambleas y de las instituciones representativas de cada pueblo indígena. Se debe tener en cuenta las peculiaridades de los pueblos, formas de gobierno, usos y costumbres. Así como tener un diálogo intercultural con las partes.
- De buena fe: debe haber buena disposición, un diálogo equitativo, imparcial, con igualdad de oportunidades de poder influir en la decisión final, y con reconocimiento del otro como interlocutor válido, legítimo y en igualdad de condiciones.
De acuerdo con datos del Instituto Poblano de los Pueblos Indígenas (agárrense clasistas), uno de cada tres poblanos es indígena por adscripción.