En los últimos meses hemos visto que el Banco de México (Banxico) ha seguido prácticamente la misma receta que el Banco Central estadounidense con el objeto de frenar presiones inflacionarias. Mucho he comentado sobre la pertinencia de seguir la misma receta para dos problemáticas con orígenes distintos. En esta reflexión no tomaré tiempo en lo ya explicado sino más bien en cuánto nos cuesta a los mexicanos el chiste.
Este ejercicio será particularmente corto pero muy revelador. De acuerdo con cifras oficiales, la deuda total de nuestro país asciende a poco más de 600 mil millones de dólares, niveles históricos nunca antes vistos. De hecho, por primera vez dicho monto ronda el 50 por ciento como proporción del Producto Interno Bruto (PIB).
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Con la política monetaria restrictiva, en la que hemos sido testigos de reiteradas alzas en la tasa de referencia, hemos comentado en el pasado que tiene una repercusión en las finanzas públicas ya que de un pincelazo el pago de deuda se incrementa de un día a otro.
Haciendo aritmética básica tenemos 600 millones de dólares de deuda. El incremento en la tasa de referencia – como supuesto objetivo contener la inflación - se incrementa nada más y nada menos que en 1.5 mil millones de dólares o 28.5 mil millones de pesos. Esto es, de un día a otro, el costo que el erario debe pagar por el servicio de la deuda solamente del incremento de 25 puntos base como réplica del comportamiento de la Fed.
A fin de poner en contexto, podemos decir que dicho monto es equivalente a dos veces el costo anual del Instituto Nacional Electoral, o el monto aproximado al que ascienden las irregularidades recientes en SEGALMEX, o bien, al doble de lo estimado en la “estafa maestra” hace algunos años.
Ciertamente con un alza de 25 puntos base a la tasa de referencia como la efectuada el jueves pasado el servicio de deuda aumentó de un día a otro los montos mencionados de un día a otro y nadie lo pone en contexto. Tanto “brinco estando el suelo tan parejo” con el INE que fue señalado como un Instituto “caro” y es simplemente la mitad de lo que aumentó el servicio de deuda de nuestro país de un día a otro.
Pero eso sí, nadie pone hace dos o tres multiplicaciones para calcular lo que nos cuesta una decisión, que en el fondo, obedece a los intereses de mandar una señal de que las finanzas públicas en México se encuentran en perfecto orden solamente por que el peso no se ha devaluado.
Vaya miope manera de medir el orden al interior de las finanzas públicas nacionales, aunque muy útil para la narrativa de Palacio Nacional.