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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Detrás del superpeso

En los últimos días hemos visto un peso mexicano fuerte, ¿a qué se debe?

Javier Cobos Fernández

Economista por la UDLAP, M.A.P. por la Universidad de Columbia de Nueva York, con estudios de Maestría en Derecho en el ITAM, Máster en Private Equity, y doctorante en Derecho por el Centro de Estudios Carbonell. Exdirector Asociado en S&P, y exconsultor en IADB.

Jueves, Marzo 9, 2023

Desde marzo de 2016 el peso no había visitado los terrenos promedio de 18 pesos por dólar. ¿A qué se debe? Las voces al interior de las filas de la 4T naturalmente dirán que el fenómeno no visto en los últimos seis años se debe a la estabilidad macroeconómica y al buen manejo de las finanzas públicas de la presente administración, y difícilmente podrían argumentar certidumbre institucional, seguridad o paz social, ya que estas últimas variables están fuera de toda discusión.

El precio del dólar en términos de pesos, en principio, se fija por el nivel de mercado determinado por la oferta y demanda de la divisa. En este caso, la demanda por pesos se ha visto fortalecida por diversas variables. Me permito citarlas en orden de fortaleza e importancia.

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La primera y más importante variable que origina la fortaleza de la demanda por pesos y por ende la fortaleza en su precio es el diferencial en tasas de interés entre ambas divisas. Esto es, mientras que los instrumentos libres de riesgo en pesos tienen un rendimiento de 11.0 por ciento fijado recientemente por el banco central, el rendimiento en instrumentos libres de riesgo en dólares está poco más de seis puntos porcentuales por debajo. Esto es, el dinero en pesos mexicanos otorga un premio al riesgo seis puntos porcentuales por encima de la divisa norteamericana. Este comportamiento, como lo mencioné la segunda semana de febrero derivó de una decisión más que económica, política ya que un peso mexicano fuerte se traduce en el argot popular en un país con finanzas estables y/o sanas.

En realidad, lejos de constituir una medida antiinflacionaria, constituye una variable que apoya la narrativa que emana de palacio de gobierno. Prueba de lo anterior es que bastó una declaración de Jerome Powell, jefe de la Reserva Federal en Estados Unidos el 7 de marzo ante el Comité de Banca del Senado estadounidense, en la que da a conocer las intenciones de la banca central norteamericana por incrementar adicionalmente su tasa de referencia para que el peso se depreciara marginalmente de manera instantánea.

Como he comentado en aquella ocasión, la medida de incrementar las tasas de interés en Estados Unidos tiene todo el sentido del mundo ya que obedece a una política monetaria restrictiva para contener las presiones inflacionarias derivadas de diversos factores, como por ejemplo el incremento de su emisión de billetes y monedas de manera drástica durante la pandemia COVID 19, combinado con factores externos. Hemos comentado también que dicha medida si bien es conveniente para nuestro vecino del norte por las condiciones de mercado de dinero prevalecientes, para el caso mexicano no lo es.

Una de las principales razones es que la inflación en México no obedece a un mercado de exceso de medios de pago en circulación sino más bien a la importación de inflación del exterior por condiciones meramente externas. Un incremento en la tasa doméstica, como sucedió recientemente, solo repercute en un desincentivo a la inversión nacional y al sustancial incremento de pago de servicio de deuda del gobierno mexicano, misma que ronda el 50 por ciento como proporción del Producto Interno Bruto (PIB), no vista en al menos los últimos veinte años.

En segundo lugar, una variable que sirve como indicador de una posible devaluación es el diferencial de tasas de inflación entre ambos países. En el caso actual, históricamente es mínimo. Esto es, mientras que en México la inflación ronda el 7.7 por ciento, en Estados Unidos se mantiene todavía por encima de 6.4 por ciento, lo cual denota un diferencial realmente pequeño como para llamar las miradas a una depreciación del peso en el mediano plazo y por tanto no constituye factor de estudio en este momento.

En tercer lugar, las expectativas de crecimiento en Inversión Extranjera Directa. Esta variable ciertamente ha jugado un papel importante, prueba de ello la reciente decisión de inversión de Tesla en México la semana pasada. Lo anterior fortalece las expectativas de compra de pesos (demanda por pesos y su consecuente fortalecimiento) para la propia planta y su proveeduría.

En resumen, la variable que hoy prevalece para mantener un superpeso está determinada por el atractivo premio al riesgo generado por Banco de México, pese a los costos que ello implica que acabo de explicar. Dadas las declaraciones de la Reserva Federal estadounidense ante el Senado este 7 de marzo, podríamos esperar una vez más que la variable política entre en juego – traducido en una nueva escalada de tasa de interés de referencia por Banxico - en convergencia con la narrativa presidencial en la que apenas hace un par de días cantaba:

“Ahora hay libertades que no había, antes cuando el Poder de los Poderes era el Ejecutivo, el Presidente, ahora a un verdadero estado de Derecho no es un estado chueco. No debemos de verlo como una situación de inestabilidad, de falta de gobernabilidad, si fuese así, no estaría el peso tan fuerte como está ahora”.

Sería interesante conocer la opinión respecto a esta declaración de la Ministra Norma Piña, o bien, de cualquier norteamericano con intenciones de venir a veranear a México, o dar una vuelta por Matamoros.

 

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