Allí está, el temido, el que se sintió con todo el poder.
Su esposa, como en los ecos de Mario Puzo, rezaba todos los días por todos los pecados que pudiera cometer el esposo.
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Sabían que estaba mal, pero nadie lo detuvo.
En las fiestas, se podía observar su cara satírica al ver el miedo que la gente sentía al verlo serio y dar una respuesta negativa.
- Claro, como usted ordene.
- ¡Claro que es como yo ordeno!
Allí, en esa caja grande; algunos llegan solo para verificar que eres tú y no regresaras a tus andadas, criaste cuervos y remolinos.
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