El martes 13 de junio se publicó en el Periódico Oficial del Estado de Puebla la nueva Ley de la BUAP y, ni tardos ni perezosos, el pasado viernes 16 de junio, a los tres días de su publicación, se celebró la sesión del consejo universitario, extraordinaria como siempre, para aprobar todo lo que tiene que ver con la inversión conjunta de la universidad y el gobierno del estado en el proyecto denominado CU2 de Valsequillo.
En la sesión el vicerrector de docencia se encargó de explicar los antecedentes, el presente y el futuro del proyecto. Me parece importante señalarlos porque apuntan a la continuidad de un plan echado a andar en 2012, hace ya 13 años, año de la transición entre Enrique Agüera, quien renunció para contender por la presidencia municipal de Puebla, y de Alfonso Esparza, quien lo sustituyó.
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En 2017, año del tercer nombramiento de Alfonso Esparza como rector, se inicia la primera etapa del proyecto, mismo que se retoma el 2 de mayo de 2023 con el dictamen emitido por la Secretaría del Medio Ambiente del estado de Puebla que destina a la administración de la BUAP la conservación del Ecocampus Valsequillo.
Los supuestos problemas que la inversión en CU2 pretende resolver son múltiples: la concentración de 54 000 estudiantes y 4 000 trabajadores en Ciudad Universitaria, el mantenimiento de los edificios, la inseguridad, el manejo de los residuos, la insuficiencia de laboratorios, el espacio para vehículos.
Digo supuestos porque si ustedes van a CU la encontrarán vacía. Simplemente no se ven esos 54 000 alumnos por ningún lado. Por otra parte, si ahora es difícil mantener los edificios, con mayor razón será mucho más difícil mantener los “viejos” y los nuevos edificios. En cuanto a la inseguridad, lo mismo, ésta crecerá a donde sea que se instale la universidad. Habría que revisar cuál ha sido el funcionamiento de la Dirección de Apoyo y Seguridad Universitaria (DASU) hasta ahora, porque sin duda cuenta con suficiente personal.
Si ha sido deficiente el manejo de los residuos, ¿por qué pensar que en Valsequillo sí van a hacerlo bien? La falta de espacio para los vehículos se ilustra con la torre de rectoría, y uno piensa, ¿para qué se trasladó toda la administración central de la universidad a CU? ¿Se trataba de vaciar el Carolino a costa de lo que fuera o de “modernizar” las oficinas? ¿Será que van a hacer otra torre de rectoría en CU2? No lo sabemos, pero no sería raro.
Lo más incongruente de todo este proyecto es que se lleva a cabo en un lugar con serios problemas de agua, pues hablan de construir una gran cisterna de agua alimentada por pipas. Simplemente declaran que no hay agua potable, pero que se va a construir una planta potabilizadora y se va a recuperar el agua de lluvias, claro si es que llueve.
Todos estos gastos se justifican por el “compromiso” con el medio ambiente. ¿Y el compromiso primario con los estudiantes, a quienes cobran por todo, desde su examen de admisión y a cada paso hasta su examen de titulación?
El proyecto se justifica socialmente porque se afirma que México necesita ingenieros y científicos, y académicamente porque estas unidades académicas, las ingenierías y las ciencias naturales, van a ser el conejillo de indias de la vicerrectoría de docencia. Por fin va a cumplir su sueño dorado de los programas educativos multi, inter y transdisciplinarios. Según esta vicerrectoría, todos los espacios educativos construidos para una disciplina cargan con este “defecto de origen”: enseñar su disciplina. Incluso, aunque ofrezcan muchas licenciaturas para cumplir con la supuesta diversificación de la oferta educativa, ¡no es suficiente!
Hay que borrar a las disciplinas del mapa, el llamado modelo napoleónico, que ya duró muchos, muchos años. Ahora hay que instalar el Modelo Dual. Que se reduce a la capacitación técnica de los alumnos para alimentar a las empresas que los requieren, como los requieren.
Todavía no conocemos un diagnóstico de la aplicación del famoso modelo Minerva, instalado en 2006 y reciclado en 2016. Por ejemplo, desconocemos totalmente cuál es la tasa de deserción estudiantil y sus causas. Aunque éstas pueden ser múltiples, es indudable que lo que ofrece la universidad y cómo lo ofrece ha sido fundamental en la vida de sus estudiantes. Y si no es así ¿por qué ahora la universidad se inventa lo de los microcertificados? Claro, si un estudiante ya no quiere o puede continuar, no deserta, se microcertifica o microtitula, mediante su debido pago por supuesto.
Es impresionante ver cómo a falta de rumbo y de claridad en el desarrollo académico de la universidad se experimenta con las vidas de los estudiantes que inocentemente se inscriben en estos programas pensando en cursar una carrera profesional, pero con la perspectiva inmediata de no terminarla, y de “engancharse” en alguna chamba.
Mucho compromiso social, mucho compromiso con el medio ambiente y su sostenibilidad, pero cero compromiso con el estudiantado que, después de pasar por una infamante selección, no encuentra en lo que le ofrece la universidad una verdadera opción de vida y de trabajo profesional.
También es impresionante cómo se “redirecciona” el gasto universitario de una partida a otra sin mayor problema. Si la universidad cuenta con tantos recursos ¿por qué no los aplica a aliviar el gasto que hacen sus estudiantes?
Demasiadas preguntas sin respuesta.
¿No les parece a ustedes de la mayor importancia mostrar lo absurdo de un súper proyecto que simula la súper actualización de un modelo universitario que en nada beneficia a los estudiantes?