De una semana a otra, la coyuntura política del país ha cambiado.
Lo más notable, la aparición de una posible candidata heterodoxa para la oposición: Xóchitl Gálvez. Todavía es muy pronto para cualquier predicción sobre las elecciones presidenciales del 2024, pero Gálvez surgió como una opción viable.
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Heterodoxa, porque no coincide con los estereotipos de ninguno de los tres partidos que podrían postularla. “Panista no panista”, le dicen. Llegó a la política en el gobierno de Fox, no por su militancia, que no existía, sino por su perfil profesional, que se consideró adecuado para el desarrollo de los pueblos indígenas. Dicen algunos que hizo una labor notable y positiva en ese ámbito.
De origen pueblerino, indígena por una rama de su familia, estudió ingeniería y fundó una empresa. No encaja con el estereotipo clasista y racista con el que la narrativa de López Obrador ha tratado de desprestigiar a sus opositores.
En el contexto de una oposición discreta, casi inexistente, que poco se ha dejado ver y oír ante los errores del actual gobierno, Xóchitl sí ha sido capaz de decirle sus cosas al Presidente.
La reacción desde Palacio Nacional ha sido notable. Han intentado descalificar a la senadora panista con argumentos fantasiosos. ¿Tratan de distraer de otros problemas, o están realmente preocupados?
Por otro lado, Claudia Sheinbaum parece no tener presencia propia. Parece ser una copia no lograda de López Obrador. Toda la apuesta de Morena parece estar en que sea vista como una continuación del actual gobierno.
Pero eso no es posible. Por múltiples razones el perfil, la historia, la personalidad de Sheinbaum está muy lejos de AMLO. Si quiere ser una candidata competitiva tendrá que tener un perfil propio, que parece no tener.
Sobre Ebrard pesa la sombra de su salida de Morena, si es que no resulta candidato de ese partido. Su derrota en el proceso de selección deberá ser contundente y convincente. De lo contrario tendrá una excusa para irse a otro lado, rompiendo la tan preciada unidad de la 4T.
Los otros candidatos morenistas parecen muy rezagados y poco viables. Y la oposición estableció reglas que, en lugar de ampliar sus opciones, las limitaron. Quedan Creel y Enrique de la Madrid, con perfiles y posibilidades muy distintos.
Claro que todo puede cambiar de una semana a otra. Como ha cambiado varias veces en las semanas recientes. Habrá que observar, más que a los candidatos, qué opciones se abren para el futuro del país.