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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Precauciones ante la “batalla cultural”

¿La batalla cultural es por el control de la opinión pública a costa de la cultura pública?

Francisco José Anaya Rodríguez

Máster en Filosofía. Profesor universitario. Analiza la realidad social y política desde las Humanidades y las Ciencias Sociales. Además de en e-consulta escribe para el portal USMEXCHINA.

Jueves, Noviembre 10, 2022

Uno de los tópicos que dominan el discurso público actualmente es el de la batalla cultural. Publicaciones en Instagram y Twitter, videos en YouTube y hasta campañas electorales giran en torno a ella y a los polos enfrentados: las “nuevas izquierdas” y las “nuevas derechas”.

Desde la primera vez que escuché el término “batalla cultural” me pareció estar delante de una especie de oxímoron. Tal vez no tan evidente como en “apuesta segura” o “cerveza sin alcohol”, pero chocante al intelecto.

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La idea sería que en las últimas décadas las llamadas nuevas izquierdas han ido ganando la “batalla cultural” y de que ante esa situación se ha de formar un nuevo grupo “nuevas derechas” que siguiendo el mismo modo comience a ganar esa batalla en un perpetuo movimiento.

Hace unos días me di el tiempo de escuchar una charla del profesor de filosofía Alejandro Vigo. En ella, entre otros fenómenos de nuestras sociedades, analiza la cuestión de la batalla cultural.

Vigo cuestiona si en el transcurso y bajo las formas de las “batallas culturales” en las redes sociales, no hay algo de la cultura humana que se pierde como efecto secundario de la misma, algo así como un “daño colateral” que termina siendo el principal. El profesor se niega a dar “la batalla” y prefiere transmitir la cultura a través de su docencia. No tiene redes sociales digitales ni followers, tiene alumnos. Aquí comparto, amigo lector, algunas líneas de reflexión siguiendo la exposición de Alejandro Vigo:

Coincidencias entre las nuevas izquierdas y derechas

La primera es la convicción de que hay que dar la “batalla”; no por nada ambos grupos comparten lecturas en torno a Gramsci y la dialéctica amigo enemigo de Carl Schmitt.

La segunda es la convicción de que el medio predilecto para librar dicha lucha son las redes sociales digitales.

Ambos grupos por disímiles que parezcan se encuentran hermanados en su visión de lo que sea la cultura y los medios para configurarla.

El discurso como arma en la batalla cultural

Desde el momento en que el discurso es un arma en la batalla cultural, comienza a olvidarse de los matices. Esto se ve claramente en la falta de uso de adverbios como “tal vez”, “quizá”, “probablemente”, “acaso” o de expresiones como “pienso que”, me parece que”.

No obstante, Vigo se pregunta si acaso esas expresiones y adverbios de modo no son precisamente un rasgo del refinamiento de la cultura humana. Pues presentan la propia creencia en cuanto creencia. La cultura o ser alguien cultivado, ¿no tiene que ver con “la reflexión previa frente a la reacción instantánea, la matización frente a la falta de matices, la adverbialización frente al discurso directo”?

Por otra parte, es alarmantemente frecuente ver en “guerrilleros culturales” de derechas e izquierdas el uso de descalificaciones personales como “facho”, “feminazi”, etc.

Con Vigo podemos preguntarnos: ¿hace falta intercambiar insultos para defender algo que hay que defender?  Acaso con ello, ¿no se está deteriorando el nivel cultural y el refinamiento de las personas en sus relaciones? Lo mismo se podrá decir de los videos sacados de contexto y con titulares como “fulano destroza/humilla/acaba a mengano” En lugar de balas, tuitazos, en vez de cohetes, videos.

La “batalla cultural” en las redes sociales parece ser por el control de la opinión pública a costa de la cultura pública.

El problema con la dialéctica amigo-enemigo

Los límites del modelo de la “batalla cultural” son los límites de la dialéctica amigo-enemigo. Es decir, el hecho de que hay ciertos tipos de bienes o frutos que solo se alcanzan cooperativamente, como la paz y el desarrollo social. Esos bienes implican el diálogo, ejercicio refinado de cooperación. Tal vez los participantes de la batalla cultural parecen claudicar al diálogo porque claudican a una orientación compartida a conocer la verdad, pues se consideran ya en posición de la misma. En su lugar, comparten el deseo de derrotar al enemigo. No obstante, pocas cosas muestran mayor cultura que la orientación a la verdad en una discusión.

Al concebir a la cultura como campo de batalla que se concreta en las redes sociales se corre el riesgo de terminar arrasando a la cultura misma. Ya vemos las consecuencias en nuestro día a día; cada vez nos acercamos más a la violencia barbárica. Como señal, Vigo, citando al filósofo alemán Robert Speamann, afirma que “el efecto secundario termina siendo siempre el principal”.

Lo prudente puede que sea contribuir a desactivar los mecanismos de la batalla cultural, no alimentarla.

Sus comentarios son bienvenidos en: franciscoanayaprofesor@gmail.com

 

 

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