Es alarmante escuchar y leer a través de las redes sociales información sobre la desaparición de mujeres, niñas, acoso escolar en las escuelas, violencia intrafamiliar, psicológica, así como maltrato animal. Ante esta situación nos preguntamos: ¿quién tiene la culpa? ¿El gobierno, la sociedad, las autoridades, los maestros, la familia?
¿Acaso es necesario buscar culpables? ¿En qué momento histórico y social se empezó a mostrar desinterés por este tipo de problemáticas? Simplemente muchos continúan su vida cotidiana sin detenerse a pensar en la situación que impera en el país.
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¿Qué está pasando en nuestra sociedad? La pandemia fue un momento de unión para muchos, debilidad para otros, miedo e incertidumbre. A pesar del uso de cubrebocas en algunos establecimientos, hay quienes optaron por ya no utilizarlo, el no enfermarse conlleva a que no sea obligatorio. Al salir de las cuevas y continuar con el diario vivir fue alegría y felicidad para muchos. Sin embargo, este momento histórico no representó nada para algunas personas. Se comenzó a leer en revistas y periódicos digitales notas relacionadas a asesinatos, secuestros, violencia en las escuelas, es decir un descontrol total.
En los últimos años, la delincuencia organizada ha traído como consecuencia el no poder caminar seguro por las calles, jugar, correr, incluso pasear de noche. Todo esto convirtiéndose en algo difícil de sobrellevar y obligándonos a adaptarnos a este contexto.
Es un escenario donde muestra a una sociedad que se desvanece día a día, los hijos ya no respetan a sus padres, y los padres ya no se interesan por la educación de sus hijos, no acuden a las escuelas a preguntar sobre su desempeño escolar, porque simplemente no tienen tiempo; familias desintegradas o están en búsqueda de empleo. La razón es que tienen otras prioridades.
Ha llegado el momento donde las palabras y los discursos para promover una cultura de paz ya no tienen sentido, no interesan, donde no se está haciendo nada. Sabemos que la familia es la base de todo, es el núcleo fundamental para educar en valores a niños y niñas, un factor que se necesita para comenzar de nuevo.
Si tan solo escritores, directores de películas, series, novelas, así como cantantes de música de habla hispana y anglosajona se detuvieran a pensar que urge la idea de repensar una sociedad donde no se muestre una vida con violencia, transmitir en las canciones mensajes positivos y optimistas, hablar de cultura de paz, de valores, quizás podríamos contribuir un poco en nuestro país donde se lleva años padeciendo esta problemática.
Es difícil promover una vida sin violencia cuando son los padres de familia, hermanos y tíos los protagonistas de este hecho y más aún el contexto político y social que se presenta día con día, peleas y palabras groseras en la Cámara de Diputados donde no se observa el más mínimo respeto entre políticos que representan los supuestos intereses de la nación. Por eso, es de vital importancia detenernos a repensar qué estamos haciendo para evitar una vida sin violencia.