Opinión

Botana, el inventor de Gardel

Martes, Noviembre 29, 2022
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La afirmación de Helvio Botana resulta pertinente ante el recibimiento de los restos de Gardel
De formación jesuita, Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Compañero editorial de Pedro Angel Palou. Colaborador cercano de José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad y del constitucionalista Elisur Artega Nava
Botana, el inventor de Gardel

Establecí en días recientes un peculiar contacto con Helvio Botana, tras haber tenido la enorme gentileza de comentar un artículo referente a Ricardo Flores Magón en el que señaló que su abuela, Salvadora Medina Onrubia, sufragó durante los días finales de vida del anarquista mexicano los gastos familiares del luchador preso de Kansas.

Encuentro que resultó estrujante, digno de alguno de los relatos de don Miguel de Unamuno en la que los personajes cobran vida, dado que acaba de ver por enésima ocasión la cinta del realizador argentino Héctor de Olivera relativa al episodio en el que Natalio Botana, encargara a David Alfaro Siqueiros la realización de un mural en su residencia llamada “Los Olivos”.

Platicar con Helvio, después de haber visto la escenificación de la infancia de su padre protagonizada por el actor Rodrigo Noya, constituye una experiencia que bien puede parangonarse con los fenómenos que describe la “física quántica”, o quizá dicho sea para mi mayor agrado, a las enseñanzas de la sabiduría sefardítica que Moises León plasmara en el libro de El Zohar.

La lectura de la pieza teatral “Las Descentradas” de la autoría de Salvadora Medina Onrubia, en la que los personajes femeninos principales Elvira Ancizar de López Torres y Gracia Meurer, parecieran el alter ego de la autora, al menos como ésta es caracterizada por Ana Celentano en la cinta de Olivera.

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Elvira, filtra a Juan Carlos, el joven periodista que se ha prometido a Gracia, los actos de corrupción de su marido, ministro y prominente hombre acaudalado mientras despliega con éste un peculiar juego de seducción, en tanto, se lleva al cabo un diálogo en el que, la otrora instructora de declamación en la escuela de la lozana joven a la que lleva diez años, deja plasmado su más profundo sentido de la vida y del pasar del tiempo en una alocución manifiestamente inspirada:

“Ya no hago más versos, tesoro. Hace muchos años. Me conformo con tener sobre mis hombros toda la prosa de la vida”.

Hoy vecino de Morelia, el nieto del que acaso haya sido el más grande magnate de la prensa después de William Randolph Hearst, responde ante comentario expreso: “Gardel fue un invento de mi abuelo”.

“El Zorzal Criollo” al estrenar en dueto con José Razzano en el Café Tortoni, “Mi Noche Triste” le dio nacimiento, no sólo al tango-canción, sino a la canción popular urbana en habla española en el continente, cuestión, nada menor, si atendemos a que Friedrich Nietzsche señalara que la fortaleza de una civilización se aprecia a cabalidad en sus canciones populares.

No obstante, la afirmación de Helvio Botana resulta por demás pertinente el apoteótico recibimiento de los restos de Gardel tras haber sido exhumado en Medellín, tuvo una cobertura y un tratamiento noticioso, que catapultó al “morocho del Abasto” a la condición del mito, incrustándose en el imaginario colectivo no sólo del país austral.

El legendario reportaje de Augusto Fernández sobre la vida y muerte de Gardel, publicado en el diario Crítica, se erigió desde entonces en un modelo de trabajo periodístico, dejando escuela en el oficio; reportaje que desentraña los misterios sobre su nacimiento en Toulouse, el cual  conmemoraremos el próximo día 11 de diciembre y la posterior acta de nacimiento tramitada en Tacuarembó, Uruguay para rehuir las sanciones por deserción al ejército francés durante la “Gran Guerra”: “al grito de guerra los hombres se matan cubriendo de sangre los campos de Francia”; misterios que habrían adquirido tal carácter, precisamente en virtud de la expectativa que el propio diario había generado con miras a desviar la atención de la opinión pública por un atentado sufrido en pleno Congreso de la Nación y en medio de pesquisas sobre actos de una corrupción apabullante.

La cinta de Olivera nos pone en contactos con verdaderos gigantes: nos presenta el sepelio de Gardel, la obra pictórica de Siqueiros, la inspiración de Pablo Neruda, y la apabullante personalidad tanto de Salvadora Medina Onrubia como la de un editor que, fácilmente rivalizaba con el mismísimo Hearts , atendiendo a que la Argentina en la que se desempeñó  Natalio Botana, estaba muy cercana a la que inspirara el poema de Rubén Darío loando a una nación que se perfilaba en su momento como una de las primeras potencias del mundo, aunque acaso eso hoy pudiera llamar a desconcierto a más de uno.

La América española como la España entera
fija está en el Oriente de su fatal destino;
yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera
con la interrogación de tu cuello divino.

¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
 ¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
 ¿Callaremos ahora para llorar después?

No obstante todo lo anterior, la más impactante de las experiencias que pudieran haberse derivado de ver “El Mural”, estriba, como lo hiciera notar con antelación, en sostener una conversación llena de matices de enorme trascendencia con Helvio Botana, tras haber viso el transcurrir la infancia de su padre en el escenario de la pantalla de celuloide, peculiar desenvolvimiento de los misterios del mundo.

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