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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Somos 70 por ciento agua, somos vida

Es urgente que entendamos nuestro subsuelo y el agua que contiene para preservarlo a largo plazo

Diego Riva

Arquitecto urbanista y Master en Desarrollo Urbano por la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Titular de Gestión Ambiental de la Coordinación General de Desarrollo Sustentable BUAP. Secretario Técnico de la Red de Sustentabilidad Ambiental de la ANUIES, y docente investigador por más de 30 años. 

Jueves, Mayo 12, 2022

El agua es un elemento esencial en los seres vivos, y está presente en todos los procesos de producción y consumo. El agua propicia el bienestar de la población y el crecimiento inclusivo, y tiene un impacto positivo en la vida de miles de millones de personas, al incidir en cuestiones que afectan a la seguridad alimentaria y energética, la salud humana y al medio ambiente. Los recursos hídricos, y la gama de servicios que prestan, juegan un papel clave en la reducción de la pobreza, el crecimiento económico y la sostenibilidad ambiental, pues es fundamental para el sostenimiento y la reproducción de la vida en el planeta.

La directora General de la UNESCO, Audrey Azoulay, menciona: “Cada vez hay más recursos hídricos contaminados, sobreexplotados y secados por el ser humano, a veces con consecuencias irreversibles. Utilizar de manera más inteligente el potencial de los recursos hídricos subterráneos, y protegerlos de la contaminación y la sobreexplotación, es esencial para satisfacer las necesidades fundamentales de una población mundial en constante aumento y para hacer frente a las crisis climática y energética mundiales”.

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Siempre que se habla de agua, habitualmente hacemos referencia a los ríos, lagos, arroyos, pantanos, mares y océanos, olvidando los ecosistemas acuáticos que están en el subsuelo. Se trata de aguas que se encuentran bajo tierra, en los acuíferos, estas aguas subterráneas son decisivas para el buen funcionamiento de los ecosistemas y es por ello que debemos protegerlas de la sobreexplotación y la contaminación que actualmente las acechan.

Las aguas subterráneas representan el 99 por ciento del agua dulce en estado líquido de la Tierra. Sin embargo, a pesar de su enorme importancia, este recurso natural no se suele comprender lo suficiente y, por consiguiente, se subestima, se gestiona mal e incluso se sobreexplota (extraer más de lo que se recarga). Según la última edición del Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo, publicado por la UNESCO, reconoce la importancia del agua como esencial en el desarrollo sostenible y este 2022 centró el foco de atención en las aguas subterráneas, unas aguas invisibles cuyos efectos se aprecian en todas partes, definiendo como lema “Aguas subterráneas: hacer visible lo invisible”, y nos dice que no podemos seguir ignorando el enorme potencial de estas aguas y la necesidad de gestionarlas de forma sostenible.

Sabemos que el 70 por ciento de la superficie de nuestro planeta es agua, por ello su nombre de “Planeta Agua”, pero de la cual, el 97.5 por ciento es agua salada y sólo 2.5 por ciento es agua dulce o de baja salinidad. De estas últimas, que son fundamentales para la supervivencia de todos los organismos vivos en la tierra, se encuentran en las aguas subterráneas el 30.8 por ciento del total de agua dulce que tiene el planeta, aproximadamente el otro 68.9 por ciento del agua dulce se encuentran congeladas y en la humedad del suelo, y solamente poco menos del 0.3 por ciento es agua superficial localizada en lagos, arroyos, ríos y humedales.

De ahí la gran importancia de proteger estas aguas subterráneas, la cual existe en los llamados “acuíferos o ríos subterráneos”, que son formaciones geológicas hidráulicamente conectadas entre sí, donde el agua se encuentra en un movimiento lento y continuo. Una de sus características es que esta agua se renueva constantemente en forma natural, debido a un proceso llamado “recarga”, fundamentalmente proveniente de la infiltración de la lluvia, y de la infiltración de otros cuerpos de agua superficial o de estratos del subsuelo cercanos. De las aguas recibidas en precipitaciones anuales, solo menos del 5 por ciento de ella se infiltra al subsuelo en forma natural y recarga los acuíferos.

De acuerdo a la información de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), el 70 por ciento de los cuerpos de agua superficial del país está afectado por la contaminación, con un 31 por ciento que se describe como extremadamente contaminado (mercurio, plomo, cadmio, níquel, cromo, arsénico, cianuro o tolueno, son algunas de las sustancias que pueden encontrarse en ríos y lagos), hablando de aguas visibles y en muchos casos de gran importancia cultural y geográfica, pero ¿qué estará pasando entonces con las aguas subterráneas?

Según datos de la CONAGUA (DOF del 17 de septiembre de 2020), México tiene definidos 653 acuíferos y el 38.7 por ciento del agua utilizada en el país proviene de estas fuentes.

Del total de acuíferos que tiene México, sólo uno de ellos, el acuífero “Península de Yucatán”, es el más extenso con más de 124 mil 400 km2 y presenta la mayor recarga anual de todos los acuíferos de México con 21 millones 813 mil m3 y, con una disponibilidad de 2 millones 387 mil metros cúbicos, lo que lo convierte en la reserva de agua dulce más importante de México.

