No confundamos el sabor del whisky con el dolor, pues arruinarías ese trago sin motivo y solo por no respirar profundo, no confundas la playa con la felicidad pues arruinarías la sonrisa que causa la simpleza de observar el amanecer de siempre y que el amor no sea aquel único y verdadero pues te perderías la aventura de quién está lista para abrazarte más fuerte.
No signifiquemos la vida en lo que solo sucedió una vez, pues hablar siempre de la misma victoria significa que se detuvieron las ganas y la ambición de ser mejores, no lloremos siempre por la misma derrota pues significa que no estuvimos listos para ganar nunca más.
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No idolatres la vida y sueños de otras u otros, reconoce su capacidad y su talento, pero no vuelvas su identidad la tuya ni su aprobación tu ánimo, el espejo tiene siempre una persona más importante a la que le puedes dedicar esos sentimientos.
Actuamos como si esta vida fuera a durar lo que nos han contado que ha durado el mundo, como si los dinosaurios hubieran sido ayer y los mayas se hubieran marchado hace unas horas, como si nuestros días fueran juventud y no estuvieran marchitando los órganos, la mirada y la piel en cada paso, andamos como si las oportunidades en verdad fueran miles y como si los momentos volvieran como el almuerzo cotidiano.
Amas reservando las fuerzas y mejores ideas para la pareja correcta que no conoces y avanzas sin una utopía inspiradora por el miedo a que nunca se cumpla, aun cuando sabes que las utopías en su nombre llevan su condición.
Andas por ahí sin desgastar tu canción favorita por miedo a que deje de serlo y sin correr por nuevos caminos porque al de siempre ya le encontraste el modo y te acomoda su terreno; cuánta incoherencia hay en cuidar demasiado lo que nunca será eterno.
Hablamos del siempre aunque el nuestro sea un suspiro comparado con el movimiento de la montaña que observamos mientras lo prometemos, miramos al cielo como si fuera nuestro motivo y destino pero si eso es verdad se debiera llamar cielo a quien hoy y durante los malos tiempos ha estado contigo.
¿Cuántas olas tiene el mar? ¿De cuántas somos causantes nosotros? ¿Cuántas estrellas andan en el universo? ¿Cuántas somos nosotros? ¿Cuántas historias tiene la humanidad en este mundo desde que existe? ¿Y cuántas te pertenecen?, en esta pregunta si eres dueña o dueño de una y no hay nada que nadie pueda hacer por cambiar eso.
Estas líneas no son sobre lo pequeños que somos, es sobre lo extraordinario de ser finitos, pues en la caducidad de nuestro cuerpo está la imperante necesidad de disfrutar o por lo menos sentir cada paso que demos, pocas especies tienen la conciencia de saberlo, pero somos la única que lo hace y prefiere ignorarlo hasta que la realidad grita en un oído que es la última vez que va a hacerlo, no es sobre disfrutar tus días al máximo o no quejarte de nada mientras el agua ya pasó de tu cuello, es sobre sabernos aquí y sabernos perecederos, es sobre saber que en algún momento nos iremos y esa decisión hasta ahora no la tomamos en el momento que queremos.
Qué triste es avanzar por avanzar, amar por amar, andar por andar o esperar a que todo lo que nunca ha sido sea perfecto.
No confundas el sabor del whisky con un momento, lo que piensas y sientes hoy con lo que pensaras y sentirás el resto de tu tiempo.
@RafaGoli.