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OPINIÓN

“La bisagra que rechina es la que consigue el aceite”

En medio del debate político es importante recuperar al activista norteamericano Malcom X y su lucha

Lorenzo Diaz Cruz

Doctor en Física (Universidad de Michigan). Premio Estatal Puebla de Ciencia y Tecnología (2009); ganador de la Medalla de la DPyC-SMF en 2023 por su trayectoria en Física de Altas Energías. Miembro del SNI, Nivel lll. Estudios en temas de educación en el Seminario CIDE-Yale de Alto Nivel (2016). 

Domingo, Julio 23, 2023

En estos días se escucha en todo México el ruido mediático asociado con el debate político, reflejo a su vez de la lucha por el poder siempre presente. En este debate vemos que se mencionan algunos nombres que llevan la X, con una inclinación ideológica hacia la derecha. Sin embargo, antes de tocar esos temas, quisiera primero escribir acerca del activista norteamericano Malcom X.

Malcom X formó parte del activismo de los años sesenta en Estados Unidos, al luchar contra el racismo y la segregación. Al nacer le pusieron el nombre de Malcom Little, pero decidió cambiarlo como una forma de protesta contra la cultura dominante que secuestró y esclavizó a la población africana traída a América.  Malcom se hizo parte del islam y lidereó una corriente de lucha más radical por la justicia y libertad de los afroamericanos. En el mismo internet se pueden leer algunas frases que ilustran el pensamiento de Malcom.

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En otro de sus discursos pronunciado el 10 noviembre de 1963 en Detroit, enuncia una crítica dura al sector de la población afroamericana más conformista, quienes habían comprado el discurso de superación individual como una forma de matizar los problemas raciales. En ese discurso, podemos leer lo siguiente:

“Había dos clases de esclavos: el negro doméstico y el negro del campo. Los negros domésticos vivían en la casa del amo, vestían bastante bien, comían bien porque comían de su comida, las sobras que él dejaba. Vivían en el sótano o en el desván, pero vivían cerca del amo y querían al amo más de lo que el amo se quería a sí mismo.  Daban la vida por salvar la casa del amo, y más prestos que el propio amo. Si el amo decía. “Buena casa la nuestra “, el negro doméstico decía: “Sí, buena casa la nuestra”. Cada vez que el amo decía “nosotros “, él decía “nosotros…”

En esa misma plantación estaba el negro que laboraba los campos. Los negros del campo. Ellos eran las masas. Siempre había más negros en los campos que en la casa. El negro del campo vivía en un infierno, comía sobras. En la casa del amo se comía carne de puerco de la buena. Al negro del campo no le tocaba más que lo que sobraba de los intestinos del puerco …

Al negro del campo lo apaleaban desde la mañana hasta la noche; vivía en una choza, en una casucha, usaba ropa vieja de desecho. Odiaba al amo. Digo que odiaba al amo. Era inteligente. El negro doméstico quería al amo. Pero aquél negro del campo, recuerden que era la mayoría, odiaba al amo.”

Esta diferencia de actitudes se retrata también, de una manera dura y descarnada, en una película del director Quentin Tarantino, “Django sin cadenas”, una especie de western sureño. En ella se aborda la lucha de un hombre negro por recuperar a su esposa, que había sido vendida en otra plantación. Por un golpe de suerte, Django es liberado por un caza recompensas alemán, un tal Dr. Schultz interpretado por Christoph Waltz, quien le promete liberarlo y ayudarlo a recuperar a su esposa, a cambio de que lo ayude con la captura de algunos criminales. En ese proceso Django aprende a disparar diversas armas de fuego, montar a caballo y logra canalizar su sed de venganza ejecutando presto a los criminales que se cruzan por su camino.

La pareja de caza recompensas logra llegar a la plantación donde estaba la esposa, que vivía un infierno, con castigos por rebelde, hermosa y educada. Sin embargo, en esa casa vivía también Stephen, un jefe de esclavos cruel y arrastrado con el amo. Ese amo era un hombre sádico y caprichoso, actuado por Leonardo di Caprio, y cree que los visitantes están interesados en comprarle un esclavo que utiliza para combates a muerte. Stephen, interpretado por Samuel L. Jackson, sufre al tener que atender a Django, cuestiona que Django monte un caballo y que se le permita hospedarse en la casa principal, como si fuera un blanco. Era un ejemplo perfecto de esos negros domésticos que menciona Malcom X; además el hombre desconfiaba de las intenciones de los visitantes, y estando al lado de su amo le advierte la traición.

No les cuento el final para no hacerla de spoiler, pero no niego que llegué a disfrutar la venganza despiadada de Django contra todo lo que representa el sistema opresor.

En nuestro tiempo y lugar, es común que los sectores más privilegiados, aquellos que no tuvieron que esforzarse mucho para empezar un negocio u obtener un empleo de alto nivel, afirmen que la gente es pobre por ser floja. Esa gente cree que las combis del transporte público vienen desde la madrugada, llenas con puro licenciado egresado de la Anáhuac. Por otra parte, cabe decir que esa creencia no es exclusiva de las clases altas, también suelen adoptarla sectores de clase media, que comparan sus ingresos o estilo de vida, con los sectores más pobres, pero no con los verdaderos ricos. Y así se sienten privilegiados, pero como dice otra frase de Malcom:

“Sentarte en la mesa no te convierte en un comensal, a menos que te comas algo de lo que hay en ese plato …”

En nuestro país alguien puede decir que simpatiza con los pueblos indígenas, vestirse de blanco el 21 de marzo y pasear por las pirámides. Pero eso no los hace ni indígenas ni siquiera aliado de los pueblos indios. Para ello, deberíamos analizar, en el caso de un diputado o funcionario, el sentido de su voto ante los Acuerdos de San Andrés, o su actuación durante la revuelta zapatista. A lo mejor resulta que era de los que pedían mano dura, reviviendo el muy porfirista “mátenlos en caliente”. Se debe ver también su posición ante la represión de Atenco, durante el gobierno de Fox y Peña Nieto.  O incluso su opinión ante los aumentos al salario mínimo, tan castigado durante todo el periodo neoliberal.

¿Defensores de los indios? Bien podrían responder los susodichos: no me defiendas compadre.

Para probar esa posición, basta con preguntarle a la gente su opinión sobre hechos tan simples como que los gobiernos de la Ciudad de México hayan instalado pistas de patinaje en el zócalo, o playas artificiales, para recreación de los sectores populares. Por la furia de la reacción contra esas medidas, uno puede ubicar qué tan cerca de la ultra-derecha están. Esa clase de reacciones nos explican muy bien que hayan recibido con bombo y platillo, al impresentable y retrógrada Vox, vocero del fascismo español que se niega a aceptar que ya vivimos en el siglo XXI.

Cierro estas líneas con otra frase del mismo Malcom X, que bien se puede aplicar a varios actores políticos de la actualidad, que por cierto comparten la misma inicial:

“Un sabio puede hacer el papel de un payaso, pero un payaso no pude interpretar el papel de un sabio”.

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