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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

No hacen falta las personas

Qué distinto sabe el ron con cola, la cerveza fría cuando los acompañan gente real

Rafael Gómez Olivier

(Rafael Goli) Coach y consultor en alta dirección; escritor y creador del método Estocástico. Ha entrevistado a líderes globales, compartido experiencias internacionales y publicado Heroína de Dios, con más de mil copias vendidas. Su columna fusiona reflexión, vivencias y preguntas que invitan a actuar con dignidad e integridad.

Martes, Mayo 2, 2023

Tomé el móvil y compré un ticket de bus para partir en la madrugada, después de platicar por Zoom sobre lo que haría al día siguiente, me recosté en un sillón mientras Spotify me arrullaba con mar artificial, la alarma a las 3 am y media hora justa para alistarme, regadera, café, dientes, la maleta, música y olor a Dylan en el cuerpo y los oídos, abro Uber y pido al azar cualquier march que odia el tráfico de día.

Pendientes en el IPad, afinar lo que no dio tiempo, ¡llegamos! Dylan sigue fresco en la piel y los audífonos, un código en la pantalla, asiento solo, qué alivio, ahora Alex Cuba para recordar Cartagena, cinturón y sé que en tres horas estaré donde deba.

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Bajo, un escueto gracias, camino ya con poca pila para el fondo de este soundtrack que con like a Rolling Stone me motiva, voy recuperando poco a poco la mía, segundo café, segundo Uber, otro destino, media hora más de observar ventanas y la misma monotonía, solo en otros paisajes, caras y agonías.

La puerta de otro march se cierra despacio porque no es mía, el segundo gracias por reflejo, otro código en una pantalla donde debería haber un policía, el alma regresa a hacer lo que debía, por 5 horas, después termina la mitad del día, olvidé que esta no es mi ciudad, no todavía, abro la pantalla, airbnb, una habitación limpia a 20 minutos para dar algunos pasos, la tranquilidad de andar otros barrios, vuelta a la derecha, sigo por donde maps me guía, no hace falta preguntar todavía, vibró el bolsillo, llegamos, otra pantalla, un código en el mail, la puerta hace un estruendo de imanes para abrirse dando la bienvenida, recibidor lleno de pinturas y bancas vacías, al segundo piso, la llave pegada en el 7, que buen número, después de cerrar la cortina, una cama vacía, el puente de Brooklyn enfrente, con dos plantas muertas que nunca perdieron la vida adornando un closet que jamás estará lleno, y una repisa que siempre estará vacía. No hay televisión y como para qué querría una, el resumen de TikTok para saber si los malditos Lakers perdieron, si AMLO sigue en la silla, qué vacuna descubrieron, quién domina el mundo hoy, qué escribió Arriaga, qué dirían Hemingway y Capote de esta mierda si existieran todavía, otra pelea en wtsp con la que hoy he decidido otra vez pasar la vida, los ojos se cierran juntos aunque solo uno funcione como debía, otra alarma , otra ducha, otra playera, esta vez Dylan solo va en la chamarra y el cuello, ahora DIDI porque UBER abusó de que el tráfico sea una porquería, cuarenta minutos para llegar a una mesa en la que dos amigos esperan para encontrarnos en persona después de solo poder contarnos en un grupo de whats, cómo nos ha cambiado la vida, qué distinto sabe el ron con cola, la cerveza fría cuando los acompañan gente real y una cantina, las 12 y vuelvo al chofer que elige al azar un algoritmo, la puerta y los imanes que gritan de bienvenida, la habitación vacía, esperar la mañana, contarle un poco a Instagram que fue un buen día, esperar la mañana, ducha fría, café, la llave y la cama entregadas, me marcho de una casa que desde hace 100 años cuenta historias aunque ahora nadie recibe, y nadie te da una despedida, 30 minutos de caminata, el trabajo en llamadas, otra charla emocionante de dos horas cobradas y contestar mails olvidados para dejar una bandeja que no existe tranquila, un buscador para buscar donde escribir y ahora cambiar a Dylan por Sabina, una mesita vacía, un latte para la panza vacía, berries con yogurt para no estropear la pésima línea, el IPad en pages para narrarle a quien quiera que poco no estamos necesitando personas, qué rápido estamos desapareciendo del día a día, que pareciera la soledad es la compañía común del que aún se habita, que si no me salvaban dos amigos, algunas cervezas y cubas, hubieran bastado 4 gracias en mi rutina, que el trabajo y las charlas profesionales no son para contar lo que emociona y hastía, que en esta mesita del Café Valentina en el 31 de Río Guadalquivir en la paradoja de encontrar por la CDMX una calle tranquila, te extraño frente a mí, haciendo dibujitos en mis notas, tanto como no lo imaginas.

@RafaGoli

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