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OPINIÓN

La posición de Noam Chomsky en el contexto de la BUAP

La libertad es la condición de la organización para la toma de decisiones benéficas para todos

Guadalupe Grajales

Licenciada en Filosofía por la UAP con Maestría en Filosofía (UNAM) y Maestría en Ciencias del Lenguaje (UAP). Candidata a doctora en Filosofía (UNAM). Ha sido coordinadora del Colegio de Filosofía y el posgrado en Ciencias del Lenguaje (BUAP), donde se desempeña como docente. Es la primera mujer en asumir la Secretaría General de la BUAP.

Martes, Septiembre 20, 2022

El pasado 9 de septiembre el profesor Noam Chomsky fue invitado a dictar una conferencia en la Licenciatura en Lenguas Internacionales de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas. Su disertación fue en torno a la relación entre el lenguaje y el poder.

Como ustedes saben, Chomsky es autor de la teoría lingüística más influyente del siglo XX, la Gramática Transformativo Generacional. Junto a sus aportaciones a las ciencias cognitivas Chomsky se ha distinguido por su posición crítica frente a las poderosas instituciones y organismos norteamericanos e internacionales.

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¿Por qué me parece interesante comentar su conferencia? Por varias razones, pero la más importante es la de plantearnos en nuestro contexto el reto que a Chomsky le parece que esta generación debe enfrentar: ¿cómo salvar la distancia entre el impulso destructivo del ser humano y su moral intrínseca?

Efectivamente, para Chomsky no sólo tenemos una naturaleza humana común, sino que además poseemos de manera innata la comprensión de los conceptos morales como ‘justicia’, ‘equidad’, ‘libertad’. Para él es claro que estos conceptos no se aprenden porque los niños entienden perfectamente su significado desde los dos o tres años, y no han tenido suficientes experiencias, léase interacción con su entorno cultural, para adquirir tales conceptos por esa vía.

Podemos estar de acuerdo con el innatismo de Chomsky o con el relativismo cultural de muchos otros autores, este no es el punto del presente artículo, pero lo cierto es que para Chomsky hay una pregunta ineludible para la presente generación y es la de cómo salvará a la humanidad de su autodestrucción.

Chomsky ha dedicado su vida a la academia y al activismo político. Su primer artículo, “Sobre la caída de Barcelona y la Expansión del Fascismo en Europa” lo escribió cuando tenía once años, en 1939. Sin duda es un referente obligado para quienes pensamos que hacer política es consustancial a la tarea educativa.

Para Chomsky es fundamental la participación ciudadana, pues en su ausencia los políticos tomarán las decisiones y éstas estarán en función de los intereses del poder económico que los llevó a ocupar los cargos. Es muy sencillo: la elegibilidad está en una relación directa con el dinero disponible para hacer las campañas.

La pregunta más apremiante es: Conocemos los hechos, ¿queremos actuar?

Chomsky reivindica los movimientos sociales de jóvenes y mujeres de los años sesenta y advierte un progreso moral, pero también la importancia de las organizaciones populares.

Es interesante la respuesta que Chomsky da a la pregunta sobre la importancia de la tecnología moderna que hoy permea todas nuestras actividades, pues sin dejar de reconocer su utilidad, y alude específicamente a la posibilidad de enterarse de lo que pasa en todo el mundo, señala que esa misma tecnología destruye la capacidad de adquirir conocimiento. Es consecuencia de la tecnología el que los jóvenes hayan dejado de leer, por ejemplo. Y otra consecuencia, todavía más grave, es que ha destruido la solidaridad entre las personas.

Su respuesta no podía ser más relevante para nosotros los universitarios, ahora que nos anuncian con bombo y platillo la nueva cultura digital universitaria. Y claro, a la pregunta de cuál cree que es el papel de la universidad hoy, la respuesta sumamente congruente de Chomsky es la de propiciar en los jóvenes el desarrollo de sus facultades críticas y de su criterio independiente. Enseñarlos a explorar, a crear y a estudiar para resolver los problemas humanos fundamentales y hacerlo colectivamente para descubrir nuevas preguntas.

Para Chomsky hay un supuesto básico para lograr todo esto y éste es la libertad que la universidad les ofrece a los jóvenes y que ellos deben usar. ¿Por qué es una condición sine qua non? Porque es imposible desarrollar la tarea formativa de las personas si no se les considera como tales, libres y por lo tanto dignas.

¿No les parece a ustedes de la mayor importancia ver a la luz de las opiniones de un hombre reconocido por sus aportaciones al conocimiento y a la sociedad el papel de la universidad y de sus agentes protagónicos?

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