La Gioconda de Leonardo Da Vinci, La Primavera de Botticelli, a lo que siguieron Los Girasoles de Van Gogh, Les Meules de Monet y la Joven de la Perla de Johannes Vermeer, también conocida como la Dama del Turbante; son pinturas emblemáticas en la Historia del Arte, y en cada país y cultura que le vio nacer.
Obras de arte que han sido atacadas con comida, pero previamente han sido protegidas por los museos que les resguardan. Los protagonistas de estos performances son jóvenes activistas que reclaman atención por parte de las autoridades ante el calentamiento global y el uso indiscriminado de combustibles fósiles. Durante sus demandas, violan la distancia de seguridad de cada obra y pegan sus manos al muro para, desde ahí, lanzar sus proclamas. Por lo tanto, son activistas presentes en diferentes países europeos.
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La primera vez que tuvo lugar este tipo de manifestaciones fue en el Louvre, noticia que trascendió a niveles internacionales y por varios días. Pero la reiteración del performance ha banalizado la protesta, al punto de encontrar una contrapropuesta de arrojar girasoles a las latas de Carnation Clavel de Andy Warhol.
Definitivamente la participación ciudadana es uno de los puntos clave en sociedades de tradición democrática, por lo que debería de haber otros mecanismos de interacción. ¿Esta fallando la sociedad civil?, ¿están fallando las asociaciones no gubernamentales con objetivos de cuidado al medio ambiente?, ¿están fallando las autoridades gubernamentales? o ¿está fallando todo en su conjunto?
Activistas de Letzte Generation (Última Generación) lanzando puré de papa a Les Meules de Monet en el Museo Barberini de Postdam, Alemania (Foto: @AufstandLastGen Twitter)
Cuando los movimientos feministas pintan nuestros monumentos, hay una gran indignación generalizada. Es el resultado de una sociedad que tiene más cuidado de sus monumentos que de sus mujeres. Aún así no se ve respuesta alguna por parte de quienes tienen la obligación de procurar nuestra seguridad y bienestar.
Lo mismo está pasando a nivel mundial con el medio ambiente. Todo un revuelo por las pinturas atacadas, a las que no les pasa nada, pero nunca se ha escuchado respuesta alguna por parte de quienes tienen en sus manos la toma de decisiones para el cuidado de nuestro medio ambiente y del calentamiento global.
Por lo tanto, este tipo de lucha carece ya de sentido; ya no es un performance que llame la atención, sino que ahora es motivo de mofa. Las organizaciones civiles, los ciudadanos preocupados por el medio ambiente deberíamos de plantearnos otras alternativas y -como siempre- hacer lo que no hacen los gobiernos: reciclar basura, sembrar árboles, protección de animales y un largo etcétera. En Puebla, por ejemplo, existe la Fundación Alas Verdes que se dedica a reforestar camellones, como el de Zavaleta; crían aves en peligro de extinción, como loros y guacamayas, y han organizado muestras de obras de artistas plásticos para recaudar fondos.
Fundación Alas Verdes
Sin embargo –y además- como ciudadanos tenemos el derecho de demandar a los gobiernos su actuación determinante para frenar esta catástrofe ambiental que estamos viviendo.