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OPINIÓN

Las ocurrencias de la administración de la BUAP

Los efectos devastadores del neoliberalismo educativo tienen nombre

Guadalupe Grajales

Licenciada en Filosofía por la UAP con Maestría en Filosofía (UNAM) y Maestría en Ciencias del Lenguaje (UAP). Candidata a doctora en Filosofía (UNAM). Ha sido coordinadora del Colegio de Filosofía y el posgrado en Ciencias del Lenguaje (BUAP), donde se desempeña como docente. Es la primera mujer en asumir la Secretaría General de la BUAP.

Martes, Junio 27, 2023

El 22 de junio de 2023 apareció en el periódico La Jornada un artículo titulado ¿Qué es el neoliberalismo educativo? de Lev M. Velázquez Barriga quien, a partir del Segundo Congreso Mundial contra el Neoliberalismo Educativo llevado a cabo en Panamá en este mes de junio, propone analizar sus principales componentes.

Leer este artículo nos permite ponerle nombre a las acciones que la administración de la BUAP, con la complacencia del consejo universitario o mejor diríamos, complicidad del consejo universitario, está llevando a cabo en detrimento de los derechos de estudiantes, docentes y trabajadores universitarios.

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El autor habla de la “Desterritorialización escolar y matriculación digital en plataformas privadas”, lo que constituyó un recurso para no inmovilizar la actividad educativa durante la pandemia ahora se ha convertido en la forma “normal” de educar. Piensen tan sólo en las clases virtuales en las que ni siquiera conoces la cara de tus compañeros(as) o incluso del propio docente. Estas plataformas que, si no las sabes usar te convierten en el hazmerreír de quienes atestiguan tu “ignorancia”, justifican la ausencia de una educación presencial y gratuita que el Estado está obligado a garantizar.

También habla de la “precarización de los aprendizajes”, pues la educación remota es unidireccional. Piensen en estas “licenciaturas” aprobadas en el mismo consejo universitario en que se aprobó el proyecto CU2. Me referiré a la “Licenciatura en Humanidades” cursada en 6 semestres y un total de 195 créditos. Incluye cuatro disciplinas: la historia, la filosofía, la literatura y el arte, si a este último podemos denominarlo de esa manera, que se abordan en cuatro de los seis semestres, pues el primero está dedicado a cosas como “Epistemologías del sur” y “Formación integral para el Envejecimiento saludable” y el sexto semestre al servicio social y a la titulación. En suma, dos años lectivos dedicados a las cuatro disciplinas en cuestión.

Hay que aclarar que estas “licenciaturas” están dedicadas a los adultos mayores de 25 años, pues son las impartidas por docentes de alguna o algunas unidades académicas y “administradas” por la Universidad para Adultos, una dependencia administrativa de la universidad. Una combinación armada para brincarse lo establecido en el Estatuto Orgánico: “Artículo 23.- La función educativa, en sus distintos niveles y modalidades, estará encomendada a las unidades académicas, que son las encargadas de realizar las funciones de docencia, de investigación y de extensión y difusión de la cultura.”

Pero lo que me interesa resaltar es esta precarización de los aprendizajes de la que habla Velázquez Barriga. No sabemos si algún estudiante mayor de 25 años será admitido en las licenciaturas “normales” que ofrece la universidad, lo cual significaría una discriminación mayúscula por edad. Pero lo que sí sabemos, dado este “plan de estudios” de la Licenciatura en Humanidades, es que lo que se ofrece al adulto mayor de 25 años es una “embarrada” de filosofía, historia, arte y literatura, además de un curso propedéutico para la vejez.

¿Cómo pueden abaratar de esa manera el estudio serio y comprometido de estas disciplinas? ¿Cómo pueden siquiera llamar ‘licenciatura’ a esta melcocha de temáticas que pretenden hacer atractivas a los pobres despistados(as) que creen que realmente se les ofrece una educación que amerita ese nombre? ¿Cuánto van a pagar por ese “título”? ¿Cuál va a ser su lugar en el mercado laboral frente a verdaderos licenciados en filosofía, historia o literatura?

Es bueno recordar uno de los objetivos de la creación de la Escuela de Filosofía y Letras en 1965. Los que culminábamos con nuestro tercer año recibíamos un diploma para enseñar estas disciplinas en el nivel medio superior. Antes del cultivo serio y sistemático de estas disciplinas sociales y humanísticas, su enseñanza en este nivel se distribuía entre personas dedicadas a otras profesiones.

Ahora vamos para atrás. Con el pretexto de que la enseñanza se basa en el planteamiento y solución de problemas complejos, o en el desarrollo de proyectos que requieren de la mirada multi, inter y transdisciplinaria, al estudiante se le esquilma con una formación en todo y en nada. Es como si le dijéramos, en el ámbito de la educación musical, que es suficiente con que interprete el “Sueño de Amor” de Franz Liszt en su versión facilitada.

Otro tema frente al cual inclinamos la cabeza es el del “Emprendurismo”. Tal parece que la universidad está para dotar a cada persona de lo que necesita para ser su propio patrón o para autoemplearse, lo que es un eufemismo para aludir a que la universidad está formando estudiantes para la incertidumbre laboral y para la “autoorganización del desempleo en proyectos de precariedad económica”, como lo señala Velázquez Barriga.

Este es el objetivo justamente del llamado ‘modelo dual’ del cual se ufanó el vicerrector de docencia en el último consejo universitario con motivo del traslado de las Ingenierías y de las Ciencias Naturales a CU2. El denominado Modelo Formativo tiene como primera etapa un bachillerato tecnológico; como segunda etapa la Selección; como tercera etapa el Tronco común y la Formación General Universitaria. Aparecen como Opciones de la cuarta etapa la Formación dual, las Certificaciones, las Estancias, y el Servicio Social y Práctica Profesional Crítica. Me pregunto si van a cobrar por cada una de estas opciones. Como quinta etapa están las Líneas de Generación y Aplicación del Conocimiento y como sexta etapa las Formas de titulación. De aquí se sigue la Especialidad de un año, la Maestría de año y medio y el Doctorado de tres años.

Y nosotros nos preguntamos: ¿en qué momento se enseña la disciplina? Aparentemente en la penúltima etapa, la de las Líneas de Generación y Aplicación del Conocimiento. Lo estamos suponiendo porque el lenguaje empleado indica que toda la “enseñanza” previa se ha impartido de manera general, sin introducir al estudiante en ningún discurso teórico y metodológico específico. Un verdadero dislate.

¿No les parece a ustedes de la mayor importancia ponerle un alto a las ocurrencias de quienes han estado frente a esta universidad por más de tres décadas y quienes, sin ningún diagnóstico serio sobre los modelos ensayados en miles de estudiantes –los que culminaron sus estudios y los que no lo hicieron – que siguen imponiendo una “educación” que no tiene el más elemental respeto por la especificidad disciplinaria ni por quienes la cultivan: los docentes que debieran gozar de la libertad de cátedra y de investigación, y los estudiantes que debieran cursar sus estudios en la disciplina elegida como esencial para su proyecto de vida?

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