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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El Cártel de Tepito en Puebla

Y junto a esa organización, otras de la Ciudad de México andan haciendo la ronda

Mauricio Saldaña

Doctor en Administración Pública con estudios de doctorado en Ciencias Penales. Especialista en inteligencia y cotrainteligencia con más de 30 libros publicados. Ha diseñado un mapeo sobre la feudalización de la delincuencia organizada en México.

Viernes, Agosto 12, 2022

Pistaches y Tortas

Era septiembre de 2018 y ansioso, mandé un mensaje a ciertos decisores en el estado de Puebla, sobre una amenaza que acechaba a cientos de mujeres que ejercían la prostitución en ese momento. Usted ya se la sabe: miraron a otro lado.

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La especie no era menor: tenía datos sólidos para afirmar que David García Ramírez había ejercido presión a sus huestes para controlar una porción de la oferta con fines de prostitución en Puebla capital.

Usted se preguntará quién es ese individuo al que de la nada le entraron unas irresistibles ganas de hacerse codueño del mercado de tales servicios en la angélica capital del estado.

Pues, ese personaje se había dedicado hasta mayo o junio de ese año, al robo de relojes caros en Polanco en la Ciudad de México. Hasta que fue nombrado como mandamás de la Unión o Cártel de Tepito, a nivel central.

El Cártel de Tepito ha tenido a distintos dirigentes que previamente se habían desempeñado en el robo de relojes de alta gama en Polanco. Ser enviado a ese cargo criminal coloca al ungido en la antesala del liderato de aquella organización fundada por Pancho Cayagua y su hermano.

En la calle, a David García Ramírez se le llamaba “Pistache” y reportaba a Juan Iván Arenas Reyes, “Pulga”, el coordinador de operaciones de “Betito”, Roberto Moyado Esparza, máximo dirigente del grupo delictivo.

Recuerdo uno de esos días de 2018, cuando iba saliendo de una reunión muy cerca del bunker de la Policía de Investigación, en la colonia Doctores y un par de helicópteros Cóndor no paraban de dar vueltas sobre Doctor Lavista: el motivo era que Moyado Esparza había caído y un convoy lo trasladaba a esas oficinas.

Los amigos de la Policía de la Ciudad de México me comentaron que en ese tiempo, “Pistache” estaba enloquecido con la pelea que sostenía contra “La Fuerza Anti-Unión”, el grupo que fundó “El Tortas”, Sergio Flores Concha.

Seguramente usted ubica a Flores Concha, a quien los sicarios de Tepito lo intentaron matar a punta de disparos de AR15, disfrazados de mariachis, mientras aquél estaba sentado afuera de una chelería propiedad de su familia, en Garibaldi. Y se salvó de milagro.

La maña en Periférico Sur

En el pasado, “Pistache” había tenido tiempo para ocuparse de dos actividades complementarias: atender a Manelyk, su pareja, y de paso contribuir en el casting de un programa televisivo, “Enamorándonos”.

Una buena cantidad de chicas que trabajan o trabajaron para el grupo criminal más poderoso de Tepito, formaron parte del elenco en ese homenaje electrónico al kitsch. Recuerdo a Katherine Huerta, una chica muy guapa que no necesitaba cirugía plástica, pero que al dejar el programa, pasó a manos de uno de los cirujanos de esa organización criminal.

Un jefe policiaco me comentó entre sorna y enojo que a Huerta no la habían perfeccionado sino tuneado, como si fuera una troca a la que le agregaron tantos detalles que terminó por perder cualquier gramo de esteticidad.

El cirujano, Arturo Gómez, la dejó literalmente deforme y fue demandado por esta joven mujer que alguna vez arribó a los dominios de Brayan Morales y el notorio Luis Gleez, quienes le apoyaron con el track de “La gata de la Agrícola Oriental”, video que humildemente ya está cerca de los 18 millones de reproducciones en YouTube.

Si usted no tiene idea de lo complicado que es hacer algo sin permiso en La Agrícola, es más que suficiente con que se atreva a caminar de noche por el puente peatonal que cruza Ignacio Zaragoza, con rumbo al Vips, en dicha colonia. Ahí, rasuran con hacha.

Pues, el punto es que “Pistache” tenía encima a los discípulos de “El Tortas” y no precisamente para pistear. El nodo del pleito era el control del gigantesco mercado del cobro de piso en distintos rumbos de la Ciudad de México.

Le doy un dato para que usted ubique de qué estoy hablando: piense en cualquier calle que rodee al Palacio de Bellas Artes. Calcule unos veinte, treinta comercios por cada cara de cada manzana. Y multiplíquelo por unos diez mil pesos mensuales de piso cada local. Ahora, considere docenas de colonias en esa condición.

