¿Cuáles son los grandes desafíos que hoy enfrentamos los padres y madres en la educación de nuestros hijos? Pareciera que estamos confundidos y lejos de darles una educación en valores, los estamos llevando hacia la irresponsabilidad, el desorden y caos. Son muchas las quejas que se escuchan de los propios maestros que exclaman verdaderamente: ¿Qué les pasa a los papás? ¿Qué no se dan cuenta el daño tan grande que les están haciendo a sus hijos al ser tan permisivos!
En una lista innumerable refieren los maestros:
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1.No permiten que se les pongan límites y disciplina, tampoco se les puede exigir, aprueban que estén conectados horas y horas en videojuegos y dispositivos; y por si fuera poco, que papás conscientes compran a sus hijos videojuegos bélicos desde a los cinco o seis años, en donde se puede vivir la adrenalina de estar en un centro de batalla, en donde la diversión es matar; en temas de violencia o bullying en la escuela son los primeros que aconsejan a sus hijos a defenderse; les hacen las tareas; no les dan responsabilidades en casa, todo se los hacen; toleran los insultos y groserías de sus propios hijos; hablan para pedir lo que tienen que llevar al siguiente día; permiten que sean irrespetuoso con los maestros; en suma, no hay deberes ni responsabilidades como hijos, solo privilegios; los cargan, les rescatan y no les permiten que vivan las consecuencia de sus actos.
Por otra parte, en una sociedad en la que cada vez más se rinde culto al tener que al ser, nuestros niños y adolescentes crecen confundidos y van forjando sus valores y creencias en consumir, aparentar o presumir; y en muchos de los casos muy alejados de la situación económica de la familia, reproduciendo en gran medida las prácticas de los adultos.
Quisiera compartir una carta muy ilustrativa del general Álvaro Obregón que entregara a su hijo Humberto por motivo de sus 21 años, que es su momento como mamá me cimbró. La pregunta es hasta qué punto pretendiendo ser una mamá o papá responsable con el afán de resolver, atender, y abrir oportunidades, en muchas ocasiones lejos de formarles, estamos perjudicando a nuestros hijos, limitando que el ingenio, resiliencia, gratitud, respeto, responsabilidad afloren como parte de su formación, aprendiendo el valor verdadero del trabajo, del esfuerzo; asumiendo hacerse cargo de sus responsabilidades y lo que les toca resolver a su edad.
Fue una gran lección para mí y en esta ocasión con motivo del Día del Niño y de la Niña, les comparto con mucho cariño esperando se den la oportunidad de leerla y reflexionar su rol de mamá o papá.
Carta del General Álvaro Obregón a su hijo Humberto al cumplir 21 años de edad, días antes de ser asesinado en La Bombilla, el 17 de julio de 1928.
Muy querido hijo:
Lo primero que necesitan los hombres para orientar sus actividades en la vida, para protegerse y defenderse de las circunstancias que les son adversas y que por causas ajenas a su voluntad convergen sobre su personalidad, es clasificarse. Clasificarse ha sido uno de los problemas cuyo alcance son muy pocos los que saben comprender; tú debes por lo tanto empezar por hacerlo y voy a auxiliarte con mi experiencia.
Tu perteneces a esa familia de ineptos, integrada, con muy raras excepciones, por los hijos de las personas que han alcanzado posiciones más o menos elevadas, que se acostumbran desde su niñez a recibir toda clase de agasajos, teniendo muchas cosas que los demás niños no tienen, y van por esto perdiendo, asimismo, la noción de las grandes verdades de la vida y penetrando en un mundo que le ofrece todo sin exigir nada; creándoles, además, una impresión de superioridad tal que llegan a creer que sus propias condiciones son las que los hacen acreedores de esa posición privilegiada.
Los que nacen y crecen bajo el amparo de posiciones elevadas están condenados por una ley fatal a mirar siempre para abajo, porque sienten que todo lo que los rodea está más abajo del sitio en que a ellos los han colocado los azares del destino, y cualquier objetivo que elijan como una idealidad de sus actividades tiene que ser inferior al plano en que ellos dé encuentran; en cambio, los que descienden de las clases humildes y se desarrollan en el ambiente de modestia máxima, están destinados felizmente a mirar siempre para arriba, porque todo el panorama que les rodea es superior al medio en que ellos actúan, lo mismo en el panorama de sus ojos que en el panorama de su espíritu, y todos los objetivos de su idealidad tienen que buscarlos sobre planos siempre ascendentes: y en ese constante esfuerzo por liberarse de la posición desventajosa en que las contingencias de la vida los ha colocado fortalecen su carácter y apuran su ingenio, logrando en muchos casos adquirir una preparación que les permite seguir una trayectoria siempre ascendente.
El ingenio que no es una ciencia, y que no se puede aprender por lo tanto en un centro de educación, significa el mejor aliado en las luchas por la vida y sólo pueden adquirirlo los que han sido forzados por su propio destino a encontrarlo en el constante esfuerzo de sus propias facultades.
El ingenio no es patrimonio de los niños o jóvenes que no han realizado ningún esfuerzo por adquirir lo que se necesita. El valor de las cosas lo determina el esfuerzo que se realiza para adquirirlas y cuando todo puede obtenerse sin realizar ninguno, se pierde la noción de lo que el esfuerzo vale, se ignora el importante papel que éste desempeña en la resolución de los problemas de la vida, y el tiempo que nos sobra nos aleja de la virtud y nos acerca al vicio; y este es el otro factor negativo para los que nacen al amparo de posiciones ventajosas.
¿Por dónde empezar después de leer esta abrumadora carta?
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