Si bien el estado de Yucatán, se caracteriza por la ausencia total de corrientes superficiales, presenta frecuentes y voluminosos acuíferos subterráneos, los cuales forman un sistema de vasos comunicantes que desembocan al mar, y en el centro y noroeste estos acuíferos subterráneos están expuestos, los cuales son denominados localmente como cenotes o cuevas inundadas. De acuerdo con datos del Quintana Roo Speleological Survey, se sabe de la existencia de mil 650 cuevas sumergidas que suman cerca de mil 400 km de pasajes inundados.

Este sistema de cuevas y cenotes de la península de Yucatán está hoy en riesgo de ser impactado por la construcción del Tren Maya, particularmente en el Tramo 5, pues especialistas han señalado que este tramo, que va de Cancún a Tulum, pasará por encima de 12 sistemas acuíferos con 2 mil km de cuevas subterráneas que transportan agua dulce. Lo que, a decir de los especialistas en arqueología subacuática, ecología, biodiversidad, e hidrogeología, supondrá una afectación irreversible al sistema de cuevas y ríos subterráneos que está catalogado como el más grande del mundo, atentando con la subsistencia del vital líquido.  

Del total de acuíferos, en el estado de Puebla se encuentran un total de seis mantos acuíferos (Valle de Tecamachalco, Libres-Oriental, Atlixco-Izúcar de matamoros, Valle de Puebla, Valle de Tehuacán e Ixcaquixtla), siendo el manto del Valle de Tecamachalco (veda) el que ya no puede sufrir más extracción, por lo que cinco de los seis mantos son aptos para la explotación de la entidad poblana; de estos, la mayoría se encuentran sobreexplotados, además, corren serios riesgos de ser o estar ya contaminados por las infiltraciones de aguas de riego, aguas residuales, así como de ríos como el Atoyac, el Alseseca y afluentes contaminados.

El acuífero donde está asentada la ciudad de Puebla es el acuífero del Valle de Puebla; el cual se comparte con municipios como San Andrés Cholula, San Pedro Cholula, Coronango y Cuautlancingo de su área metropolitana, pero también abastece a San Martín Texmelucan, Huejotzingo y parcialmente a Amozoc, por mencionar los más importantes en población. Este acuífero tiene una extensión es de 2,025 Km2 y anualmente recarga 361 millones de m3 (CONAGUA 2020), además de estar formado por numerosas corrientes y mantos subterráneos de aguas que se originan en las áreas de infiltración de los escurrimientos de los deshielos de las faldas de la Malinche en su mayor porcentaje y la Sierra Nevada, por lo tanto, este constituye la principal fuente de abastecimiento de agua de la región.

De este manto acuífero se extraen anualmente el 80 por ciento de sus aguas, lo que es alarmante y podría ser insuficiente para el acelerado ritmo de crecimiento, sobrepoblación y estilo de vida de la sociedad, y la pérdida importante que está sufriendo el acuífero por la disminución de su recarga a causa de la deforestación o pérdida de la capa vegetal en las zonas naturales, y por su contaminación.

Debemos mejorar la forma en que utilizamos y gestionamos el agua, como una prioridad urgente si queremos alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030. Una de las metas del Objetivo 6 de Desarrollo Sostenible “Agua limpia y saneamiento”, consiste en garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos de aquí a 2030.

Si bien se ha realizado un gran avance nacional, mediante el Programa Nacional de Reservas de Agua (PNRA) para el medio ambiente, mediante la idea de establecer “reservas de agua”, figura legal que existe desde 1989 en las leyes nacionales, cuya aplicación se ve materializada de 2014 a 2018 estableciéndose una estrategia nacional sobre biodiversidad, que mediante la formulación de decretos, se declararon 82 Áreas Naturales Protegidas (ANP) y 64 humedales de importancia internacional o sitios Ramsar, que permiten la protección del 55 por ciento del agua superficial a nivel nacional y más de 300 cuencas, así como conservar la conectividad hidrológica entre las cuencas de cada una de las regiones del país, lo  cual significa almacenar el líquido, pero no en presas, sino en la naturaleza, en los ríos, en los humedales, en los suelos y en nuestros acuíferos.

El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) reconoce al Programa Nacional de Reservas de Agua (PNRA) como un fructífero trabajo entre gobierno, organizaciones no gubernamentales, fundaciones y académicos; sin embargo establece como desafíos que debemos afrontar, la falta de sistemas eficientes de suministro para las poblaciones en crecimiento y para el riego de los campos agrícolas, el aumento de la contaminación del agua y la pérdida de áreas forestales que capturan el agua de las lluvias, pues constituyen factores que contribuyen a la disminución de la cantidad y la calidad del recurso. Situación que se está viendo agravada por el cambio climático, ya sea por el incremento de sequías y grandes lluvias, o por el aumento en el nivel del mar que acrecentará la salinidad de los cuerpos de agua y los ecosistemas costeros.

Es fundamental la gestión, planificación y la implementación de políticas, es decir una gobernanza de las aguas superficiales, subterráneas y de la recarga de acuíferos, mediante proyectos productivos que involucren el aprovechamiento sustentable y la recuperación de la cobertura forestal, la restauración de bosques, evitar la grave sobreexplotación y contaminación del agua, la mitigación al cambio climático, el desarrollo de estudios modernos para obtener un entendimiento cabal del funcionamiento y dinamismo del sistema hídrico, etc. De este modo contribuiremos a garantizar la seguridad hídrica nacional y el agua para las generaciones presentes y futuras.

El agua no es necesaria para la vida, sino el agua es la vida misma.

@diego.riva.735

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