Los humanos somos animales sociales ya que disfrutamos de convivir, dialogar o ir al cine, al teatro o asistir a un concierto. Cuando desarrollamos estas actividades con la pareja o un amigo nos sentimos con mayor empatía, por lo que nos percibimos muy felices. Una pregunta obvia es: ¿qué pasa en nuestro cerebro cuando interactuamos y nos sentimos bien?
Para poder dar respuesta a este cuestionamiento debemos medir la actividad cerebral cuando se hacen tareas agradables. Por ejemplo, en los murciélagos esto se da cuando se asean mutuamente, como cuando los gatos se lamen entre sí. Al medir la actividad cerebral de los murciélagos durante el aseo mutuo se ha obtenido que, al vocalizar, el equivalente a nuestro lenguaje, se genera una actividad cerebral de ritmo alto de entre 30 a 150 Hertz, y esto no sucede cuando se dan interacciones no sociales como es el comer fruta. En ratones se ha observado también que al agruparse para dormir, su actividad cerebral se sincroniza de manera similar a lo que se presenta en los murciélagos que se asean mutuamente. Pero ¿qué pasa en los humanos?
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En un estudio reciente empleando la técnica de resonancia magnética funcional, se midió la actividad cerebral mediante cambios en el flujo de sangre en distintas áreas cuando dialogamos con un amigo o nuestra pareja. Los resultados muestran que se activan áreas del cerebro involucradas con la empatía, esto es una sensación de estar ligado a la otra persona y de bienestar. Pero no se incrementa el flujo sanguíneo cerebral cuando platicamos con una persona conocida. Esto implica que al estar con alguien que confiamos y seguramente compartimos información personal, el cerebro de ambas personas se sincroniza; esto es, se activan áreas cerebrales similares en ambos sujetos. Esperemos pronto tener un conocimiento profundo de las bases de la empatía y de sus alteraciones para poder brindar mejores tratamientos.