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OPINIÓN

El mundo náhuatl: ritos y sacrificios

Los sacrificios humanos representaron una necesidad para el bienestar de la humanidad

Luisa Martínez Baxin

Historiadora y maestra en Estudios Históricos por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (Puebla), originaria de San Andrés Tuxtla, Veracruz.  Ha realizado trabajo de campo e investigación con relación a la Historia de la Educación.

Miércoles, Octubre 26, 2022

En las siguientes líneas realizaremos un breve recorrido por el mundo náhuatl, además de enfatizar en la importancia de la cosmovisión e ideas que forjaron el pensamiento de la cultura mexica. Los sacrificios humanos en esta cultura desempeñaron un papel fundamental, de acuerdo con el relato de la migración azteca, según el códice: “Tira de la peregrinación”, cuando su dios Huitzilopochtli les ordena sacrificar a tres individuos, Xiuhnel, Mimich, y la hermana de ambos, por considerarlos hechiceros. Posteriormente Copil, sobrino de Huitzilopochtli es sacrificado debido a su maldad y por orden de éste, exige le sea llevado su corazón para después arrojarlo al lago del cual nació el tunal en donde se posaría el águila señalando el sitio en que más tarde se edificaría la gran Tenochtitlan.

En la siguiente narración localizada en el Popol Vuh podemos darnos cuenta de la cosmovisión mesoamericana, relacionado al corazón y la sangre como fuente de vida.

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“Toda la luna, todo el año,
 todo día, todo viento,
 camina y pasa también.

También toda sangre llega
al lugar de su quietud.”

Los sacrificios humanos representaron un deber sagrado con las deidades solares y una necesidad para el bienestar de la humanidad. Por lo tanto, el corazón y la sangre fueron la fuente de vida y razón; los mexicas concibieron a yollotl o corazón como el centro vital y cómo el órgano de la conciencia del individuo. Yollotl deriva de yol que significa vida y está vinculado a las ideas de sensibilidad, pensamiento y actividad mental.

Cuando el sacerdote extrae el corazón se permite que salga lo divino, la máxima fuerza sagrada como expresión del deseo del hombre de elevarse por encima de sí mismo y llegar a sus dioses. En lo que respecta al rito, el tacamictiliztli o “muerte ritual de un ser humano”, era el rito cúspide en cualquier ceremonia importante, lo fundamental era liberar la energía necesaria para conservar la armonía del cosmos.

Dicha tona o energía, estaba contenida en el eztli o sangre, en cambio, no toda era considerada chalchíhuatl o liquido precioso, la sangre proveniente de la menstruación y del parto, es posible estuviera relacionada con la energía fría y se asociaba con la luna y la fertilidad.

El tlacamictiliztli por extracción del corazón se colocaba a la víctima de espaldas sobre el téchcatl o piedra de sacrificios para dejar el chiquiuhyotl o tórax tenso, cuatro sacerdotes le sostenían las extremidades, el quinto le colocaba una argolla de madera en el cuello para evitar gritos y a su vez procurar asfixiarlo. El sexto sacerdote, quien es el principal, empujaba un técpatl o cuchillo de pedernal con ambas manos y de un solo golpe le abría el tórax para lograr arrancar el corazón.

La sangre del sacrificio estaba llena de fuerza vital era tan poderosa que no podía ser tocada más que por los sacerdotes, quienes la colocaban en vasijas especiales o jícaras de águila, lo mismo sucedía con el corazón, el sacerdote lo ofrecía al sol y lo guardaba en una jícara o lo arrojaba a los pies.

Estas prácticas que se realizaban en el mundo náhuatl, principalmente en la cultura mexica, les permitió conocer e identificar las primeras nociones de anatomía, así como también favoreció tener el conocimiento de poder curar su cuerpo de enfermedades, y utilizar algunas plantas para tratarse, como el nopal de grana, la cual molida y mezclada con vinagre curaba las heridas, confortaba el corazón y limpiaba los dientes.

Fuente
Barrera Ramírez, C. y Orduña Guerrero, Elisa. (1999). El Corazón y la sangre en la cosmovisión mexica. Historia y filosofía de la medicina, Gac Med Méx, Vol. 135, No.6, pp. 641-51.

 

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