En lo que llevamos del siglo XXI, poco a poco se ha ido construyendo la idea de un nuevo orden mundial, en el que el sur del planeta se incorpore con fuerza y relevancia en los temas internacionales. Se le conoce como la emergencia del sur global.
El argumento ha sido utilizado por naciones como la India y Sudáfrica, y también por las naciones latinoamericanas de Centroamérica y el cono sur.
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Una característica del sur global es ir a contracorriente, en la medida de lo posible, de los dictados norteamericanos y europeos sobre las relaciones internacionales y el comercio mundial. Por un lado, aprovechan los foros internacionales del sistema de Naciones Unidas para hacer acto de presencia y, por el otro, mantienen cautela y entablan negociaciones ríspidas con el Fondo Monetario Mundial y el Banco Mundial. De alguna forma, el sur global pone en entredicho la vigencia del orden internacional después de la Segunda Guerra Mundial
Lo que se puede apreciar es la coincidencia de políticas diplomáticas y comerciales que buscan alejarse de los esquemas tradicionales de cooperación internacional, según los esquemas hegemónicos del concierto occidental.
Por ejemplo, hace apenas unas semanas, la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, realizó una visita oficial a China. Recibida por el presidente Xi Jinping, abrieron las puertas a la embajada hondureña en aquel país. El propósito de la visita fue intensificar las relaciones de todo tipo entre el gigante asiático y la pequeña nación centroamericana. Antes, la presidenta hondureña se reunión con la expresidenta brasileña Dilma Rousseff, quien es la actual titular del Nuevo Banco de Desarrollo del grupo de economías emergentes BRICS.
En otro acontecimiento emblemático del sur global, el presidente de Irán, Seyed Ebrahim Raisi, visitó recientemente Venezuela, donde fue recibido por Nicolás Maduro. Esa fue la primera visita oficial del presidente iraní a Latinoamérica. Y no es casualidad que la haya hecho a Venezuela. Este país latinoamericano afronta un bloqueo encabezado por EE. UU. No tienen más opción que buscar apoyo económico y comercial en naciones que también rivalicen con EE. UU.
También, “el Presidente Luiz Inácio Lula da Silva realizó una visita oficial a Francia durante los días 22 y 23 de junio, donde participó en la Cumbre para un Nuevo Pacto Financiero Mundial y sostuvo una reunión de trabajo con el Presidente Emmanuel Macron”. Pensar en un nuevo pacto financiero significa replantearse la vigencia del orden económico mundial emanado de Bretton Woods en 1944.
Lo que ocurre con las relaciones internacionales contemporáneas respecto a estos ajustes y nuevos escenarios no es nuevo. Por un lado, “los enemigos de mi enemigo pueden ser mis amigos”, reza un dicho tan añejo como vigente y eso explicaría el juego de relaciones que China, Rusia e Irán han establecido en América Latina, el sudeste asiático y Asia. Por otro lado, la necesidad de rediseñar los organismos internacionales también fomenta la búsqueda de nuevos frentes diplomáticos.
Y, en efecto, la estrategia del sur global es ir desmantelando, paulatinamente, las lógicas del poder vigentes en el mundo desde finales de la Segunda Guerra Mundial. ¿Por qué? Porque ese orden internacional calificó al sur global como un conjunto de naciones subdesarrolladas que vivían en la periferia y que tenían que ser ayudadas para progresar.
Los esfuerzos parecieran insignificantes. Las noticias no difundieron la visita de la presidenta hondureña a China ni la visita del presidente iraní a Venezuela. Quizá tuvo más resonancia en los medios la gira de Lula a Brasil.
Quizá ese silencio, sea más motivo de las preocupaciones que despiertan estas acciones, y no solo un bloqueo mediático estratégico. Lo que es un hecho es que el sur global está actuando cada vez más de manera concertada y eficaz. El orden mundial está cambiando. Aunque no nos percatemos todavía de ello.