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OPINIÓN

Política social y pobreza

De acuerdo a Rogelio Gómez no hay política social que sustituya los ingresos que da un buen empleo

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Martes, Octubre 25, 2022

La política social no puede acabar con la pobreza. Puede, y debe resolver diversos y graves resabios sociales. Puede, y debe convertir situaciones trágicas en vidas dignas. Pero no puede terminar con la pobreza en nuestro país.

Esta conclusión se deriva de las ideas y los datos presentados por Rogelio Gómez Hermosillo en una conferencia presentada recientemente en la UDLAP. Los datos y los argumentos expuestos son convincentes: no hay política social que sustituya los ingresos que da un buen empleo. La respuesta contra la pobreza está ahí: más empleos y mejor pagados.

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Gómez Hermosillo es una de las personas con mayor experiencia y reconocimiento, nacional e internacional, en la lucha contra la pobreza. No rechaza la política social. Al contrario. En casos, que pueden ser millones en nuestro país, es indispensable. Niños sin posibilidad de estudiar por limitaciones económicas; madres o padres sin acceso a guarderías; ancianos sin recursos básicos, requieren del apoyo del Estado y de la sociedad para salir adelante. Para evitar una vida mísera y lograr una vida digna.

Pero para terminar o disminuir la pobreza se requiere crear más riqueza y repartirla mejor. Mientras en Estados Unidos los salarios representan el 55% del PIB, en México son apenas el 28%, expuso el conferencista.

Pocos mexicanos tienen acceso a un trabajo regular. Y la mayoría de esos pocos ganan mal: por debajo de lo indispensable para mantener una familia.

Añado algo que no expuso el conferencista: vivir en un país en el que se tiene acceso a trabajo digno e ingreso suficiente, libera y dignifica a la persona. Los subsidios gubernamentales o la asistencia social, válidas y necesarias en muchos casos, la pueden limitar.

Si volvemos la mirada a nuestro país, podemos entender por qué la pobreza prácticamente no ha disminuido: los trabajos dignos y bien remunerados no han aumentado. En las últimas décadas no hemos tenido ni más trabajos ni mejor pagados.

Esto incluye al gobierno actual. Lo asemeja a los anteriores. No ha generado empleos ni ha logrado incrementar los salarios. Los incrementos al salario mínimo no inciden en los salarios reales.

Sin duda los esfuerzos por erradicar la pobreza son prioritarios en nuestro país. “La pobreza tiene muchos inconvenientes”, escribió un clásico. “La pobreza es peor de lo que la imaginamos”, escribió otro. Pero esos esfuerzos deben tener lógica y sustento.

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