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OPINIÓN

Disipando temores

Conforme la transición política se acerca, los temores sobre el tipo de cambio se dejan ver

Javier Cobos Fernández

Economista por la UDLAP, M.A.P. por la Universidad de Columbia de Nueva York, con estudios de Maestría en Derecho en el ITAM, Máster en Private Equity, y doctorante en Derecho por el Centro de Estudios Carbonell. Exdirector Asociado en S&P, y exconsultor en IADB.

Martes, Abril 11, 2023

Como hace unas décadas era tradición que el cambio de gobierno federal venía acompañado de “sorpresas en el tipo de cambio”. Las continuas intenciones de regresar unos treinta o cuarenta años inevitablemente traen recuerdos amargos que se traducen en preocupaciones presentes.

Continuamente he tenido acercamientos con personajes quienes me han expresado su temor a una “repentina devaluación del peso”, dado que las políticas económicas actuales les traen un aparente “déjà vu”. Si bien es cierto que la actual realidad paralela del Ejecutivo Federal, que ya desde hace varias décadas que había quedado en el pasado, las generaciones adultas no lo olvidan.

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Primero. He de decirles que, si bien las finanzas públicas - medidas en niveles de deuda nunca vistos, inversión pública en infraestructura que deja mucho que desear, regresión a la opacidad y a los avances democráticos logrados los últimos treinta años- son un verdadero desastre, también he de decirles que los temores por una devaluación del peso no deberían ser una preocupación adicional.

¿Por qué?

La política cambiaria es totalmente distinta que hace tres décadas. Esto es, el precio del peso no ha estado fijado por decreto (como lo estuvo para fines de contrarrestar la inflación utilizándolo como ancla nominal en los ochenta y noventa) sino más bien sujeto a su oferta y demanda, mismo que brinda relativa estabilidad, sobre todo cuando Banco de México (Banxico) ha sido cuidadoso de mantener un amplio diferencial de rendimientos entre la tasa de referencia doméstica y las extranjeras. Traducido al español, mientras que el peso paga a los ahorradores arriba de los 11.25 por ciento anuales y el dólar ronda el 5 por ciento anual, es decir, más de seis puntos porcentuales por debajo del dólar, bajo instrumentos libres de riesgo.

Lo anterior, logra que los capitales decidan quedarse en pesos en una buena parte, por la atractiva tasa que otorga el peso como premio al riesgo – y mire que cinco de las diez ciudades más peligrosas del mundo están en nuestro país. Sin embargo, el diferencial de 6 puntos es suficientemente atractivo, y Banxico cuidará este diferencial, a fin de mantener la demanda por la divisa mexicana fuerte.

Segundo. Quien haya comparado la corrida de flujos de Silicon Valley Bank con la crisis inmobiliaria de Bear Stearns, Fannie and Freddy, Lehman Brothers, etcétera, en 2008, no solo compara peras con manzanas sino no tiene idea de lo que está hablando.

Tercero. Políticamente es conveniente mantener un peso fuerte a costa de lo que sea: Banxico incrementa 25 puntos base: ¿Cuánto nos cuesta? con el fin de mantener la narrativa presidencial de “una economía en orden”.

Por tanto, señores, como dirían los sabios: “que no panda el cúnico” o “el derecho al respeto ajeno es la paz”.

 

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