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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La batalla por la inteligencia humana

En el campo del sentido de vida estamos en un momento de gran necesidad y búsqueda humana

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Mayo 8, 2023

La humanidad se está volviendo cada vez más tonta, según demuestran el éxito internacional de las Kardashian y el éxito nacional de Acapulco Shore.
No se trata de una especulación, sino de un dato científico. De acuerdo con el “efecto Flynn”, utilizado para medir el nivel colectivo de la inteligencia, la capacidad cognitiva de la especie va en descenso. Las estadísticas creadas por James Flynn demostraron que el ser humano alcanzó su pináculo de brillantez en los años setenta del siglo pasado. Luego vinieron décadas de relativa estabilidad hasta llegar al declive actual. La causa es evidente: hemos delegado numerosas funciones en los aparatos, confiando en que se hagan cargo de nuestra memoria e incluso de nuestra toma de decisiones.

Juan Villoro. Humanos con caducidad. Etcétera. 5 de mayo de 2023.

En el año 1957, el filósofo canadiense Bernard Lonergan (1904-1984) publicó su libro más conocido e importante: Insight. Estudio sobre la comprensión humana. En los capítulos sexto y séptimo de este libro, el autor se ocupa del tema del conocimiento del sentido común y del riesgo de absolutizarlo como única forma válida de conocimiento, lo que conduce a lo que él llama el ciclo amplio de decadencia -o de declive- de las civilizaciones.

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Lonergan no desprecia el sentido común. Por el contrario, lo considera un tipo de conocimiento especializado y esencial para resolver los problemas prácticos de la vida cotidiana, indispensable para nuestra supervivencia. Este tipo de conocimiento tiene como características que es útil, práctico, inmediato, aplicable. Es una forma de conocer que se desarrolla por ensayo-error y que no es universablizable sino aplicable a casos particulares y concretos.

El problema que plantea no es pues, la existencia y el desarrollo del sentido común como un tipo de conocimiento, sino su reinado como única forma de conocer el mundo, en detrimento del conocimiento teórico y científico, que es una forma de conocer de largo aliento, no inmediata ni aplicable directamente, ni con una utilidad aparente, al menos desde el punto de vista de la resolución de problemas particulares del día a día o de la generación de objetos, bienes o servicios que produzcan utilidades económicas. Esta absolutización del sentido común práctico también desdeña el conocimiento que Lonergan llama de la interioridad, es decir, el conocimiento de corte filosófico, que nos hace plantearnos y reflexionar sobre lo que somos y su sentido último.

Mientras el conocimiento del sentido común relaciona las cosas del mundo con la experiencia de cada sujeto, el conocimiento teórico relaciona los diversos componentes de una parte o problema de la realidad para generar una comprensión amplia y objetiva y el conocimiento filosófico aporta elementos para entendernos y guiar nuestras formas de conocer, actuar y buscar orientaciones profundas para nuestra existencia individual y colectiva.

Como afirma Villoro en el texto del que tomo el epígrafe de hoy, la humanidad es cada día más tonta y esta afirmación puede sustentarse científicamente, de diversas formas, entre las que se encuentra “el efecto Flynn” que describe en esta cita y también filosóficamente, como lo señaló Lonergan en su visión del ciclo amplio de decadencia.

Somos más tontos cada día como especie, desde mi punto de vista -muy influido por la visión lonerganeana- porque estamos viviendo tiempos anti-científicos de los que tenemos muchos ejemplos, desde los que cita Villoro o la visión terraplanista o de la conspiración sobre la pandemia, hasta muchos elementos de la recién aprobada “Ley Bullya” y el discurso presidencial que cuestiona el estudio de posgrados o la investigación científica porque los investigadores no están en la realidad de las comunidades resolviendo problemas prácticos y ante las evidencias de estudios sustentados que cuestionan sus resultados de gobierno argumenta que él “tiene otros datos”.

Estamos en tiempos de fake news, de postverdad, del sesgo de confirmación, tiempos en los que no cuestionamos la veracidad de la información y las explicaciones cada vez más absurdas sobre distintos temas porque lo que le da validez a lo que se publica y circula no es su veracidad sino su popularidad, su viralidad, la confirmación de nuestros prejuicios o creencias ideológicas, políticas o culturales y su aplicación práctica, aunque sea en términos de ayudarnos a vivir en un mundo menos cruel, desigual, excluyente y violento que es el que la realidad verificable nos está mostrando pero no nos gusta.

En el campo del sentido de vida estamos en un momento de gran necesidad y búsqueda humana porque ese mundo superficial basado en mentiras o en datos sesgados o en acumulación de posesiones, evidentemente no nos satisface. Sin embargo, también estos espacios de búsqueda se están llenando de respuestas míticas y mágicas, de rituales espectaculares y novedosos pero muchas veces basados en engaños y en estrategias de mercadotecnia ante la crisis de los grandes metarrelatos históricamente más sustentados, pero desgastados y desprestigiados hoy por esta realidad externa en la que reina la búsqueda de lo fácil y también por las propias inconsistencias y muestras graves de decadencia al interior de las instituciones que representan estos metarrelatos.

Pero además del reinado del sentido común práctico y utilitario, impulsado y reforzado interesadamente por el mundo del mercado global y de los grandes poderes fácticos políticos y económicos que dominan el mundo de hoy, la humanidad se está volviendo más tonta porque como dice Villoro, está confiando su conocimiento y aún su toma de decisiones vitales a las máquinas, renunciando incluso a la sabiduría tradicional acumulada por el conocimiento del sentido común heredado de nuestros antepasados. Aún el conocimiento del sentido común está en crisis y es hoy menos inteligente, razonable y responsable que en otros tiempos.

La situación es muy grave, porque como dice Morin, los grandes avances tecnológicos podrían ayudar a que la humanidad fuese más libre, más justa, más incluyente y estuviera mejor comunicada, que pudiera pensar por sí misma y expresarse de una forma más fraterna y solidaria, pero también conllevan el riesgo de convertirse en ese “Big Brother” que nos domine y esclavice, como parece estar ocurriendo mayoritariamente hoy, siendo poseídos por las tecnologías que poseemos.

Este análisis no pretende comunicar una visión catastrofista del futuro humano, sino hacer un llamado a todos los que formamos a las generaciones del mañana, a reforzar la lucha por la inteligencia trascendiendo esa escuela y esa formación universitaria que se centra en la mera transmisión de información. Esta tarea es urgente y tiene como condición indispensable, desde mi punto de vista, la articulación armónica de la formación de pensadores críticos, personas y ciudadanos éticos y seres humanos emocionalmente equilibrados y comprometidos con la salvación de la humanidad, a través de su realización.

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