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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El marrullero de siempre

No se sabe qué pasará el domingo en la marcha, lo que sí es el malestar inocultable del Presidente

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Martes, Noviembre 8, 2022

Entre la marcha del próximo domingo 13 y la del domingo 27 de junio de 2004, cuando López Obrador era Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, encuentro muchas similitudes.  En aquella ocasión la gente salió a la calle a protestar por la inseguridad; ahora lo hace contra el desmantelamiento de los pilares de la democracia electoral: el INE.

El especialista del Colegio de México, Sergio Aguayo, vio en aquella protesta un parteaguas; el asomo de una nueva relación entre el gobierno y la ciudadanía. Una ciudadanía incipiente, ciertamente, pero en la calle. Le anheló larga vida. Pero ya sabemos: la ciudadanía no es del agrado de nuestro mandatario federal.

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En 2004, la protesta cuestionó severamente tres gobiernos y tres fuerzas políticas diferentes. Los tres eran caracterizados por la incompetencia y por cometer los mismos errores. López Obrador, Jefe de Gobierno de la capital, del PRD; Arturo Montiel (la parte conurbada), gobernador del Estado de México, del PRI; y Vicente Fox, presidente de la República.

La marcha “Recatemos a México” concentró a cientos de miles de personas en la capital, enojadas por la ola creciente de inseguridad, y la poca eficiencia de las autoridades en materia de prevención y combate. Amén de que, como ahora, el Jefe de Gobierno se mostraba vacilante frente al crimen.

Por ejemplo, en 2002 y 2004 se registraron linchamientos en las delegaciones de Milpa Alta y Tláhuac. En aquella ocasión se invocaron los usos y costumbres de los pueblos. El mandatario capitalino dejó entrever que, en casos de costumbres arraigadas, lo mejor era no meterse.

En efecto, la policía de la Ciudad de México tardó hora y media en llegar a la población de San Juan Ixtayopan, en Tláhuac. Para entonces una turba había maniatado y rociado con gasolina a tres agentes de la Policía Federal Preventiva y les prendió fuego.

Llegaron los medios de comunicación, pero no los refuerzos de seguridad a rescatarlos.

Marcelo Ebrard era el secretario de Seguridad Pública con López Obrador. Justificó la demora. Una cosa es “abrirse paso con una cámara de televisión” y otra con un convoy de 600 policías.

El gobierno federal de Vicente Fox lamentó que no se le haya pedido apoyo, no obstante que efectivos de esa corporación se encontraban próximos al lugar de los hechos. “Pero no hubo ninguna llamada”, aclaró a los medios su Secretario de Seguridad.

López Obrador, herido en su honor, se enfrentó con el gobierno panista. Argumentó que la derecha empresarial, en alianza con el gobierno del presidente Fox, y la prensa amarillista, buscaban descalificarlo para que no fuera Presidente de la República.

En ese contexto de crispación general la gente salió a la calle aquel domingo 27 de junio; la mayoría vestía de blanco. Se habló de medio millón de personas sobre Reforma. Fox se reunió con los convocantes al segundo día y tomaron acuerdos

López Obrador tardó semanas para recibirlos. Y lo hizo de mala gana. Previamente los llenó de insultos; a la prensa la acusó de amarillista, de ser la causante del éxito de la concentración, pero en particular se fue contra ella porque, dijo, era la principal causante de la caída de la popularidad de su gobierno.

“En esta gráfica se muestra con claridad cómo cambió la percepción a partir de la convocatoria a la marcha del domingo. En materia de seguridad, hasta finales de mayo, el 48 por ciento de la gente decía que el gobierno está actuando bien en ese rubro, y el 40 que no.
Empezó la convocatoria a la marcha y el resultado se revirtió. El 58 por ciento no está de acuerdo y el 32 que sí. No puede ser posible que esto haya ocurrido en tres semanas”.

Culpó al gobierno federal de los males en la ciudad. Mientras no haya “crecimiento económico”, empleos, si no se frena el empobrecimiento de la gente, va a seguir habiendo inseguridad.

No conforme, mando publicar un cómic para burlarse de los que salieron a la calle.

En la tira aparecen unos ricos que se compran ropa nueva para salir a protestar, otros se quedaron en casa porque no tuvieron para hacerlo. El folleto fue pagado por la Ciudad de México y difundido ampliamente entre la población, como parte del choteo y descalificación gubernamental.

En paralelo fue secuestrado un sobrino uno de los principales organizadores de la protesta, y presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad, por unos encapuchados a plena luz del día.

No exigieron nada, salvo que comunicara a su tío, Fernando Schütte: “dile a tu pinche tío que ya deje de estar chingando porque no va a haber próxima”. Schütte era presidente del Consejo de Seguridad Ciudadana y convocante de la marcha.

Leonel Godoy era el presidente nacional del PRD, lo que ahora es Morena; hizo la defensa. Recriminó que “nadie tiene derecho a poner en riesgo el proyecto de país de su partido (esto es, de López Obrador), ni el gobierno ni el presidente Vicente Fox ni la derecha golpista”.

Acusó que el gobierno de Vicente Fox pretende “derrotar a López Obrador antes de ir a las urnas, con la fuerza del estado”. “Les espanta que un perredista distinguido encabece las encuestas”.

Un día después de la marcha el periódico Reforma aplicó dos encuestas, en la Ciudad de México y en el resto del país. En ambas, 75% y 76%, la gente respondió que la marcha fue un acto ciudadano legítimo, y no político, como acusaba el Gobierno de la Ciudad de México.

López Obrador volvió a la carga en un programa de radio. “Sigo pensando, dijo, que metieron la mano, no sé si blanca o negra, pero manipular este asunto”. Señaló la conspiración de tres actores: a) la manipulación de las derechas, b) el oportunismo del gobierno federal; y c) el amarillismo de algunos medios de comunicación.

El sector empresarial respondió que sus declaraciones eran “soberbias e indolentes” y que debería de renunciar. “Pedimos que renuncie, queda claro que no tiene capacidad para gobernar la ciudad más importante del país”. Los empresarios advirtieron desde entonces que no trabajaba, pontificaba.

No se sabe qué puede pasar el domingo en la marcha en defensa de los órganos electorales. Lo que sí sabemos es el malestar inocultable del Presidente. Lo delata el rosario de obscenidades del lunes proferida en contra de los convocantes.

También sabemos con claridad meridiana, porque no se precisa de una especialidad en El Colegio de México para entenderlo, que el Presidente y su gobierno buscan retomar el control absoluto de los órganos electorales, y establecer una tiranía partidista.

Como era en el pasado priista, con la Comisión Federal Electoral, controlada desde la Secretaría de Gobernación, y con Manuel Bartlett de titular, y dado el caso, repetir el fraude de 1988.

He aquí la razón principal para salir a marchar el domingo.

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