Opinión

Eclipse sabor amargo

Viernes, Mayo 20, 2022
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Una conversación mirando al cielo donde el fastuoso eclipse tuvo un triste sabor amargo
Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes  
Eclipse sabor amargo

Desde el inicio la plática giró en torno a los arrepentimientos; la reunión fue con la intención de ver el eclipse desde la azotea de la casa de uno de ellos. Amigos desde la infancia, se acomodaron en el roofgarden estratégicamente para ver la luna roja. El dueño de la casa abordó la conversación. Se le veía triste, y como para sí mismo, mirando al cielo, empezó a contar sus cuitas:

-¿Sabes? Hoy más que nunca me di cuenta que estoy muy solo. Vivo con mi esposa, pero no tenemos ningún tipo de relación ni convivencia más la obligada por nuestras hijas. Somos amables y nada más. Ella duerme en su cuarto y yo en el mío. Las chamacas se dan cuenta. Me quedé para que ellas no sufrieran mi ausencia y atenderlas como se merecen porque fueron niñas muy deseadas y eso siempre lo tienes que demostrar. ¿Pero sabes? No tengo vida. En las noches me quedo viendo la televisión y en ocasiones me dan las cinco de la mañana y no he pegado el ojo. ¡A esa hora ni con quién hablar! Y me salgo a correr agotado por no dormir. A veces mi esposa se levanta en la madrugada y ve luz por debajo de la puerta y en la mañana me dice que vio la luz encendida. Pero no es capaz de tocar ni de entrar a verme ni de preguntarme qué pasa. Yo tampoco. ¡Y así han sido dieciocho años! No sé cómo he aguantado. Bueno, de ella sí sé. Para ella el sexo es asqueroso y lo repite sin cansancio. Lo escuchó de su mamá y al igual que sus cuatro hermanas, lo remachan. Sólo la menor es capaz de decir que el sexo es lo que mantiene viva la llama de la relación con su marido. ¡Pero ella ni por error! Está borrado de su vida. Todas las tardes y fines de semana se va a casa de su mamá con mis hijas a jugar cartas. Y yo aquí, ¡y todo por no querer fallar! He sido muy buen padre, pero no soy un buen marido. Ella ha sido una muy buena madre, pero al final no era para mi…

-Eres buen padre. Decidiste estar presente en sus vidas y atenderlas como corresponde ¡eso es ser buen padre! Y también has sido buen marido porque según la tradición eres buen proveedor y das la imagen que ella necesita ante su familia: Has jugado bien el papel. ¡Ese sacrificio no lo hace cualquiera! Y por la buena imagen ante tus hijas te impusiste no tener con quien pasarla bien. ¡A mí me da gusto que te hayas dado cuenta porque me he preguntado ¿hasta cuándo? Y te preguntó: ¿Te arrepientes?

-¡No!, respondió inmediatamente ¡Pero me cae que he hecho tantas pendejadas en la vida! Nunca me volteé a ver lo que tenía junto; teniendo enfrente de mí a gente buena, fui a dar el culo con quien no debía. Siempre creí que lo que buscaba lo tenía que encontrar afuera de ese círculo que siempre fue un buen puerto. Siempre me volteé a buscar más por donde el puerto no era seguro..., ¡ni hablar! ¿Para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo?

-Te confieso: Cuando veo a mis compañeros de la prepa que encontraron lo valioso y se quedaron con ello sin buscar en otro lado, yo me arrepiento de haber pensado que la mina de oro en el amor estaba en otro lado. Me arrepiento de no haberme quedado con el amor de mi vida, al pensar que el amor se daba en maceta y que encontraría a alguien mejor allá afuera, ¡y estaba ahí enfrentito! ¿Y sabes? No lo hubo, nunca lo volví a encontrar ¡y que si lo intenté! Pero en el corazón no se manda y entre más buscaba más lo recordaba. El mundo es una jungla donde no te va bien. Me arrepiento de no haber tomado la decisión de quedarme con quien amé intensamente, con quien me llenaba y donde me sentí amada. Fue una pendeja haber salido a buscar lo que ya tenía y era irrepetible…

-Tanto peregrinar para tener frente a uno lo que en verdad te comprende, lo que en verdad te quiere… a pesar de los pesares…

Y el fastuoso eclipse tuvo sabor amargo.

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