El presidente Andrés Manuel López Obrador está operando directamente la sucesión presidencial; agregaría que magistralmente, mucho mejor que sus últimos cinco antecesores. Ha adelantado el proceso para evitar cualquier vacío de poder que genere fuego amigo. Sabe muy bien que debe mantener la unidad no solo de Morena como movimiento social, sino también la de la alianza de partidos. Además, nos tiene a varios hablando y escribiendo sobre la sucesión de Morena, dejando en el limbo a los otros partidos.
Honestamente, muchos esperábamos con gran curiosidad el resultado de la Asamblea del Consejo Nacional de Morena realizada el domingo pasado. En realidad, no hubo grandes sorpresas. Me parece que los trascendidos de la semana pasada, dados a conocer por los equipos de los aspirantes (principalmente el de Ebrard), nos adelantaron los escenarios. Se mencionaba que la decisión sería por encuesta, que deberían renunciar a sus cargos, que no serían cuatro, sino seis aspirantes, y que el resultado de la encuesta se conocería a principios de septiembre, específicamente el día seis. Solo se retrasa una semana en comparación a lo pronosticado de que se conocería en agosto.
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Lo destacado del domingo es que Morena ha legitimado el procedimiento para decidir quién será el futuro candidato o candidata a la Presidencia de la República. Todos los aspirantes han aceptado la manera en que elegirán a la Coordinación de Defensa de la Transformación. Esto pareciera un triunfo de Ebrard por el madruguete que dio al anunciar su renuncia al gabinete y sugerir un mecanismo de elección interna. Con estos dos elementos pretendía meter presión al menos a dos de las corcholatas. Pero esta lectura sería muy simple para un escenario de sucesión tan complejo como el que vivimos actualmente.
De entrada, quiero señalar que estamos frente a un proceso inédito que busca evitar la fractura interna en un proceso de distribución de cuotas de poder que no se había visto con anterioridad de forma escrita y acordada. Es decir, esas leyes no escritas hoy están plasmadas en el acuerdo del Consejo Nacional. Ha trascendido que uno de los puntos que Andrés Manuel expresó en la famosa reunión del restaurante, donde convocó a los aspirantes y a los gobernadores de Morena posterior al triunfo en el Estado de México, fue precisamente que el primer lugar de la encuesta tendría la Coordinación de Defensa de la Transformación, el segundo y el tercer lugar serían los coordinadores de las candidaturas del Senado y de los diputados de la coalición "Juntos Haremos Historia".
Sin lugar a dudas, con este modelo político pretende mantener la unidad de la coalición, ya que el único aspirante que puede poner en riesgo esta unidad es precisamente el excanciller Ebrard. Si revisamos las encuestas publicadas, queda claro que Ebrard juega su posición de segundo lugar y, si no se sintiera satisfecho con el proceso interno, podría intentar salirse del partido para contender con otros colores, lo que dañaría fuertemente a Morena. En este sentido, que la dirección del partido tome en consideración las propuestas de Ebrard, de separarse del cargo y precisar el mecanismo de la encuesta, y a su vez firmar el consentimiento de aceptar los resultados de la encuesta nacional que se darán a conocer en septiembre y apoyar al ganador, disminuye este riesgo. Por lo tanto, Ebrard ha caído en su propio juego. Queda claro que no es el favorito de Andrés Manuel.
¿A quién le conviene que Ebrard sea el candidato?
Marcelo Ebrard Casaubon conoce muy bien este escenario. Lo vivió en 1994 cuando formaba parte del equipo de Manuel Camacho Solís, amigo cercano del Presidente Carlos Salinas de Gortari. Sabe muy bien que estirar la liga puede provocar su rompimiento y no alcanzaría ningún beneficio. En aquel entonces, Manuel Camacho consideraba ser el candidato natural. Por alguna razón que podemos intuir, Salinas se inclinó por Luis Donaldo Colosio, y se produjo la inconformidad de Camacho, al grado de separarse de su cargo. En enero de 1994, con el surgimiento en Chiapas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, Camacho es nombrado comisionado por la paz y acapara todos los reflectores, dejando la campaña de Luis Donaldo Colosio vacía de contenido y al PRI en una crisis de representatividad.
El excanciller, aunque ha demostrado su lealtad al presidente Andrés Manuel, le cuesta trabajo ocultar su cercanía con la clase política salinista. Debo reconocer que también es bien visto por quienes hoy son adversarios del presidente, como Carlos Alazraki y otros comunicadores como Ciro Gómez Leyva. Con Ebrard, se identifica un amplio sector de clase media alta y una amplia población aspirante, que lo considera un posible candidato moderado, de centro, con rasgos de la derecha salinista. Aunque está con Morena, no tiene el ADN obradorista. Mientras que la estrategia de Claudia Sheinbaum ha sido territorial, en la de Ebrard ha predominado la cercanía con los grupos empresariales del país.
Es por eso que Marcelo Ebrard dará batalla. En los siguientes días veremos una competencia real por el poder. No será un camino fácil ni cómodo. Al final, tiene claro que es el más cercano al puntero en las encuestas (con diez puntos porcentuales en promedio) y la favorita del presidente, que es Claudia Sheinbaum. Por lo tanto, la competencia será intensa, considerando que Marcelo Ebrard desconfía de las casas encuestadoras que lo han colocado en segundo lugar, señalando que son las que se equivocaron recurrentemente en la elección del Estado de México.
En conclusión, en Morena estarán compitiendo dos proyectos: uno que representa la continuidad de la Cuarta Transformación, nacionalista con el ADN obradorista, y otro que se identifica con la agenda globalizada del mundo moderno.
Muchos opinaban que la sucesión de Morena ya estaba decidida a favor de Claudia, pero, aunque ella representa al primer proyecto y cuenta con la simpatía del movimiento, es necesario que exista esta competencia para lograr la unidad. Al final, se observa que el movimiento saldrá fortalecido. Aunque creo que el proceso de elección interna será altamente competitivo, considero que Claudia será quien resulte merecedora de la Coordinación de Defensa de la Transformación y Ebrard no saltara del barco, aunque intentará hacerse de la candidatura. Además, coincido plenamente con aquellos que aseguran que este modelo político se reproducirá en los estados donde habrá elecciones para gobernador, como es el caso de Puebla. Sin embargo, me reservo un pronóstico sobre lo que sucederá en Puebla. Primero lo primero.
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