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OPINIÓN

Cassez-Vallarta

El caso exhibe las miserias de nuestros sistemas policiaco y judicial, así como agendas pendientes

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Miércoles, Agosto 31, 2022

Lejos de ser una bocanada de aire fresco, la serie Cassez-Vallarta de Netflix será una tormenta helada que afectará a muchas cosas relacionadas con ese caso.

Una de ellas es la capacidad que se tuvo para manipular la opinión pública. Es muy probable que la mayor parte de los mexicanos que estaban enterados del caso Cassez-Vallarta estaban convencidos de que la pareja era culpable de secuestro. Que la francesa había quedado libre por un simple error de procedimiento. Por una falla en el “debido proceso”.

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Lo que daba una imagen vulnerable, casi ridícula, de nuestro proceso judicial: cualquiera que cometa un delito puede sobornar a la policía o al ministerio público que para cometan un pequeño error, y violar así el debido proceso. Y el delito quedará sin castigo.

Pero no fue el caso, según la serie. Lo que resolvió la Suprema Corte no fue que hubo fallas en el procedimiento. Fue que ninguna de las pruebas presentadas era suficiente para considerar que Florence Cassez era culpable de secuestro.

La serie recupera bien la dimensión internacional que adquirió el conflicto. Presenta interesantes entrevistas a los expresidentes Calderón y Sarkozy. Quizá no estuvo en sus manos hacer justicia. Pero al tomar el problema como algo personal dificultaron las cosas.

Siete años estuvo en prisión la francesa. El mexicano, Israel Vallarta, lleva casi 17. No son las únicas víctimas. Hermanos y sobrinos de Vallarta también sufrieron tortura y prisión. Un comerciante de la Ciudad de México, que no tenía ninguna relación con los Vallarta ni con Florence, fue torturado para obligarlo a declarar que existía la banda de secuestradores y que Cassez era quien la dirigía. Murió en prisión.

El principal artífice de estos hechos, Genaro García Luna, fue nombrado poco después secretario de Seguridad Pública. Hoy se encuentra preso en Nueva York, acusado de otros delitos.

En la serie se entrevista también a ciudadanos comunes, sin vínculos con el caso. Una de ellas dice, refiriéndose al hecho de que una ciudadana francesa esté en la cárcel: “esto demuestra que la injusticia es pareja”.

No es cierto. La francesa está libre, el mexicano no. El lamentable caso exhibe las miserias de nuestros sistemas policiaco y judicial. “En las cárceles mexicanas solo están los muy pobres y los muy tontos”. Cruel e injusta, pero que señala importantes agendas pendientes.

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