Opinión

Ideologizar la educación

Viernes, Septiembre 9, 2022
Leer más sobre José Guadalupe Sánchez Aviña
Me preocupa las interpretaciones y formas, que pudieran atentar contra la idea esencial de libertad
Doctor en Educación, Sistema Universitario Jesuita ademas de ser maestro en Investigación Educativa por la Ibero Puebla realizó su licenciatura en Sociología por la UNAM . Actualmente es Académico de Ibero Puebla
Ideologizar la educación

Lo primero que tengo que decir, es que la tragedia educativa que vive hoy nuestro país, no se generó ayer ni el actual gobierno es causante de tal desgracia; cada gobierno y diferentes actores sociales han contribuido, desde su ámbito, a ello. No obstante lo anterior, debo insistir de nueva cuenta, que éste como cualquier otro de los gobiernos que ha tenido nuestro país, no pueden sustraerse de su obligación y responsabilidad de ofrecer la mejor educación, a nuestra sociedad.

Aun cuando no es mi centro de preocupación, en todo lo que en educación está sucediendo en el país, quisiera referirme al señalamiento recurrente, en diversos medios informativos en el sentido de que el actual gobierno, mezcla ideología con educación; están ideologizando la educación, dicen. Se acusa al gobierno, por el desprecio por el conocimiento, paradójico, que algunos de quienes la esgrimen, practiquen la misma fórmula, presentando niveles francamente superficiales de abordaje, generando en mí, la idea de que, les interesa cualquier otra cosa menos la educación.

Antes de explicitar mi postura al respecto, sirviéndome de la licencia que me otorga, que este texto es un artículo de opinión, acudo a la Real Academia Española para analizar el término. Dice la RAE, que ideologizar es imbuir (entiéndase como infundir o disuadir) una determinada ideología (“Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.” Entiéndase, idea, como modelo a seguir).

Dicho lo anterior, lo segundo que tengo que decir, es que no hay sistema educativo que atente, en contra del sistema social que lo crea y sostiene, trátese del país que se trate. La idea es simple: una sociedad, dígase gobierno, sostiene un sistema educativo que refuerza su proyecto de nación, traducido en políticas públicas y acciones específicas; así pues, el Sistema Educativo Mexicano corresponde a cada etapa de la historia de México.

Esta mezcla entre lo ideológico y lo educativo, no es novedad.

Ahora bien, si revisamos el “Proyecto Alternativo de Nación 2018–2024”, elaborado en la propuesta de AMLO como parte de su plataforma electoral encontraremos las bases de lo que el actual gobierno hace en materia educativa; resumiendo, con palabras aproximadas al discurso oficial: cambio de paradigma civilizatorio.

Por cierto, con planteamientos que no son nuevos, por ejemplo, la idea de trasladar el énfasis puesto tradicionalmente en el alumno a la comunidad que le da sentido, como foco de atención y acción, ya que es una de las modalidades seguidas en diferentes experiencias en el mundo procurando la calidad educativa. Al respecto, recomendaría la lectura del texto Calidad Educativa de don Carlos Muñoz Izquierdo. La médula de la actual propuesta, encuentra elementos fundantes en la mirada freiriana y de De Sousa, entre otros, además de los tintes -no sé si decirles marxistas- del discurso de algunos funcionarios públicos, que remontan a los setenta y hacen pensar en la importancia de la actualización, posible en los espacios universitarios, esos a los que tanto miedo les tienen.

Me resulta imposible rechazar un cambio de paradigma eliminando ese que impone una sola forma de ver el mundo, y que procura uno nuevo, que promueve un mundo en donde quepan todos los mundos, y todo lo que esto implica; sin embargo, lo que me preocupa, son las interpretaciones y las formas, que pueden terminar por atentar contra la idea esencial de la libertad, convirtiéndola en imposición y oportunidad para los iluminados, dadores de consciencia.

Encuentro en la soberbia de algunos funcionarios un desprecio descarado por los otros, a quienes dicen servir.

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