Por docenas de millones de pesos al mes, “El Tortas” y “Pistache” tenían motivos para hacerse trizas, con otros personajes contemplando la escena, como Lenin Canchola, usted lo ubicará, recientemente detenido.

Ése es el motor para que “Pistache” mirara a Puebla como un mercado no muy cosmopolita, pero alcanzaba para pagar unos gastos operativos que dan miedo. Ahí es donde nuestro personaje le pide a una chica de su confianza que se encargue del tema: Karla.

Karla analizó sus posibilidades e identificó una forma de tantear el terreno. Por medio de sus contactos ubicó los números de WhatsApp de tumultos de chicas que se prostituían en ese entones, en Puebla capital.

A todas les mandó un mensaje, pidiéndoles que se alinearan. Y que si querían protección por parte de su representado, tenían que pagar. En los hechos, Karla estaba operando una extorsión al estilo Tepito. El fantasma de Génesis Gibson sirvió para asustar a muchas, incluyendo a no pocas independientes.

Dos preguntas salieron al aire: ¿Cómo localizaría “Pistache” a las prostitutas que no quisieran pagarle piso? y, ¿quién le estaba pasando información a Karla? Ahí fue donde el gran plan comenzó a hacer agua, porque todo mundo sospechó de los informantes de la vocera oficiosa de “Pistache”.

Con todo, sí hubo alineación de un buen número de chicas, pero no todas se apuntaron en la lista. Hubo personajes comedidos que se dijeron dispuestos a defender a las agredidas, a cambio de un ingreso mensual. Salió peor el remedio que la enfermedad.

La lista de los defensores es extensa pero considere usted a empresarios de giros negros y policías, tanto estatales como ministeriales.

Así que, Tepito buscó otras fuentes de financiamiento en Puebla y las encontró, con una socia inesperada.

Unas bodegas en renta

Como le he comentado en otras ocasiones, Puebla capital tiene a varios barones territoriales que controlan todas las actividades criminales, pero reportando un ingreso al dueño de la franquicia, CJNG, o, en su momento, a Los Zetas.

Casualmente, tres mandos criminales se han apodado “Negro”, pues, uno de esos dirigentes tenía como subordinado a Christian, “El Grillo”, quien sigue pesando a través de su red de narcomenudeo, aún en prisión.

Este joven dirigente criminal estaba unido a una jovencita que de familia, ya conocía los laberintos del liderazgo subterráneo en los mercados públicos. Cuando “El Grillo” fue enviado a otros horizontes fuera de Puebla, su mujer se quedó a cargo de una notoria red de tienditas y picaderos.

El tiempo y la distancia hicieron lo suyo y se dio una separación en lo sentimental pero no en los negocios, algo claramente entendible. Es así que esta joven mujer conectó con Tepito y dieron con una actividad lucrativa que compartir: el trasiego de fayuca.

En distintas juntas auxiliares de Puebla capital, la vida criminal reúne a vecinos extraños: ora en Aparicio, ora en Xochimehuacán, allá en La Resurrección, acullá en Canoa; casas, bodegas y edificios son moradas temporales de toda suerte de mercaderías.

Como no podría ser de otra manera, los ingresos más importantes provienen del narcomenudeo, así que las diferencias entre los que controlan esos lugares y los que pretenden invadirlos, se dirimen a disparos.

Los gendarmes no tienen capacidad para enfrentar a esos ejércitos de halcones, sicarios, vendedores, muros, ventanas y estacas que suman literalmente, miles. A guisa de ejemplo, caminando por La Resurrección, usted sentirá cientos de pares de ojos que le siguen, particularmente si no tiene cara de vecino.

De vez en vez, los dueños de tales inmuebles se presentan por sus mentideros, a saludar a los familiares que atienden el negocio. Una vez cumplidos los abrazos y la conversación, cada quien se dirige a su domicilio, ya sea en Tlaxcala, Estado de México, Oaxaca o la Ciudad de México.

Justo por esas bodegas de San Miguel Canoa y La Resurrección se encuentra un cómodo inmueble propiedad de un personaje que atiende algunos negocios de esa joven mujer, pero que ha sabido encontrar otros giros rentables.

Entre tales emprendimientos, apunte usted el del cobro de piso por las inmediaciones de Plaza Loreto y el robo a cuentahabientes en Plaza Tolín. Esos pillines tienen patrón, quien por La Malintzi despacha, a salvo del mundanal ruido.

Tepito opera en Puebla. Y junto a esa organización, otras de la Ciudad de México andan haciendo la ronda. Pero no lo comente con el hombrecillo. En una de ésas va a soltar que Jalisco debe marcar su raya, porque la plaza es de quien la trabaja.

El lobo y el cordero duermen juntos, pero este último no puede soltar el garrote. Ni pestañear, siquiera.

 

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